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Política 12 Ene 2013 - 9:00 pm

Recogerán firmas para las elecciones a Congreso y Presidencia

"Estamos en el último hervor"

Dirigentes políticos, de la sociedad civil y académicos están trabajando en un proyecto político que aseguran puede hacerles contrapeso a los bloques santistas y uribistas.

Por: Alfredo Molano Jimeno / Felipe Morales Mogollón
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Antonio Navarro afirma que a mitad de año el nuevo movimiento político estará recogiendo firmas para avalar los candidatos para las elecciones de 2014. / Óscar Pérez

En el marco de la polarización que enfrenta el país entre las políticas del presidente Juan Manuel Santos, quien tiene el camino libre para buscar su reelección, y las punzantes críticas del bloque político que encabeza su antecesor, el exmandatario Álvaro Uribe Vélez, se está gestando una nueva fuerza política independiente que considera que ese distanciamiento abre la posibilidad de aspirar al poder con ideas diferentes, lejanas al clientelismo, la corrupción y los planteamientos neoliberales que han caracterizado a estos gobiernos. Antonio Navarro, uno de los promotores de esta iniciativa, y un grupo de dirigentes independientes buscan construir esta fuerza política que, aseguran, tiene la fortaleza para llegar al Congreso y la Presidencia de la República. Navarro habló con El Espectador sobre el naciente proyecto, sus metas y las propuestas políticas. Además, se refirió a un tema de su conocimiento: los diálogos de paz entre el Gobierno y las Farc.

Usted está trabajando con otras personas en un nuevo proyecto político. ¿En qué consiste?

Hemos conversado con mucha gente, me he dedicado a eso, y se ha venido consolidando una confluencia compuesta por sectores académicos, independientes, de grupos políticos de centro izquierda y de centro. Una agrupación de esa naturaleza tiene la oportunidad de jugar duro en 2014. En las semanas que siguen vamos a consolidar la participación para las elecciones de Senado, Cámara de Representantes y presidente.

¿Qué tan avanzado está ese proceso?

Estamos trabajando, tenemos en este momento una discusión: si hacemos un movimiento nuevo o nos decidimos por una confederación de movimientos con personería jurídica que respete la pertenencia de grupo. Los que somos progresistas nos mantendríamos como progresistas. Del mismo modo los sectores del Partido Verde o algunos amigos del Polo. La decisión es si nos agrupamos en una sola organización política que tiene lista única, candidaturas únicas, pero mantenemos el funcionamiento como movimientos independientes.

Está hablando de partidos en los que hay gente incómoda, pero igual son militantes...

No queremos adelantarnos, pero hay gente de los verdes trabajando, tanto de los amigos de Sergio Fajardo, como los mockusianos. Amigos de la Alianza Independiente y otros del Polo. También tenemos gente que no ha estado en un partido. Usted puede mirar la foto del movimiento Pido la Palabra, un poco más ampliada y con participación regional, ese es el espectro del que estamos hablando.

¿Cuáles son las figuras políticas que pueden jugar en las próximas elecciones?

El proceso está en el último hervor, dejemos que hierva. Sin embargo, ya hay cosas que tenemos claras: nos vamos a inscribir con firmas, vamos a tener lista al Senado y a la Cámara de Representantes y vamos a buscar una candidatura presidencial.

¿Cuándo vamos a tener la foto del nuevo movimiento?

A mediados de este semestre, puede ser marzo, es complicado reunir a gente tan diversa. Hay que tener cuidado con cada detalle, pero también tenemos claro que la diversidad es una de nuestras fortalezas.

¿Usted qué papel juega? ¿Se va a medir de nuevo en las urnas?

Por ahora no. A mí me gusta la política, pero creo que estoy en la hora de ayudar. Una de las ventajas de no aspirar a nada es la posibilidad de convocar gente, porque no existe la malicia de que piensen que están siendo utilizados para promover aspiraciones. Yo no aspiro a nada; al Senado seguro no, a la Cámara menos, y ya calmé la fiebre de ser candidato a la Presidencia, perdí tres veces. Lo hago porque estoy convencido de que puedo poner un grano de arena para que Colombia tenga una nueva alternativa.

Ya han surgido alternativas independientes y fracasan, ¿por qué esta sería diferente?

Siempre la diversidad tiene sus dificultades, pero a diferencia de lo que nos ocurrió en el Polo, donde se convirtió en un obstáculo, creemos que la diversidad bien manejada es un activo. Estamos cómodos y optimistas.

¿Qué garantía hay de que esta propuesta entre a jugar con fuerza en el espectro político?

Para nosotros es claro que no es fácil competir con un presidente que quiere reelegirse y tiene todo el presupuesto para manejar la burocracia y lograrlo, pero también hay una división en la coalición que ganó la Presidencia en el período anterior. La principal oportunidad que tenemos es la prevalencia de los problemas sociales. Lo único que funciona hoy es la locomotora más perjudicial: la minera, la que produce daños ambientales, genera problemas con la población y un flujo de dinero que mantiene la revaluación del peso. Pero lo peor es el clientelismo; el presidente Santos es un clientelista sin asco. Cuando yo estaba en el Congreso le hicimos un debate de control político a Santos cuando era ministro de Hacienda y para bajarnos la caña repartió puestos y presupuestos a manos llenas. Y eso que no tenía la plata que hoy tiene.

¿Cree que hay condiciones para que esa nueva alternativa surja?

Sí, tenemos una gran opción. Tengo claro que en América del Sur todos los países han tenido gobiernos alternativos; nosotros hemos sido la excepción y tenemos que dejar de serlo. Somos un país extremadamente desigual y no se han presentado propuestas serias para disminuir esa realidad.

¿Es esa coyuntura la que les abre los espacios?

Ese es un factor, pero lo más importante es que planteamos una serie de propuestas que creemos son las que el país necesita en términos de políticas de inclusión social, de lucha contra la desigualdad, propuestas ambientales, de prevalencia de lo público, una política económica sensata, que tiene el apoyo de uno de los economistas más importantes del país: José Antonio Ocampo, quien ha escrito un documento muy claro sobre lo que debe ser la política económica hoy, eso de firmar tratados de libre comercio, sin tener en cuenta la revaluación, termina postrando la industria y la agricultura y nos convierte en un país de importadores.

Pero eso lo proponen todos, incluso el presidente Santos, quien asegura que está luchando contra la desigualdad...

Eso no es cierto, la desigualdad no se está combatiendo en el actual gobierno. Mire la reforma tributaria, lo que es claro es que la va a pagar la clase media alta, pero no fue capaz de pisar callos y ponerles impuestos a los dividendos de las acciones por encima de 200 millones, eso sí era poner a pagar impuestos a la clase rica. No fue capaz porque finalmente él es un oligarca.

¿Enfrentar temas como las víctimas o la distribución de la tierra no es pisar callos?

Esa es una de las cosas buenas del presidente Santos. Sin embargo, estos procesos han avanzado muy despacio, los procesos judiciales son lentos, debería haber un proceso administrativo. Pero debemos esperar a ver qué sale de la negociación con las Farc en Cuba, este es un tema central, la desigualdad más grande está en las zonas rurales y allá están los problemas más grandes de violencia.

Ahora que vuelven a reunirse los equipos negociadores, ¿cómo ve usted el panorama de la paz?

Con esperanza siempre. Las Farc han hecho una serie de movimientos que indicarían que han entendido que el conflicto no lleva a ninguna parte. Esta es un guerra sin victoria. Espero que logren los acuerdos para participar en política; eso sí es esencial, porque una paz que no permita a los altos mandos guerrilleros participar en política es innegociable.

¿Qué considera fundamental para terminar la guerra?

Lo fundamental es lo que están decidiendo en la mesa. Pero veo con preocupación que no se está preparando el posconflicto. No hay estrategias para hacer presencia en materia social en las zonas rurales donde se desmovilicen las Farc. Ese es un gran problema, porque la historia de la paz en Colombia es que cuando un grupo deja las armas, a ese lugar llega otro y ocupa su espacio. Ese tema está débil y eso no se hace de un día para otro.

Usted habló de participación política como prioridad, pero las normas no permitirían que los jefes guerrilleros tuvieran ese beneficio...

Desde el año 2000 hasta ahora se han firmado por lo menos 10 procesos de paz en el mundo y todos han incluido participación en política de los jefes desmovilizados. Una negociación se abre cuando las razones de la insurgencia son políticas y la solución más simple es que dejen las armas y busquen los objetivos en las urnas. Los americanos en El Salvador acuñaron una frase, “balas por votos”, eso es un proceso de paz. En la mesa son pocas las cosas que se consiguen. En la mesa del M-19 no conseguimos casi nada, en donde ganamos fue en el respaldo de la opinión pública, que nos llevó a obtener un tercio de la Asamblea Constituyente.

¿Cree que el proceso con las Farc debería terminar en una constituyente?

Sinceramente creo que no. La Constitución que tenemos es buena, moderna y equilibrada para darle espacio a un proceso de paz. Puede haber algunas reformas necesarias, pero yo no soy amigo de una constituyente. Es más, estoy convencido de que hacerlo sería abrir una caja de Pandora, puede llegar un retroceso de las ganancias democráticas de la Constitución de 1991. Estamos hablando de los sectores radicales. Ustedes y el país conocen bien quienes son los que pueden pescar en ese río revuelto.
¿Está hablando de que se podría meter el uribismo?
Usted le puso el nombre, pero sí, puede haber retrocesos en elementos de la Constitución del 91.

¿Cree que hay garantías para que las Farc convertidas en una fuerza política puedan entrar al debate electoral?

Espacio para hacer política en Colombia hay. Se tiene miedo de que vuelva a suceder lo de la Unión Patriótica, pero a nosotros no nos mataron después de que firmamos la paz, al Epl tampoco, a la Corriente de Renovación Socialista tampoco. A Carlos Pizarro lo mataron porque fue candidato presidencial, no por ser del M-19. En esa misma campaña mataron a Galán y a Jaramillo. Allí había un intento de desestabilización por parte del cartel de Medellín, pero en general a los que firmamos las paces en los 90 nos respetaron la vida. Con todas las dificultades hemos podido hacer política.

¿El sistema electoral sí dará las garantías?

Sin duda hay que hacer un proceso de transición para nuevas fuerzas políticas. En la versión inicial de la Constitución del 91 fuimos tan laxos en el tema de partidos que llegamos a tener 80. A eso tampoco se puede llegar. Pero para nuevas fuerzas provenientes de un proceso de paz se necesitan fórmulas de transición que les permitan vincularse a la vida política electoral.

Usted dijo que los principales enemigos de las víctimas ahora se muestran como defensores de éstas, ¿A qué se refiere?

Sencillamente que para hacerle oposición al Gobierno hay quienes están usando todo, hasta los problemas que tiene la aplicación de la Ley de Víctimas, cuando antes se opusieron a la aprobación de ésta. Hay quienes hacen política diciendo que todo lo que hace el contradictor es malo. Yo no creo en eso.

¿Qué es lo bueno, lo malo y lo feo del uribismo?

En el caso del Puro Centro Democrático tienen un líder que es un hombre carismático y trabajador incisivo. Es lo mejor que tienen. Lo malo, no me cabe duda, es lo que plantean con la paz. Los cambios que yo le reconozco a Santos son defectos que ve el uribismo. ¿Cómo no va a ser mejor tener buenas relaciones con los vecinos? O ¿cómo va a ser mejor que fracase el proceso de paz? Lo feo es que hay unos sectores ultrarradicales, agresivos y rabiosos. Da miedo que gente en la vida pública actúe de esa manera, porque quieren realmente desaparecer a quienes piensan diferente. En ese Puro Centro Democrático hay gente que da miedo.

Pero hay quienes dicen que en la extrema derecha hay mucha gente de la Fuerza Pública.

Yo tengo una opinión distinta. Veo mucha gente del Ejército y en la Policía dispuestos a que avance el proceso de paz. Ellos entienden el tema de la desigualdad porque la han vivido. Entienden, por ejemplo, la política de sustitución de cultivos, porque ven cómo viven los campesinos en zonas marginales. La mayoría del Ejército es bastante más progresista que esos furiosos radicales civiles.

Pero también hemos visto a un ministro de Defensa o al general Mantilla criticando duramente a las Farc.

Echando lengua, porque quieren saber que el proceso es real y que va a terminar con la dejación de las armas de las Farc, porque si la guerrilla no deja las armas, no hay paz.

El movimiento que pidió la palabra

En agosto de 2012 un grupo de personalidades se reunieron en Medellín para darle vida a un movimiento político que se conformó bajo el nombre “Pido la Palabra”. ¿La consigna? “Recuperar el sentido público, ético y representativo de la política”, como lo dijeron. En esa ocasión se reunieron Cecilia López, Iván Marulanda, Lorenzo Muelas, Antonio Navarro Wolff, Antanas Mockus, Pedro Medellín, Juan Manuel Ospina, Manuel Rodríguez Becerra, Patricia Lara, Alonso Salazar y José Antonio Ocampo. El movimiento se declaró como “parte de la ciudadanía indignada que por múltiples redes se ha tomado la palabra para ejercer la controversia con argumentos y propuestas, ajenos a la polarización, el engaño, la arbitrariedad y la demagogia que quieren copar el debate público”.

Se inicia cuarta ronda de diálogos

 

Hoy viaja a La Habana (Cuba) el equipo negociador del Gobierno para comenzar la cuarta ronda de negociación con la guerrilla de las Farc. El equipo negociador parte luego de reunirse con el expresidente de Estados Unidos y Nobel de Paz Jimmy Carter, quien vino al país para conocer los pormenores del proceso y dar su irrestricto apoyo al proceso de paz.

En esta, como en las rondas anteriores, la política de desarrollo agrario integral con enfoque territorial será la temática sobre la que versará la discusión. A los equipos negociadores ya lea fueron entregadas las propuestas de la sociedad civil y ahora sesionarán por 10 días en el Palacio de Convenciones de la capital cubana en busca de evacuar el primer punto de la agenda.

 

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