El regreso del coronel Velásquez

La historia de un oficial del Ejército y académico de oficio que quiere ser candidato presidencial.

Carlos Alfonso Velásquez, precandidato por el Conservatismo a la Presidencia.

El 23 de diciembre de 1966, en Ibagué, antes de abordar un helicóptero para pasar revista a las tropas que trataban de localizar al jefe guerrillero Manuel Marulanda en el sur del Tolima, el coronel Alfonso Velásquez Mazuera se devolvió a su oficina en la comandancia de la VI Brigada y firmó el último documento de vida: la solicitud de ingreso a la Escuela Militar de su hijo Carlos Alfonso Velásquez. Horas después, hacia la 1:45 p.m., el aparato se precipitó a tierra a 150 metros del puesto Olaya Herrera del municipio de Chaparral. El coronel Velásquez y su piloto perdieron la vida. Aquella fue una amarga Navidad para la familia.

Con 16 años, hermano mayor de siete hijos, Carlos Alfonso Velásquez asumió su destino. Ingresó a las Fuerzas Militares y tras su ascenso a subteniente en 1970, emprendió una larga carrera que lo llevó a conocer la guerra. Primero en la región del Sumapaz, del municipio de Cabrera hacia la montaña, al frente de pelotones patrullando una zona donde la guerrilla siempre encontró refugio. Luego en el bajo Cauca antioqueño, en los estertores de la operación Anorí que tuvo al borde de su extinción al Eln. Y tiempo después en el Cesar, donde los tentáculos de la bonanza marimbera empezaban a evidenciar las intenciones del narcotráfico.

Poco a poco fue ganando credibilidad entre sus superiores, y en cada reto su batallón resultó elogiado por la rectitud de su conducta y su disciplina castrense. Más de una vez vio el rostro de la muerte, pero nunca tan cerca como en los albores de los años 90, cuando viajaba en un helicóptero a apoyar las tropas de la operación contra el santuario de las Farc en las montañas de La Uribe (Meta) llamado Casa Verde, y vio morir a su lado a un radio operador que recibió un disparo en la garganta. En medio de la balacera, tratando en vano de auxiliar a su compañero, Velásquez logró salir ileso del ataque sin dejar de recordar a su padre.

En diciembre de 1993, días después de la muerte de Pablo Escobar en Medellín, el ya coronel Carlos Alfonso Velásquez recibió una orden inesperada: debía asumirse como comandante del Bloque de Búsqueda para desmantelar al Cartel de Cali. La misión arrancó con éxito y pronto empezaron los positivos contra la organización de los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela. Pero, no demoraron tampoco los intentos de soborno. Como no fue posible que Velásquez cediera, la mafia le tendió una seductora trampa. Una mujer que se hizo llamar Mery de La Vega, quien ofició como informante antes de hacerlo caer en su señuelo.

Una noche de mayo de 1994, después de varios reportes importantes, la mujer le pidió a Velásquez que fueran a un restaurante, pues allí iba a llegar un contacto clave. En medio del encuentro, la mujer le pidió que jugaran a ser novios y, como lo confesó él después, le quedó gustando. Lo cierto es que en la madrugada fueron a un motel. Días después, Velásquez recibió un paquete sellado que contenía una filmación de su encuentro con la mujer en el restaurante y el motel. De inmediato el oficial entendió que se trataba de un chantaje y por eso reportó lo sucedido a sus superiores. El problema es que después el vídeo salió en televisión.

Fueron días difíciles en lo profesional y lo personal, pero respaldado por sus superiores, siguió adelante en su misión. La prueba es que en julio del mismo año, logró la acción más importante en la lucha contra el Cartel de Cali: la captura del contador de la mafia Guillermo Palomari y el hallazgo de la verdadera caja de Pandora con los secretos más importantes de la organización delictiva. Aunque Velásquez no se salvó de una represión severa, al concluir su tarea en diciembre de 1994, recibió otras orden crítica: ejercer como segundo comandante del Ejercito en la región de Urabá.

Al principio no tuvo problemas y le hizo la segunda al general Víctor Álvarez, pero en 1996 llegó a la comandancia el general Rito Alejo del Río y empezaron los problemas. Velásquez se percató de cómo se bajó la guardia en la lucha contra el paramilitarismo y decidió reportarlo en Bogotá. Sus superiores le pidieron pruebas. Él habló de indicios graves. El tema se saldó en su contra. No pudo ascender a general. Entonces empezó la segunda etapa de su vida: primero aportando labores de seguridad contra lavado de activos en un banco y después en lo que ha sido su vida en los últimos 15 años: la academia.

La Universidad de la Sabana le abrió sus puertas, y allí Carlos Alfonso Velásquez se convirtió en un acatado catedrático en temas de guerra y paz. Pero no se resignó a ser únicamente profesor universitario. A cuanto coloquio de interesados en la paz empezaron a invitarlo él acudió con entusiasmo. Los tiempos del Caguán los vivió como analista en los medios o conferencista. Luego amplió su círculo de opinión. Estuvo en lo que primero se llamó Frente Social y Político y con el tiempo tomó el nombre del Polo Democrático; y vivió también la génesis de lo que empezó como Opción Centro y luego se transformó en el Partido Verde.

Con el paso de los días, duro crítico de la era Uribe, pero tampoco optimista absoluto del proceso de paz en La Habana, el coronel (r) Carlos Alfonso Velásquez decidió que había llegado el momento de la arena política. Con los estudiantes creó un documental en el que resume la historia de sus convicciones, y con el aval de su familia dio el siguiente paso. El pasado 10 de julio entregó una carta a la dirección del Partido Conservador, pidiendo ser tenido en cuenta a la hora de las precandidaturas a la Presidencia de Colombia. La respuesta fue que aún es inconveniente pensar en ese tema. Velásquez cree que es el momento de hablar.

Sus años de experiencia en la guerra y en la academia le otorgan autoridad para pedir que sus ideas sean escuchadas en tres aspectos que constituyen la plataforma de su ideario: que de lograrse la paz la inserción de la sociedad colombiana en el posconflicto priorice el campo; que se haga realidad la reforma a la justicia que se frustró a última hora en el Congreso; y que la educación sea la causa común de todos los colombianos, para abrirle paso a una nueva generación de ciudadanos con libertad. El Partido Conservador dice que sólo la Convención resolverá candidaturas. Velásquez dice que su visión es el Conservatismo y sólo aguarda que le permitan sustentarlo.

La faceta de académico

 

El coronel (r) Carlos Alfonso Velásquez es actualmente profesor de planta de la Universidad de la Sabana, donde dicta las cátedras de Teoría Política, Teoría del Estado y Evolución y perspectivas del Conflicto Armado Colombiano. En la actualidad es columnista de El Nuevo Siglo, y en 2011 publicó el libro ‘La esquiva terminación del conflicto armado en Colombia’. Su más reciente publicación, apoyada por la Corporación Pensamiento Siglo XXI y la Konrad Adenauer, lleva por título ‘Las políticas de seguridad desde el Frente Nacional’.