Fuerzas Armadas en tiempos de paz

Control territorial, posible reincidencia de los desmovilizados, protección de las fronteras, entre otros, son los argumentos por los cuales los comandantes militares y de policía se niegan a una reducción del pie de fuerza.

El general Juan Pablo Rodríguez Barragán y el general Rodolfo Palomino, ayer en el debate en la Comisión Primera del Senado. / Congreso
Ni las Fuerzas Militares ni la Policía Nacional tienen contemplado reducir su pie de fuerza si se logra la firma de un acuerdo de paz entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Farc en La Habana (Cuba). Así lo dejaron claro el general Juan Pablo Rodríguez Barragán, comandante de las Fuerzas Militares y quien asistió como ministro de Defensa encargado, y el general Rodolfo Palomino, director nacional de la Policía, en un debate en la Comisión Primera del Senado, donde se les cuestionó la forma como se están preparando las Fuerzas Armadas para afrontar una eventual etapa de posconflicto.
 
El primero en tomar la palabra fue el general Rodríguez Barragán, quien planteó que las Fuerzas Militares son garantes de la democracia en épocas de guerra y en épocas de paz, enfatizando que pase lo que pase, y si se firma la paz, deben mantenerse como están con el fin de enfrentar las nuevas amenazas: “El pie de fuerza debe mantenerse intacto. Si bien es cierto que el objetivo es concretar un acuerdo para el fin del conflicto, eso no significa que se logró la paz. Pueden venir más amenazas. En estos procesos no hay un índice de desmovilización total, puede haber una reincidencia del 20 o 30%. Debemos tener control territorial para restablecer el Estado de derecho”, explicó el alto oficial.
 
De inmediato, Rodríguez Barragán empezó a plantear los motivos por los cuales deben conservar su presupuesto, su número de integrantes —que es de aproximadamente 267.629 hombres— y habló de fortalecerse aún más. Sin embargo, sí se refirió a un probable cambio de funciones para algunos de los hombres que desde ya se están dedicando a la construcción de obras, la atención de desastres y al desminado humanitario. 
 
Las proyecciones apuntan a continuar en este 2015 con el llamado Plan Espada de Honor, a 2018 garantizar una paz estable y duradera, a 2022 garantizar condiciones óptimas de seguridad, a 2024 trabajar en los polos de desarrollo y a 2026 internacionalizar las fuerzas.
 
 De igual forma, opinó el general Rodolfo Palomino, director de la Policía, que no se puede dar el paso que algunos sugieren, en el sentido de desmilitarizar a la Policía para convertirla exclusivamente en una fuerza civil. Más bien, señaló, se implementará un híbrido, como ocurre en Francia o en España, porque “sólo habrá paz si podemos lograr que nuestros campesinos se sientan seguros, si logramos evitar que entre sus alternativas estén los cultivos de uso ilícito”.
 
Palomino también habló de tareas para justificar su pie de fuerza, que es cercano a los 160.000 hombres, al plantear nuevas labores como combatir los delitos cibernéticos, la nueva criminalidad, la explotación ilícita de los recursos naturales, los movimientos sociales y eventuales protestas, los conflictos por la propiedad y uso de la tierra, y la seguridad ciudadana.
 
De este modo, los generales Rodríguez Barragán y Palomino mostraron que con paz o sin paz no están de acuerdo en que se reduzcan las Fuerzas Militares y de Policía, y retomaron palabras que ha manifestado en el pasado el presidente Juan Manuel Santos, quien ha señalado que se está buscando el fin del conflicto con las Farc como primer paso para la consolidación de una paz estable y duradera.
 
El citante del debate, senador Juan Manuel Galán, propuso que en el futuro la Policía se convierta en una fuerza civil y que incluso esté bajo la dirección del Ministerio del Interior. Un nuevo rol que le podría permitir desarrollar otras labores, como en construcción de vías e infraestructura para el posconflicto. Al final, entre voces de respaldo a las Fuerzas Armadas, quedó claro que si bien se ha dicho que la doctrina de las Fuerzas Militares no está en discusión en la mesa de La Habana, es evidente que la reducción de miembros o la mutación en sus funciones sí es un asunto que está dando vueltas y que dependerá en gran medida de lo que se firme en Cuba.