¿Guerra o paz?

El 15 de junio volverán los electores a definir sobre dos propuestas: la guerra o la paz.

El país no va a tener un cambio de modelo, cualquiera sea el candidato que gane, por eso el establecimiento apoya y financia en la misma proporción a los dos candidatos en liza. En esencia el santismo y el uribismo representan lo mismo. La única diferencia considerable es el proceso de paz que se adelanta en La Habana y, tal vez, una manera muy personal de gobernar o dirigir.

Sin embargo, las fuerzas políticas que quedaron este 25 de mayo por fuera de la competencia van a jugar un papel determinante en la definición. Sumados sus activos y con ellos los votos no marcados, nulos o en blanco llegan a la no despreciable cifra de 6 millones de sufragios.

El santismo había agrupado en las elecciones parlamentarias cerca de 5 millones de votos (U, liberales y CR: 4’974.000); un poco menos el uribismo, sumado al conservatismo, Opción ciudadana y el MIRA (4’842.000); la izquierda y el centro izquierda agregados pasaron el millón (Polo, Alianza Verde: 1’105.000). Quedaba por saber qué ocurriría con los 3 millones largos de votos en blanco, anulados y no marcados.

En ese orden de ideas, el santismo perdió cerca de 1 millón 800 mil votos, mientras el bloque uribista gana 800 mil votos entre el 9 de marzo y el 25 de mayo. La primera vuelta dejó en claro algunos elementos preocupantes. El nivel de participación disminuye en la medida en que crece el potencial electoral. La abstención crece, superando el 60%.

Los escándalos y los debates de última hora fortalecieron al uribismo y debilitaron al santismo. No se vio el voto de maquinaria del santismo. Los parlamentarios (mermelados) de la U, liberales y CR, al lograr el botín de su reelección no movieron sus clientelas. Aunque subió levemente, el voto en blanco no llenó las expectativas. Colombia, o por lo menos el país que vota (la abstención supera el 60%), demostró una vez más que es un democracia conservadora y de derecha y con importantes prejuicios respecto de cambios audaces o de ver con buenos ojos propuestas de izquierda o incluso moderadas de centro. Es probable que esto cambie en los años por venir si se logra superar la cortapisa de la lucha armada siempre endilgada a sectores progresistas.

Lo que sigue es como para comerse las uñas. Fuera de los votos de Zuluaga y Santos quedan 6 millones de votos que son los que van a definir el 15 de mayo. ¡Para dónde van los votos de Marta Lucía Ramírez? Con todo lo que ha pasado no es difícil concluir que son más proclives al uribismo, mientras los votos del Polo por el tema de la paz podrían inclinarse hacia el santismo.

Quedará por saber que harán los votos en blanco, que sumados con votos erróneos llegan al millón. El país entra en una etapa de cuidados intensivos con un presidente-candidato debilitado y un voto uribista radicalizado y estimulado por el buen desempeño de primera vuelta. Es un extraño equilibrio de fuerzas que obligaría a que los abstencionistas decidieran resolver la suerte.

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