"La decisión de ir a La Habana ya está tomada"

El presidente del Congreso, Juan Fernando Cristo, comenta la determinación del expresidente Uribe de aspirar al Senado.

“Será muy interesante ver a Uribe (en el Senado) debatir y proponer soluciones a los problemas que no resolvió durante su mandato”, dice Juan Fernando Cristo. / Fotos: David Campuzano - El Espectador

En el próximo Congreso podría estar un senador que fue presidente de la República. ¿Qué opina de la decisión de Álvaro Uribe?

Que esa circunstancia es conveniente para la democracia. Es bueno que un sector importante de la opinión, es decir, la extrema derecha que Uribe representa, fije sus posiciones desde las curules y los micrófonos del Congreso y no a través de las cuentas de Twitter. Además, será muy interesante ver a Uribe debatir y proponer soluciones a los problemas que no resolvió durante su mandato, el único en la historia que ha durado ocho años.

La condición de expresidente de Uribe, sumada a su vehemencia verbal, ¿no terminará apabullando a los demás miembros del Senado de tal manera que los debates queden reducidos a un monólogo?

Sinceramente creo que el apabullado va a ser él, porque va a estar en absoluta minoría. Sin embargo, estoy seguro de que las mayorías elegidas para el próximo Congreso les darán a Uribe y a sus compañeros de movimiento todas las garantías que él no le brindó a la oposición cuando era el jefe del Ejecutivo.

Difícil creer que con el temperamento confrontador del exmandatario, éste se dejara apabullar. Pero, además, ¿no dicen que el arrastre de Uribe servirá para elegir a más de 20 senadores?

A estas alturas preelectorales eso sólo lo sostiene José Obdulio Gaviria. Fíjese la pelea interna que se armó en el Centro Democrático por la conformación de la lista al Senado, pues nadie quería estar por debajo del décimo puesto. Es un buen índice de lo que el mismo uribismo cree que va a elegir.

Entonces, ¿cuántos senadores supone usted que Uribe puede llevar al Congreso?

Los mismos que están pensando quienes conformaron esa lista: 10.

¿Qué incidencia cree que tendrán, en los votantes, las dos investigaciones por parapolítica que un tribunal superior y la Corte Suprema le enviaron a la Comisión de Acusación para que revise las actuaciones del expresidente?

Por la experiencia de lo que sucedió durante sus ocho años de gobierno, que transcurrieron en medio de toda clase de escándalos y acusaciones similares a las que usted menciona, pensaría que esas decisiones judiciales no tendrán ningún impacto electoral, aunque la repercusión política nacional e internacional sí será enorme.

Hay rumores de que, una vez elegido senador, el expresidente renunciará a su curul. ¿Cree posible que Uribe haga esa jugada?

La verdad, no lo creo. Sería un engaño y un fraude imperdonables a sus electores.

¿La polémica por la inclusión del nombre del exasesor José Obdulio Gaviria es justificada o es una exageración?

Creo que los expresidentes Samper y Pastrana coinciden, en esta ocasión, en la grave equivocación de elevar a José Obdulio Gaviria a la categoría de contradictor e interlocutor de ellos. No creo que valga la pena.

Y, ¿cuál es su impresión sobre los demás nombres en los primeros lugares de la lista?

El debate sobre quiénes conforman la lista no sirve para nada. El importante es Uribe y la gente votará sólo por él. Lo demás es relleno. Hubiera podido poner a quien quisiera: más mujeres, más caciques, más jóvenes, más vinculados con el paramilitarismo y el resultado terminará siendo lo mismo.

¿A cuál partido cree que le quitará votos Uribe?

Tengo claro que no les quitará un solo voto a los liberales. Recuerde que él ya intentó aniquilar al partido y no lo logró. En cambio no me cabe duda de que, dependiendo de la región, una porción de militantes conservadores y partidarios de la U optarán por Uribe. En Antioquia, por ejemplo, el Partido Conservador será uno de los damnificados. Eso se puede ver desde ya, porque en la lista uribista se incluyeron los nombres de la hermana de Juan Gómez Martínez y del hijo de Luis Alfredo Ramos, que representan a las dos grandes corrientes del conservatismo de ese departamento.

Mientras la ultraderecha se ve compacta y la izquierda es consistente, la supuesta Unidad Nacional santista parece una ficción. Por ejemplo, no hubo muchos parlamentarios en la inauguración de la Fundación que impulsará la reelección, Buen Gobierno. ¿Qué está fallando?

Fíjese la paradoja: si hubiera habido muchos congresistas, los periodistas habrían dicho que era un lanzamiento de políticos sin sectores de opinión. Pero como no fueron, se extrañan por su ausencia. Frente a su reflexión sobre la oposición hay que admitir que tanto la de extrema derecha como la del Polo se ven compactas porque son minoritarias. La Unidad Nacional, en cambio, es una coalición más amplia en la que convivimos partidos que tenemos diferencias importantes en distintos temas, pero que hacemos un esfuerzo por encontrar coincidencias frente al Gobierno. No obstante, estoy seguro de que estaremos unidos frente a la eventual candidatura del jefe de Estado.

Lo que se ve afuera es otra cosa: peleas de partido a partido y pleitos entre miembros de las mismas colectividades. Eso es innegable.

En una etapa preelectoral, en donde todos competimos por lograr las mayorías del Congreso, las sensibilidades afloran y las disputas crecen, pero eso no debe asustar a nadie a pesar de que será una constante de aquí al 9 de marzo. Después todos acompañaremos la reelección.

A propósito de reelección, ¿por qué su partido, que parece tan cercano a Santos, no fue al evento de apertura de Buen Gobierno?

¿Cómo que no? Asistimos varios senadores y representantes.

Bueno, entonces se notó más la ausencia de parlamentarios como Luis Fernando Velasco y Simón Gaviria, quien preside el liberalismo.

Hay que advertir que el partido no tomó ninguna posición sobre si ir o no a ese acto. Cada quien quedó en libertad de actuar como quisiera. Dicho esto, también es importante reconocer que existen diferencias de opinión entre los partidos de la coalición sobre cuál debe ser el papel de la Fundación Buen Gobierno, e inquietudes sobre la doble condición que tiene Germán Vargas Lleras como presidente de la Fundación y como jefe de Cambio Radical, en cuya condición trabaja en la conformación de las listas. Comparto esa preocupación de Simón Gaviria y espero que con un diálogo cordial entre todos se puedan superar estos inconvenientes que sería necio desconocer.

¿La pelea de César y Simón Gaviria con Germán Vargas Lleras es tan importante como para justificar la ruptura del liberalismo con Santos?

No hay ninguna posibilidad de que esa alianza se rompa, porque se ha construido sobre la base de ideas y programas reformistas de talante liberal. Además, el expresidente Gaviria fue contundente en una de sus más recientes declaraciones, en ratificar su apoyo y el de todo el partido al Gobierno.

¿Cuál es el origen del pleito Gaviria-Vargas que no tendría ninguna relevancia si no fuera porque el primero es expresidente de la República y, el segundo, el hombre que estará a cargo de la campaña por la reelección.

No lo sé. De pronto la sospecha de que la razón es muy apasionante no corresponde a la realidad. Y esta se reduce, simplemente, a que, a pesar de que ambos están con Santos, los dos partidos, Liberal y Cambio, compiten en las elecciones del próximo mes de marzo de 2014.

No hay nada más ajeno a la gente del común que la elaboración de listas al Congreso y las peleas electorales. ¿No cree que los políticos siguen actuando a espaldas del país?

Usted tiene razón: los pleitos entre los políticos por la búsqueda de candidatos para las elecciones tienen sin cuidado a la inmensa mayoría de los colombianos. Por eso he insistido en que es importante que el Partido Liberal, más allá de acompañar la reelección de Santos, preserve su identidad ideológica y presente un catálogo concreto de propuestas como las que se reflejaron en la Ley de Víctimas y la del primer empleo, entre otras.

En contravía de lo que usted asegura, las diferencias parecen ir más allá de la logística electoral. Carlos Fernando Galán, del movimiento de Vargas, aseguró la candidatura de éste sí constituye “un plan B” y también dijo que no irá a La Habana mientras usted conforma una comisión para hablar con las Farc.

Atribuyo esa declaración a una falta de información de Galán sobre lo que sucede en la negociación, lo que se entiende porque acaba de asumir la dirección de Cambio Radical. También debe desconocer el estado de la agenda de La Habana y la posición del Gobierno frente a la reunión de los parlamentarios con quienes están en la mesa de negociación. Estoy seguro de que apenas se entere, cambiará de opinión. En cuanto al plan B, es comprensible que Galán afirme eso, pero para el liberalismo no existe sino el plan A.

El procurador general es otro que se opone a ese encuentro. Dijo que era una vergüenza que una comisión del Congreso viajara a La Habana. ¿Usted seguirá planeando ese encuentro o lo cancelará por temor?

Respeto la posición del procurador como contradictor del proceso de paz y espero que él respete la de los partidos de acompañar al Gobierno en el propósito de acabar esta guerra. La decisión de ir a La Habana ya está tomada y sólo falta que la mesa nos señale cuándo es más útil, oportuna y conveniente esa reunión que será oficial y que se hará con expresa autorización del presidente Santos.

En similares condiciones a las suyas estarían algunos servidores públicos que, según dijo el procurador, se habrían reunido con los negociadores de las Farc. Y Ordóñez indicó que los investigará.

Ayudaría mucho que el procurador dijera los nombres de esos funcionarios. No cabe duda de que el único que maneja el proceso de paz, en nombre del Estado, es el presidente. Y no es conveniente que alguien vaya a La Habana sin su autorización. Qué bueno, entonces, que el procurador investigue si tiene esa información. Es de anotar que no se puede comparar el diálogo de algún dirigente político con las Farc en La Habana, con los pactos electorales que se hicieron en el pasado. Ahora bien, si de la investigación del procurador se desprende que alguna reunión se realizó para hacer acuerdos electorales con las Farc antes de la formalización del proceso, que sancione esa conducta como se hizo con las alianzas con los paramilitares.

Ordóñez ha dicho que el referendo que propone adelantar el Gobierno para refrendar los acuerdos con las Farc, sería “armado”, es decir, bajo amenaza. ¿Qué comentario le merece esa afirmación?

Que no hay ninguna posibilidad de que el referendo sea armado. Por cierto, algunos críticos de este mecanismo de participación ciudadana afirmaban, hace seis meses, que el Gobierno iba a firmar un acuerdo con las Farc a espaldas al país. Ahora critican que se convoque a los colombianos para que refrenden o nieguen esos acuerdos. El referendo sólo se realizará cuando se llegue a un acuerdo final.

El procurador le llamó la atención al mandatario por su presunta participación en política cuando asistió al evento de inicio de actividades de la Fundación Buen Gobierno. ¿Está de acuerdo con esa advertencia?

La participación del presidente Santos en la inauguración de la Fundación Buen Gobierno no se puede calificar como intervención en política, porque no se utilizó ningún instrumento del Estado para impulsar su candidatura, tal como se indica en la norma que prohíbe la actividad política de los funcionarios del Ejecutivo. Pero también creo que el procurador está cumpliendo con su deber de prevenir actos que puedan afectar la próxima campaña.

Veo que usted no se arrepiente de haber votado por él. Le hago caer en la cuenta que el propio Ordóñez ha participado en actos políticos: ¿no asistió, pues, a un homenaje en Antioquia en su honor?

Ordóñez no es candidato. Y pienso que ejerce sus funciones disciplinarias adecuadamente. Tengo profundas diferencias con él y las he señalado en muchos temas, como la defensa de los derechos de las minorías y el propio proceso de paz. Pero eso es normal en una democracia y no debe llevarnos a posturas radicales. Ahora bien, considero que el procurador no se debe dejar tentar con los cantos de sirena que lo invitan a “graduarse” de opositor al proceso de La Habana.