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Política 14 Nov 2012 - 9:06 pm

Proceso de paz

¿Cómo llegar a una paz duradera?

¿Qué busca una negociación de paz? ¿Poner fin al conflicto o resolverlo? Como bien se sabe, una cosa es llegar a un acuerdo aceptable para las partes involucradas, otra es lograr transformaciones de fondo que obedecen a las causas del conflicto.

Por: Frédéric Massé*
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Una agenda de negociación tiene más probabilidad de resultar en un acuerdo si no intenta resolver todos los problemas del país y se concentra en los principales factores que originaron el conflicto./ EFE

Dicho de otra manera, la normalización de una situación belicosa no excluye la persistencia de diferendos sin solución aparente - sólo implica que estos diferendos queden puestos entre paréntesis - y una situación estable no es necesariamente una paz consolidada. ¿Cómo entonces llegar a una paz consolidada o firme y duradera? ¿Buscando resolver el conflicto? ¿Buscando una paz irreversible?

Uno estaría tentado a decir que un proceso de paz es irreversible cuando el conflicto está resuelto y el conflicto está resuelto cuando la paz es irreversible. Pero si ese razonamiento es obviamente tautológico, el problema reside en que las interpretaciones de unos y otros divergen al respecto. Si para muchos, una paz firme y duradera pasa necesariamente por la eliminación de las causas profundas de los conflictos, para otros los conflictos sólo pueden ser contenidos o gestionados de manera provisional. ”La paz está latente en el conflicto y el conflicto está latente en la paz” como decía el sociólogo y filósofo Julien Freund.

Esas consideraciones retóricas no son sólo de orden académico; tienen consecuencias directas y prácticas sobre las negociaciones y la definición de una agenda de paz. Obligan a plantearse el siguiente interrogante: ¿Hasta qué punto los contenidos de la negociación deben abordar las causas de un conflicto?

Abordar las causas de los conflictos no es tarea fácil. Primero, porque obtener un consenso sobre el diagnóstico de las causas “objetivas” de un conflicto determinado resulta problemático. De una parte, porque la línea entre las causas y las consecuencias de un conflicto suele ser borrosa. Así, las violaciones masivas a los derechos humanos pueden ser consideradas tanto causas como consecuencias de un conflicto. De otra parte, porque depende también de las percepciones y de los intereses de las partes. Sea que se aprehenda un conflicto de forma marxista, como uno de los últimos conflictos de tipo clauswitziano, o como uno de los llamados “nuevos conflictos”, el diagnóstico será diferente: conflicto socio-económico, político, identitario, las tipologías no faltan y la conclusión de tal análisis puede inclusive negar de plano la existencia de un conflicto armado.

Segundo, focalizarse en las causas del conflicto conlleva también el riesgo de caer en una falsa simetría entre los factores del conflicto y los factores de paz. Es decir, la creencia según la cual la naturaleza y las causas de los conflictos permitirían por sí solas explicar su resolución. Un conflicto tienen generalmente múltiples raíces tanto políticas, como sociales y/o económicas y la falta de democracia y el subdesarrollo son a menudo al origen de los conflictos. Sin embargo, si bien existen vínculos dialécticos entre la paz, la democracia y el desarrollo, los últimos dos por sí solos no garantizan automáticamente la paz, aunque puedan contribuir sustancialmente a ella y puedan contener y atemperar los conflictos. En resumen, pensar que la eliminación de las causas de un conflicto conduce obligatoriamente a la paz, puede ser ficticio y arriesgado.

Ahora bien, si la paz positiva, como lo afirma Johan Galtung, no consiste simplemente en la eliminación de la violencia directa (paz negativa), una paz firme y duradera ¿no pasa, no obstante, y de alguna manera, por la eliminación de las causas profundas de los conflictos?

Es cierto. Sin embargo, una agenda de negociación tiene más probabilidad de resultar en un acuerdo si no intenta resolver todos los problemas del país y se concentra en los principales factores que originaron el conflicto. Por ejemplo, la pobreza puede ser parte de las causas de un conflicto, pero si se establece en la agenda que la pobreza termine, la negociación no terminará nunca. Igualmente, en algunos países las negociaciones de paz tocaron muy poco los temas económicos, no tanto porque no eran considerados temas importantes, sino porque se consideraba que la violencia política tenía que ver más con el autoritarismo, el militarismo y la exclusión política que con la miseria, y por lo tanto, que las negociaciones de paz no tenían como objeto la discusión de la filosofía u orientación general de la política económica del país.

En otros países, se determinó que el problema de la tierra era una causa estructural del conflicto pero resultó problemático porque la redistribución de la tierra o las reformas agrarias no trajeron automática ni necesariamente la paz. La redistribución de la tierra facilitó la reinserción a corto plazo de los ex combatientes, pero no garantizó la viabilidad económica de las medidas a mediano plazo.

El tema de la participación de los grupos armados ilegales en política, requiere también cierta circunspección. Como no todos lo conflictos tienen que ver con un problema de transición democrática o de falta de apertura política, es a veces difícil saber qué está realmente en juego: ¿luchan por ser reconocidos como actores políticos? ¿Por tener una mayor transparencia democrática? ¿Quieren compartir el poder, aunque sea sólo una pequeña parte del poder local?
Si resolver un conflicto requiere atacar de alguna manera sus causas, lo complicado de una negociación de paz reside, por lo tanto, en delimitar los temas y entender los puntos que son realmente claves para su solución.

Por no ser un simple sometimiento ni una “revolución negociada”, las negociaciones de paz que empiezan esta semana en Oslo dejaran seguramente descontentos a varios sectores tanto de derecha “pura” como (y probablemente más aún) de izquierda radical. Sin embargo, el país debe entender que, aunque la paz pueda exigir profundos cambios estructurales en términos sociales y/o políticos, las negociaciones de paz no necesariamente son el escenario apropiado para negociarlos y discutirlos todos.

 

 

*Codirector del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales (CIPE) de la Universidad Externado de Colombia.
 

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