La Heroica, en busca de timonel

Con el sinsabor de ser una de las zonas más desiguales del país y con mayor retraso en sus megaobras, Cartagena acude a las urnas para escoger alcalde.

 Es la clásica fotografía de un proceso electoral de los que muchas veces se han visto en la región. Con un electorado cansado de que le incumplan propuestas, una problemática social que tiene sus raíces en la desigualdad en que vive la población, una clase política tradicional ansiosa de mantener el control sobre los recursos del Estado (así eso signifique andar al vaivén de las encuestas en materia ideológica) y unos candidatos que, como en la canción de Arnulfo Briceño, prometen hasta puentes donde no hay ríos.

El proceso  que culmina hoy en Cartagena con la jornada de votación para escoger al alcalde que regirá los destinos del distrito turístico durante los próximos 30 meses, ha tenido eso y más.

Sufragios enviados por no se sabe quién a la campaña de María del Socorro Bustamante, candidata de Afrovides y segunda en la intención de voto según la mayoría de sondeos. Hurto de los computadores en donde estaba la estrategia de campaña del candidato del Polo Democrático, Wilson Borja. Acusaciones de maltrato físico por parte de la excompañera de Dionisio Vélez, el hombre mejor favorecido por la mayoría de las encuestas y quien lidera una candidatura respaldada por los partidos Liberal y Verde.

Y, por supuesto, está presente la sombra de los respaldos non sanctos: que detrás de Vélez habría apoyo por parte del condenado parapolítico y excongresista Vicente Blel. Que a Bustamante la avalaría la también condenada empresaria del chance Enilce López, La Gata.

En medio de esa maraña de hechos, más de un millón de cartageneros esperan solución para una problemática que pasa por las deficiencias del sistema educativo, los problemas con la prestación del servicio de salud, la falta de un plan maestro de drenajes que blinde a la ciudad contra las tragedias de cada temporada de lluvias, la licitación para el servicio de aseo, el traslado del mercado de Bazurto y la construcción de la Quinta Avenida, por sólo mencionar algunos.

La solución para el suministro de agua potable a las zonas en las que se proyecta el desarrollo de los nuevos complejos urbanísticos —y también para las vastas áreas en las que malviven buena parte de los menos favorecidos—, así como el empuje definitivo para poner a rodar el Transcaribe (el sistema de transporte masivo que sigue a medio instalar y cuyas estructuras son blanco de la delincuencia) son otras necesidades urgentes de esa capital.

Pero sobre esos detalles se discute casi que únicamente en escenarios académicos y especializados. La verdadera campaña, la del marketing y las estrategias para el posicionamiento de la propia imagen o la reiteración de entuertos que afecten la del contrario, no incluye el debate político, sino las maniobras politiqueras.

Oficialmente,  Vélez es el candidato que más   ha gastado en campaña, superando los $500 millones, mientras que Miguel Navas, el aspirante avalado por el Partido Conservador, ni siquiera reportó a la Misión de Observación Electoral (MOE) el detalle de sus gastos. Se limitó a indicar que invirtió $11,5 millones en “materiales y publicaciones”. (Ver nota relacionada)

Pero la historia demuestra que el día en el que mayor cantidad de recursos necesitan los candidatos es el de la elección. En otras palabras, resulta muy posible que hoy en Cartagena se mueva más dinero, dado que es cuando se necesita llevar a los electores hacia los sitios en los que deben sufragar y eso implica desde los gastos de transporte hasta los refrigerios para electores y miembros de los comandos de campaña.

Sin contar con la compra de votos, esa perniciosa práctica que socava la voluntad popular dándole el triunfo a quienes mayor caudal de recursos económicos ponen para tal fin. Aunque sobre eso también se ha hablado  poco en esta campaña, El Espectador informó que en  la de Congreso  se pagaron hasta $80 mil por voto en ciudades como Barranquilla.

Pensando en ponerle coto a esta situación, la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo, la Registraduría y las autoridades policiales montaron un operativo contra   los  grandes riesgos de la jornada de hoy: alteración del orden público, injerencia de servidores públicos en la contienda electoral, compra y venta de votos, aglomeración en la entrada de los puestos de votación y financiación de las campañas.

La MOE tendrá más de 100 observadores en la jornada y la Registraduría Nacional implementó el sistema de identificación biométrica, con el fin de establecer en cuestión de segundos si un potencial votante es quien en realidad dice ser o si está suplantando a otra persona.

 La decisión está en manos de los cartageneros. Son ellos quienes en últimas definirán si se dejan llevar por los sonoros mensajes publicitarios de las campañas, si sucumben ante la tentación de la compra de votos o si en verdad indagan sobre los programas y los antecedentes de los candidatos para votar en conciencia y contribuir a que la ciudad salga por fin del mal sueño que vive.

La campaña valió $1.000 millones

Un informe de la Corporación Transparencia por Colombia sobre los gastos de campaña de los candidatos a la Alcaldía de Cartagena da cuenta de que Dionisio Vélez, María del Socorro Bustamante y Wilson Borja gastaron más de $950 millones en su intento por convencer a los cartageneros para que marcaran sus nombres en el tarjetón.

El que más gastó fue Vélez, avalado por la coalición de verdes y liberales, quien dice haber recibido entre aportes familiares y de empresas privadas $582’900.000.

Bustamante, la única mujer en estas elecciones, respaldada por Afrovides, declaró haber recibido $215 millones , de los cuales el 67% corresponderían a donaciones familiares y de personas naturales.

Borja, del Polo Democrático, reportó la inversión de $124 millones en su campaña, 42% de ellos provenientes de un crédito bancario.
Miguel Navas, del partido conservador, no reportó ingresos pero sí gastos por $11 millones.

¿Y el voto en blanco?

Pese a que en elecciones para alcalde como la de 2005 más de 40.683 papeletas depositadas en blanco indicaban la inconformidad de los cartageneros con los candidatos, la situación parece ser muy distinta en esta oportunidad, pues se estima que apenas el 10% de los sufragantes no marcaría a ningún candidato.
Ello se debe en buena medida a la polarización generada por los candidatos en la presente campaña. Los electores, en vez de atomizarse en torno a las cuatro candidaturas disponibles, se fueron en su mayoría en torno a dos de ellas, a juzgar por los estudios de intención de voto.

Así las cosas, los cartageneros miran el proceso electoral como una oportunidad para escoger entre una campaña identificada con la mayoría de la clase política tradicional en la región (la de María del S. Bustamante), y otra, abanderada por D. Vélez, una imagen fresca en la política de la ciudad encarnada por un dirigente procedente del sector privado.