La hora de las decisiones

Partidos y movimientos políticos hacen cálculos, definen nombres, descartan otros, piensan en alianzas y organizan la recolección de firmas.

El expresidente Álvaro Uribe, el director del Centro Democrático Alejandro Arbeláez y los precandidatos presidenciales Óscar I. Zuluaga y Carlos H. Trujillo.
El expresidente Álvaro Uribe, el director del Centro Democrático Alejandro Arbeláez y los precandidatos presidenciales Óscar I. Zuluaga y Carlos H. Trujillo.

El próximo 9 de diciembre —es decir, menos de tres meses— vencerá el plazo para que partidos, movimientos políticos y grupos significativos de ciudadanos inscriban ante la Registraduría Nacional sus listas de candidatos al Congreso de la República, tanto a Senado como a Cámara de Representantes. Como quien dice, esta es la hora en que todos deben definir nombres, descartar otros, hacer cálculos —no sólo de votos, sino también de plata—, buscar firmas y hasta pensar en alianzas, teniendo en cuenta que para algunos el primer gran reto está en superar el umbral, que para los comicios del 9 de marzo de 2014 será del 3%, lo que los obliga a sacar un promedio de 450.000 votos para mantener la personería jurídica.

Palabras más palabras menos, las cartas se están barajando. Y por los lados de los partidos tradicionales algunas hasta ya se han destapado. Es el caso, por ejemplo, del Liberal, empeñado en recuperar el fervor del pasado, que ya presenta como novedad el regreso de Horacio Serpa como uno de sus líderes en la lista al Senado. Según su jefe único, el representante Simón Gaviria, el objetivo es consolidarse como la fuerza mayoritaria en el Legislativo y reafirmarse en su lema de “ideas que gobiernan”, refiriéndose al protagonismo ganado en el actual mandato del presidente Juan Manuel Santos.

Los conservadores —según lo dijo el presidente de su Directorio Nacional, Ómar Yepes— quieren botar el miedo de enfrentar el futuro, dejar el conformismo y ser “más protagonista que comparsa, más locomotora que vagón”. Muchos recuerdan por estos días que en las épocas del presidente Andrés Pastrana los azules tenían 31 senadores y 50 representantes. Hoy está con 22 senadores y 37 representantes, una representación que aspiran aumentar o al menos mantener, confiados en esa fuerza rural o que en municipios pequeños del país han consolidado desde décadas pasadas y siempre han tenido.

El Partido de la U fue la bancada mayoritaria en 2006 y 2010, el trampolín para la reelección de Álvaro Uribe y actualmente la esencia de la Unidad Nacional de Santos. Sin embargo, siente en la actualidad en sus cimientos los efectos de la confrontación entre los que son sus dos jefes naturales. Aunque algunas de sus cabezas visibles en el Congreso niegan que haya divisiones, otros afirman en voz baja que más que partido político, la U es una “máquina de avales” a la que muchos se arriman sólo buscando obtener una curul. Y aunque no tiene problemas por el umbral, sufrirá en los próximos comicios ausencias notables que seguramente le harán perder terreno.

Con el silencio estratégico de su líder, Germán Vargas Lleras —atrincherado en la Fundación Buen Gobierno, pero sin inhabilidades de por medio para aspirar a la Presidencia— Cambio Radical vive una verdadera encrucijada. Carlos Fernando Galán, otrora su presidente, llegó a sugerir su liquidación. Otros miran con simpatía disolver la colectividad e irse a las toldas liberales. Pero también senadores, como Antonio Guerra, anuncian que irán con lista propia al Senado y que están, precisamente, seleccionando un número “interesante” de personas que manifestaron su interés de participar en ella. El fantasma del umbral los obliga a buscar dirigentes que arrastren votos.

Estrategia a la que apuestan también Opción Ciudadana (antiguo Partido de Integración Nacional, PIN) y el Polo Democrático, que según su candidata presidencial, Clara López, no sólo superará el umbral, sino que “alcanzará 20 senadores”. La idea es que el protagonismo de congresistas como Jorge Robledo y Wilson Arias —que han adelantado duros debates de control político al Gobierno en el Capitolio— sirva de plataforma para una campaña exitosa. No es el caso del Partido Verde y los movimientos Progresistas y Compromiso Ciudadano, que ya trabajan en una alianza para sumar fuerzas y alcanzar los 450.000 votos obligatorios, bajo la sombra de la personería del primero.

Movidas político-electorales que de una u otra manera se verán afectadas de las decisiones y la fuerza que pueda alcanzar el Centro Democrático, el movimiento político que lidera el expresidente Uribe. Ya desde hace varios meses el exmandatario trabaja duro a nivel regional, recorriendo el país con sus precandidatos presidenciales: Óscar Iván Zuluaga, Francisco Santos, Carlos Holmes Trujillo y Juan Carlos Vélez. Se da por un hecho que estará en la lista al Senado y la meta a cumplir es recoger más de 2’500.000 firmas ciudadanas que avalen al Centro Democrático como grupo significativo de ciudadanos para poder inscribir todos sus candidatos. Que Uribe tiene votos y genera fervor popular, nadie lo puede negar.

Reuniones van y vienen. Todos hacen cuentas, incluso abogados y veedores ciudadanos, atentos a casos de doble militancia, transfuguismo, avales, malas inscripciones y hasta antecedentes judiciales. Y una realidad también innegable: todo lo que se hace en estos momentos en materia electoral y lo que se haga de aquí a poco menos de tres meses se revaluará de nuevo en la última semana de noviembre, cuando el presidente Juan Manuel Santos le diga a Colombia si buscará o no la reelección.

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