Escándalo político y sexual

Las acusaciones que lo llevaron a dimitir lo señalan de condicionar becas en Rusia a cambio de favores sexuales.

El saliente embajador en Rusia, Rafael Amador.

“No es cierto que haya incurrido en escándalos de carácter sexual, soy una persona seria, ponderada y responsable, con 25 años de servicio público. No sé quiénes son y por qué lo hacen”, señaló Rafael Amador, embajador de Colombia en Rusia desde el 3 de noviembre de 2011, ayer, cuando anunciaba su renuncia al cargo. Las acusaciones que lo llevaron a dimitir lo señalan de condicionar becas en Rusia a cambio de favores sexuales. “Renuncio porque no puedo ejercer mis funciones como embajador y, además de eso, defenderme de estos señalamientos”, dijo Amador y agregó que detrás de estas presiones se esconden oscuros intereses políticos.

Abogado y economista de la Universidad Javeriana, con maestría en administración de empresas de la Universidad de los Andes, Amador empezó su carrera política de tiempo atrás. Cercano al ala galanista del Nuevo Liberalismo, fue representante a la Cámara por Bogotá en dos períodos (1982-1986 y 1998-2002), siempre con el Partido Liberal. También fue concejal de la capital y senador en dos períodos consecutivos, desde 1990 hasta 1994.

El Espectador intentó precisar las denuncias que han llegado en contra de Amador a la Cancillería. De acuerdo con fuentes de esta cartera, se conoció que efectivamente hace dos meses el Ministerio de Relaciones Exteriores abrió una indagación preliminar para establecer la veracidad de una serie de denuncias anónimas. Una de éstas refería el caso de una persona a quien le habrían pedido favores sexuales a cambio de tramitar el proceso de renovación de una beca. Las demás describen hechos de incompetencia en gestiones consulares.

El escándalo desatado por estas denuncias anónimas contra Amador y la embajada que presidía no es nuevo. El columnista del periódico Portafolio Carlos Fernando Gaitán escribió el 2 de julio un artículo en el que detallaba varios casos de negligencia de la Embajada de Rusia, por la que varios estudiantes colombianos en este país se habían visto perjudicados. “Desde hace dos años los estudiantes de estas entidades vienen denunciando que la Embajada no atiende sus solicitudes, que sólo consisten en dar una carta ‘de no oposición’, ya sea para el cambio de carrera o de ciudad, o a la retoma de una beca, obviamente ya otorgada”, escribió Gaitán.

Posteriormente, comenzando agosto, Gaitán escribió otra columna que tituló: “El embajador en Rusia tiene los días contados”, en la que contaba que la Oficina de Control Interno de la Cancillería había decidido abrirle una investigación a Amador por las denuncias que había hecho sobre la ineficiente gestión de esa oficina en Moscú para ayudar a los estudiantes becados en ese país.

En su texto, Gaitán relata que en una reunión que tenían programada los estudiantes colombianos en Moscú con la canciller María Ángel Holguín, en una visita, “fue boicoteada por Amador y Lozano (Mery Lozano Pinilla, consejera encargada de Asuntos Consulares), sin embargo, uno de los estudiantes logró colarse en el coctel en el que le entregó una carta donde le cuenta de primera mano todo lo que acontece en esta embajada”.

En el documento Gaitán ventiló que otro hecho que “incomodaba” al Gobierno eran “las constantes denuncias de las manifestaciones públicas y los escándalos del embajador Amador y de su novio. Dicha relación ya traspasó las paredes de la embajada en Moscú y llegó a oídos del Gobierno colombiano”, afirmó Gaitán en ese momento. Veinte días después, Ricardo Puentes, uribista radical, publicó en su blog un venenoso y homofóbico artículo que tituló “La Plaza Rosa de Moscú”, en donde acusa a Amador de mantener “escandalosos bacanales homosexuales” en las instalaciones de la embajada, con el auxiliar de la Misión Diplomática de esta oficina en Moscú, Jaime Olaya Amado.

Será la Oficina de Control Interno de la Cancillería la que determinará qué tan reales son estas denuncias personales y de negligencia administrativa que presionaron al embajador Amador para que renunciara a su cargo y se hiciera a un lado, y hasta dónde las mismas tienen detrás argumentos homofóbicos y de persecución política.

 

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