“Después de 2018, se necesita una gran conciliación nacional”: Antonio Navarro Wolff

O es Navarro o es Claudia López. El resultado de una encuesta, que se conocerá hoy, definirá al candidato presidencial de la Alianza Verde.

Si no es el candidato de los verdes, Navarro sería cabeza de lista al Senado en 2018. Mauricio Alvarado - El Espectador

La Alianza Verde, en su sexto congreso nacional, que se realiza hoy en Bogotá, anunciará el resultado de la encuesta realizada por el Centro Nacional de Consultoría para escoger entre los senadores Claudia López y Antonio Navarro su aspirante único a la Presidencia en 2018. El perdedor será el encargado de presentar al ganador y uno de los objetivos, como lo dice Navarro en El Espectador, es seguir trabajando por consolidar una alianza con otros sectores afines —por ahora se ha hablado con Sergio Fajardo y Jorge Robledo— buscando una sola candidatura que sea sólida y con real opción de ganar.

¿Qué expectativa tiene frente a los resultados de la encuesta?

Estoy tranquilo. En 27 años he sido 10 veces candidato, fui constituyente, concejal y alcalde de Pasto, gobernador de Nariño, representante a la Cámara y dos veces senador. Gané siete veces y perdí tres: dos a la Presidencia y una a la Alcaldía de Cali, esta última cuando ni siquiera nos habíamos desarmado en el M-19. Me acuerdo que salimos de Santo Domingo, donde estábamos concentrados, a mediados de enero de 1990, sin haber firmado el Acuerdo de Paz, y las elecciones eran el 11 de marzo de ese año. Carlos Pizarro se presentó como candidato a la Alcaldía de Bogotá y yo a la de Cali, donde viví muchos años. Ninguno ganó, yo saqué 20 mil votos. Con cualquiera de los dos que gane, la Alianza Verde queda muy bien representada.

Pues hoy muchos se quejan de que los jefes de las Farc no han pasado por la JEP y van a ser candidatos y a estar en el Congreso...

Nosotros ni siquiera nos habíamos desarmado. Es que en la negociación del M-19, además de lo básico, que era el indulto y nuestro desarme y la posibilidad de participar en política, inicialmente se planteó una favorabilidad para tener unos cargos en el Congreso. Eso se hundió en una reforma constitucional de 1989 y nos quedamos sin nada. Entonces le dijimos al Gobierno: “Déjenos salir a Pizarro y a mí, antes de firmar el Acuerdo, a ver cómo está la situación y el ambiente”. Salimos y nos inscribimos, con autorización, como candidatos a esas alcaldías, sin desarmarnos, con la gente todavía en Santo Domingo. Las elecciones eran el 11 de marzo y nosotros solo firmamos y nos desarmamos el 9.

¿El no haberse desarmado y haber sido candidato puede ser un argumento a favor de que las Farc lleguen al Congreso sin haber pasado por la JEP?

Cada momento es distinto. Lo que importa es la voluntad de quienes están en este proceso. Nosotros teníamos la voluntad decidida de cumplir lo pactado y lo hemos hecho a lo largo de estos años, y el Gobierno, en ese momento, lo entendió así y nadie protestó. Después mataron a Pizarro y seguimos firmes en nuestros compromisos y en cumplir con la palabra empeñada. A mí me tocó tomar esa decisión y me convencí de que a Pizarro lo habían matado por ser candidato presidencial, porque el cartel de Medellín estaba matando candidatos presidenciales. Había matado a Galán y a Jaramillo. Los firmantes del Acuerdo de Paz fuimos Carlos Pizarro y yo, y el otro fue Virgilio Barco. De los tres, el único que ha sobrevivido hasta ahora soy yo. Por eso digo que este tema de la elección presidencial lo tomo con tranquilidad. Hay que hacer un ambiente cordial y constructivo. Estamos en un buen momento para que haya una alternativa de cambio en este país, la gente está aburrida de la mala calidad de la política y del clientelismo y está dispuesta a votar por un cambio.

¿Pero no cree que es un mal mensaje que las Farc puedan aspirar a cargos de elección popular sin haber saldado sus cuentas con la justicia?

Lo que creo es que el presidente Santos hizo un acuerdo en uso de sus facultades constitucionales. No me puedo poner a decir cómo lo hubiera hecho yo, cada uno tiene sus fórmulas, pero ya lo hizo, comprometió al Estado y se tiene que cumplir la palabra. ¿Qué hubiese podido ser mejor? Probablemente sí, pero lo fundamental es que el presidente tenía las facultades para hacer esa negociación, la hizo y hay que cumplirla.

¿Qué piensa de los que hablan de hacer trizas el Acuerdo de Paz?

Están equivocados. Lo que hay que hacer es cumplirlo en la medida en que las Farc también lo cumplan. Ya se desarmaron y se convirtieron en un partido político, ese es el corazón del Acuerdo. Claro, lo pactado tiene un montón de letra menuda, pero lo fundamental es el desarme y el cambio de querer buscar los votos legalmente. Eso sí, creo que no les va a ir muy bien, porque en la última encuesta que leí sobre ese tema, el 84 % dijo que nunca votaría por su partido. Arrancan con mucho desprestigio. Les va a tocar una apuesta dura para poder ir consiguiendo más apoyo de la población. Arrancan con mucho desprestigio.

¿Usted cree que irremediablemente el escenario electoral de 2018 va a ser entre los del Sí y los del No en el plebiscito?

El tema de la paz ya está en proceso de resolverse y quien llegue a la Presidencia tiene que enfocarse en asuntos no resueltos, siendo el más grave el de la corrupción. También está la adaptación al cambio climático; la modificación de un modelo de desarrollo que no puede seguir centrado en la minería y los hidrocarburos; fortalecer la autonomía nacional para que genere valor y empleo; la agricultura y la industria, la salud y la educación. Estamos en un buen momento para que haya una alternativa de cambio en el país, la gente está aburrida de la mala calidad de la política y del clientelismo. De manera que hay otros temas por resolver, más allá de la paz.

¿Cómo va el proceso de consolidar una alianza con Sergio Fajardo y Jorge Robledo?

Nosotros aspiramos a ganar la Presidencia en 2018. No se trata simplemente de hacer un buen papel y dejar una constancia histórica. Eso lo hemos hecho muchas veces y no sirve para nada. Y para poder ganar hay que hacer coalición. Lo entendió así el Centro Democrático, que armó coalición con Andrés Pastrana, y lo vamos a hacer nosotros. Hasta ahora hemos conversado con Sergio Fajardo y Jorge Robledo.

¿Gustavo Petro cabe en esa alianza?

Cada hora tiene su afán y en este momento hay que consolidar un esfuerzo de coalición que venimos conversando desde hace meses. Unir no es tan fácil. Mi opinión, y no comprometo a nadie más, es que la coalición tiene que ser tan amplia como sea necesaria.

¿Y cabe ahí el partido de las Farc?

Las Farc tienen que demostrarles a los colombianos que sí van a cumplir. Están en un proceso de transición que va a ser de ocho años, con cinco senadores y cinco representantes en el Congreso. Hay que dejarlos que hagan esa transición y demuestren que están comprometidos a fondo con su transformación de movimiento armado a movimiento político.

O sea, la respuesta es no...

Por ahora, no.

¿La coalición que se plantea es de izquierda, de centro o de qué?

Es una coalición de los que hemos demostrado en alcaldías y gobernaciones que podemos hacer bien las cosas. No estamos llegando de cero, tanto Sergio Fajardo como yo hemos sido alcaldes y gobernadores y lo hemos hecho bien. Queremos demostrar que podemos hacerlo bien a nivel nacional, que podemos gobernar sin robar y sin dejar robar. Hemos podido resolver problemas a nivel subnacional y queremos tener la opción de resolverlos a nivel nacional. Ya se sabe cómo gobiernan los que ya gobernaron, hay que darles la oportunidad a otros. Ese es el carácter de la coalición, no es de izquierda o de derecha.

¿Cómo se piensa escoger el candidato único de esa alianza?

Lo estamos conversando. Mi opinión es que debería ser por consulta popular, en marzo de 2018, simultánea con la elección de Congreso. Todavía no hay consenso.

¿Qué les responde a los que dicen que esa coalición es la que nos puede llevar al castrochavismo?

Después de oír al papa Francisco, usaría una expresión coloquial: “No hay que creer en cucarachas alonas”. Eso es puro cuento y lo dicen quienes están tratando de hacer política con el miedo. Colombia no se va a convertir en Venezuela. Primero, porque no va a elegir a alguien tipo Maduro y su ideología, y segundo, porque Venezuela es un país en donde la gente se acostumbró a poner la mano para que le dieran todo. Aquí la gente es distinta, el colombiano se la rebusca, trata de conseguir las cosas. Somos muy diferentes.

¿Será que al partido de las Farc le va a pasar lo que le pasó al del M-19, que se diluyó en el tiempo hasta desaparecer?

No sé, pero ellos son más organizados. Son marxistas-leninistas y eso es una cosa organizada. Nosotros éramos socialdemócratas. Ahora, si les va como nos fue a nosotros en la Constituyente, sería muy bueno para ellos. Yo dudo que les vaya electoralmente tan bien, pero seguramente van a sobrevivir porque son muy organizados.

Se le acaba el tiempo al Gobierno para implementar los acuerdos vía “fast track”. ¿Habrá forma de garantizar mayorías en Congreso para sacarla adelante?

La verdad eso va lento. No se ve mucho entusiasmo y hay mucho ausentismo. En parte, eso tiene que ver con el debilitamiento progresivo del gobierno de Santos, que ya tiene muy poco apoyo y el Congreso debe estar presionando por mermelada para las elecciones. Ese es el problema más grave de todos, la relación Congreso-Gobierno. Es una doble compra de votos. El Gobierno les compra los votos a los congresistas para que después los congresistas compren votos a los ciudadanos. Eso es lo que hay que acabar, la mermelada es el elemento más malo de todos de la política actual.

¿Quién va a ser el gran rival en 2018: Vargas Lleras o el que diga Uribe?

Por los resultados de 2014 y del plebiscito, el candidato del Centro Democrático se ve como el más fuerte, y más si va en coalición con el Partido Conservador. Pero no se puede descartar a Vargas Lleras, que repartió 100 mil viviendas gratis a familias pobres que están agradecidas; además, manejó la contratación de las grandes obras viales, así que debe tener una financiación muy amplia. Igual, esa es la política del pasado, la tradicional, la de los que ya han gobernado, la clientelista, la que ha llevado al país a este grado de inconformidad. Y nosotros apostamos por el cambio.

El mensaje que le dejó el papa Francisco al país fue de paz y reconciliación, de dejar la cizaña, ¿será que sí caló en la clase política?

Lo fundamental es que haya calado en los ciudadanos, y si fue así, eso va a obligar a los políticos a tener que cambiar su agresividad. En la Constituyente del 91, todos nos reconciliamos y trabajamos para hacer la mejor Constitución posible. Creo que pasadas las elecciones de 2018 es necesaria una gran conciliación nacional y eso empieza bajándole desde ya el tono a la polarización. Y si el proceso electoral no se hace con respeto, después será difícil tender puentes.

¿Qué opina de la proliferación de candidatos por firmas?

La Constituyente del 91 estableció el mecanismo de firmas para permitirles a los candidatos sin partido o con partido sin personería jurídica que pudieran inscribirse. Así lo están haciendo, por ejemplo, Fajardo y Petro, porque sus movimientos, Compromiso Ciudadano y Progresistas, no tienen personería. Pero personas como Germán Vargas Lleras, que es el dueño único de Cambio Radical, están haciendo un uso indebido de la norma constitucional al presentarse como candidato por firmas.

¿Será que Vargas Lleras hace coalición con el uribismo?

Creo que él va a intentar llegar a segunda vuelta sin Uribe, pero dejando puentes para tener su apoyo en la segunda, si pasa.

¿Y si usted no es el candidato presidencial de la Alianza Verde?

Seré candidato al Senado.

 

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