Política 16 Feb 2012 - 10:00 pm

Decálogo para la paz con base en los errores del Caguán

Las lecciones de la guerra

Al cumplirse 10 años de la ruptura de los diálogos de paz con las Farc, organizaciones sociales y académicas plantean escenarios para lograr la reconciliación. El Gobierno ha rechazado la intervención de terceros.

Por: Redacción Política
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Hace diez años, en el Caguán, el país esperaba la solución negociada del conflicto. En la foto, el excomandante de las Fuerzas Militares Fernando Tapias y el exvicepresidente Gustavo Bell.

“Manuel Marulanda: Yo le di mi palabra y la cumplí, pero usted me ha asaltado en mi buena fe, y no sólo a mí, sino a todos los colombianos (…). Son ustedes, las Farc, las que tendrán que responder ante Colombia y el mundo por su arrogancia y su mentira”, con estas palabras el entonces presidente, Andrés Pastrana, anunció la ruptura de los diálogos que venían sosteniendo el Gobierno y las Farc, en la zona de despeje del Caguán, hace ya 10 años. Desde entonces mucha agua ha corrido bajo el puente, y aunque la fuerza pública ha consolidado su capacidad ofensiva y la organización guerrillera está debilitada, la posibilidad de una salida negociada al conflicto está tan lejana como entonces.

Con este panorama, el Instituto de Paz de Estados Unidos (USIP), la Universidad de Georgetown, la Universidad de los Andes y el Cinep realizaron un diagnóstico y plantearon lo que denominan lecciones para acercarse a la paz, con base en lo sucedido los últimos 10 años. En este período, aseguran, se ha desechado cualquier posibilidad de solución negociada.

Y esa es precisamente la primera lección que plantean estas organizaciones sociales y académicas. Señalan que ha pasado suficiente tiempo y, aunque no se pueden desconocer los errores que se cometieron en la fallida negociación de paz, tampoco se debe descartar “una solución política que pueda llevar a un acuerdo de paz y reconciliación de los colombianos”. Por este motivo, reclaman asumir los errores del pasado como un proceso de aprendizaje y que a futuro la piedra angular de un diálogo sea la verificación de los acuerdos y compromisos de las partes.

Retomando la agenda del Caguán, que ha cobrado vigencia en los últimos días, sostienen que “es prioritaria la necesidad de reducir la violencia como condición para la sostenibilidad de un proceso de paz”, teniendo como prioridad el respeto al Derecho Internacional Humanitario. Además, plantean la necesidad de una política integral de paz en la que se tengan en cuenta todos los factores y actores del conflicto: paramilitares, bandas emergentes, las Fuerzas Militares, de policía, y la sociedad en general, poniendo sobre el tapete las problemáticas de narcotráfico, distribución de la tierra y participación política que son los principales combustibles del conflicto.

Estos temas deben ser reconocidos por el Gobierno y las Farc para sentarse a dialogar de una forma clara, reconociendo “qué es posible negociar en las condiciones actuales del conflicto”, para que la conclusión no sea una simple desmovilización y entrega de armas que no dé con la solución a los problemas estructurales que ha generado la guerra en el país.

Contrario al planteamiento que ha esgrimido el presidente Santos quien en entrevista con El Espectador planteó que “todo el mundo quiere ser ‘pazólogo’, intermediario o vocero, y eso es lo que dificulta cualquier proceso”, estas organizaciones plantean que la paz no puede ser un tema que sólo esté en las manos del gobierno y de la insurgencia. “Requiere de una sociedad civil que deberá mantener un papel activo, crítico y vigilante”, señalan las recomendaciones.

Retomando las sugerencias de las Naciones Unidas, el decálogo de las lecciones para la paz plantea brindarle una participación prioritaria a las mujeres dentro de una eventual negociación, destacándolas como unas de las principales víctimas de la violencia.

Al reconocer que el cultivo, procesamiento y tráfico de estupefacientes es el principal motor del conflicto en el país, señalan, “intentar resolver estos temas sin la participación de la comunidad internacional no tiene sentido (…) la paz en Colombia hoy en día es un hecho, una necesidad, para la región y el mundo entero”.

Aunque el fracaso de las negociaciones de paz en el Caguán generó una evidente frustración, sentimiento de engaño y ánimo de revancha, después de 10 años, dicen estas organizaciones, es hora de aprender de los errores y “construir una memoria histórica para crear visiones del futuro, porque sólo cuando el país asuma y elabore esta experiencia, dura pero aleccionadora, estará dando el primer paso para la reconciliación”.

Los planteamientos de estas organizaciones académicas y sociales son claros al señalar que es necesario reabrir la puerta al diálogo, atacar los focos que han incentivado el conflicto durante 60 años, incluir a todos los sectores de la sociedad y a actores internacionales, y establecer un diálogo claro, concreto, transparente y de frente a la sociedad.

Pese a las buenas intenciones de estos postulados, el planteamiento del Gobierno es radicalmente diferente. El presidente Santos ha señalado que “no he autorizado ni autorizo a nadie para tener contacto con las Farc o el Eln. Debo reiterar que, por supuesto, me interesa la búsqueda de la paz y, como presidente, me corresponde liderar cualquier esfuerzo que conduzca a un eventual diálogo, pero sólo cuando se den las circunstancias apropiadas”.

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