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Paz 12 Abr 2013 - 10:59 pm

Fue el primer contacto para los diálogos con el Gobierno en Cuba

Pablo Catatumbo, ideólogo con su pasado a cuestas

Con casi 40 años en la insurgencia, será ahora la voz dominante de las Farc en los diálogos de La Habana.

Por: María del Rosario Arrázola
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Jorge Torres Victoria, alias ‘Pablo Catatumbo’, fue la mano derecha de ‘Alfonso Cano’. / Archivo - El Espectador

Era cuestión de tiempo que se anunciara la presencia del comandante del Bloque Occidental de las Farc, Pablo Catatumbo, en la mesa de negociación de La Habana. Al fin y al cabo, con él se iniciaron los primeros contactos del gobierno Santos para abrir paso a los diálogos. En ese momento comandaba las Farc Alfonso Cano, con quien desde tiempo atrás Catatumbo integró un binomio de fortalecimiento militar y político en una arisca región entre los departamentos del Valle, Tolima, Huila y Cauca.

Nacido en marzo de 1953 en Cali e integrante del Secretariado de las Farc desde 2008, Jorge Torres Victoria o Pablo Catatumbo es un curtido guerrillero de 60 años que inició su vida clandestina en Medellín desde mediados de los años 70, pero no en las Farc, donde hoy ejerce un mando natural por su proyección política y militar, sino en el M-19, en tiempos en que la mafia afianzaba su poder. Incluso se dice que hizo parte del grupo que Pablo Escobar tuvo prisionero para rescatar a Marta Nieves Ochoa, antes de anunciar la creación del MAS.

Después de su experiencia en el M-19, Torres Victoria volvió a su región de origen y se vinculó a las Farc. Desde esa época, constituyó una especie de estrecha sociedad con Alfonso Cano, con quien compartió no sólo los avances militares desde la estratégica zona del sur del Tolima, sino también el estudio de la historia y la lectura de los textos políticos del libertador Simón Bolívar. Con el paso de los años, ambos coincidieron en la consolidación de las milicias, la infiltración de organizaciones y universidades y el fortalecimiento del denominado Partido Comunista Clandestino.

Durante los diálogos de paz de la era Gaviria, en la ronda Arauca-Caracas-Tlaxcala, ya entonces distinguido con el alias de Pablo Catatumbo, se mantuvo apoyando las labores de negociación de Alfonso Cano. Paradójicamente, casi los mismos negociadores y asesores entre 1991 y 1993, hoy hacen parte de la mesa de diálogos de La Habana. Es decir, junto a Iván Márquez, Marcos Calarcá y Andrés París, entre otros, constituyó una línea de pensamiento para darles forma a las directrices adoptadas en las diversas conferencias de la guerrilla.

A lo largo de los años 90, Alfonso Cano y Pablo Catatumbo lograron convertir la región del Cañón de Las Hermosas, en el sur del Tolima, en un fortín militar de las Farc. En la zona, ambos establecieron una hegemonía territorial que logró mantenerse indemne a los ataques militares, basándose en una red de apoyo entre los campesinos, que por mucho tiempo les garantizó abastecimiento de alimentos, drogas y armas. Fue una época en que la guerra también se libraba con los carteles del narcotráfico.

Hay quienes recuerdan la confrontación que Pablo Catatumbo tuvo con los jefes de los carteles del norte del Valle y Cali, en especial con Hernando Gómez Bustamante, alias Rasguño, y José Santacruz Londoño. Con el primero, la pelea se libró por la pretensión de éste de extender sus cultivos de narcotráfico y sus laboratorios de procesamiento de droga hasta las zonas controladas por Catatumbo. Con el segundo, por el secuestro de Cristina Santacruz, hermana del capo, quien a su vez privó de la libertad a una de sus hermanas.

Con el correr de los años, el jefe guerrillero consolidó corredores montañosos en la región para mover secuestrados, al tiempo que dirigió innumerables ataques a estaciones de policía, emboscadas al Ejército y destrucción de infraestructuras eléctricas, hídricas o petroleras. Para mediados de los años 90 ya era visible su liderazgo, al punto de que el jefe paramilitar Carlos Castaño ordenó el secuestro de su hermana Janeth Torres, en desarrollo de una estrategia de plagios de familiares de guerrilleros como represalia por sus actos de guerra.

En los tiempos del Caguán, no tuvo mucho protagonismo en los diálogos, pero al igual que su compañero de armas Alfonso Cano, persistió en el propósito de consolidar el Movimiento Bolivariano y el Partido Comunista Clandestino. Ya en la era de Álvaro Uribe, el jefe guerrillero Pablo Catatumbo se convirtió en uno de los objetivos de alto valor estratégico para las Fuerzas Militares, mientras el Departamento de Estados de los Estados Unidos ofreció recompensas por su captura y fue afectado por circular roja de la Interpol.

Pablo Catatumbo vio caer importantes cuadros de su anillo de seguridad, pero logró eludir varios cercos militares. No tuvo la misma suerte su amigo Alfonso Cano, quien fue abatido por las Fuerzas Militares en noviembre de 2011. Ya para entonces había sido contactado para emprender acercamientos con el gobierno Santos con miras a un eventual proceso de paz. Aunque la muerte del entonces máximo líder de las Farc lo alejó de los diálogos, con el paso de los meses aceptó realizarlos, a pesar del escepticismo para vincularse a ellos.

Finalmente, la semana anterior viajó a La Habana. Según ha dicho el ministro de Defensa, el Ejército lo tenía ubicado. Por eso hay quienes dicen que fue sacado a Cuba para blindarlo. Otros afirman que obedeció a la necesidad de fortalecer la unidad de las Farc ante las discrepancias entre Iván Márquez y otros delegados. Y hay quienes manifiestan que es la voz que da confianza a Fabián Ramírez y Joaquín Gómez. Lo cierto es que después de que le suspendieron 41 órdenes de captura por rebelión, reclutamiento de menores, homicidio, secuestro y narcotráfico, Pablo Catatumbo es ahora la voz de las Farc en La Habana.

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