Las caras del Catatumbo

Los campesinos de la región han convivido con guerrilla, paramilitares y narcotráfico, todo frente a la ausencia del Estado.

Campesinos  durante una de las  asambleas en Tibú (Norte de Santander).   / prensarural. org
Campesinos durante una de las asambleas en Tibú (Norte de Santander). / prensarural. org

La región del Catatumbo, que hoy concentra la atención del país por cuenta del paro campesino y los los hostiles enfrentamientos entre manifestantes y Fuerza Pública, tiene una larga historia en el conflicto armado del país: ha sido la cuna y centro de operaciones de las guerrillas de las Farc, el Eln y el Epl, hoy convertido en un cartel del narcotráfico, y allí también hicieron presencia a sangre y fuego los escuadrones paramilitares, al mando de Salvatore Mancuso.

Todos los actores armados han tenido un común denominador que ha sido el combustible de la guerra: el negocio del narcotráfico, que implica el cultivo de plantas ilícitas y la producción y exportación de drogas, en medio del cual los campesinos han tenido que conseguir su sustento. En este complejo panorama el ausente histórico ha sido el Estado, que ahora busca salidas a la crisis. El Gobierno Santos busca levantar los bloqueos y se niega a que por vías de hecho se declare la zona de reserva campesina.

Un movimiento campesino histórico

Los movimientos sociales y populares han tenido raíces en la región del Catatumbo. Las comunidades eclesiásticas de base desarrollan una red de apoyo. Las organizaciones campesinas y obreras, también con fuerte arraigo, lo han hecho desde la Uso y la Asociación Campesina del Catatumbo. Hoy el movimiento de protesta es liderado por César Jerez, un geólogo estudiado en la Unión Soviética, de quien el Ministerio de Defensa ha dicho que figura como remitente de cartas en el computador del extinto jefe guerrillero ‘Raúl Reyes’. No es oriundo de la región, pero sí un visible líder de la Asociación de Zonas de Reserva Campesina.

El narcotráfico de ‘Megateo’

Víctor Ramón Navarro, alias ‘Megateo’, es el dueño del negocio de las drogas en el Catatumbo. Su vida en las armas comenzó a los 15 años cuando ingresó al Epl. Hoy esta organización se ha convertido en un cartel con sólo 50 hombres, que manejan las rutas de salida de droga, y los capos del narcotráfico deben pagarle por producir y transportar los alcaloides. Contrario a lo que se podría pensar, ‘Megateo’ es respetado en la región, pues actúa, como señalan algunos de sus habitantes, como una especie de “Robin Hood”.

Alias ‘Megateo’, hoy como comandante del frente Libardo Mora Toro, se ha convertido en el dolor de cabeza de las Fuerzas Militares, que desde hace más de 10 años le siguen la pista y pese a ofrecer jugosas recompensas no han podido dar con su captura.

Las guerrillas en el Catatumbo

Norte de Santander es uno de los departamentos donde hay una marcada presencia guerrillera. Allí están tanto las Farc como el Eln, quienes han tenido una articulación operativa que no se ve en otras regiones del país. Sin duda, las Farc han mostrado tener una fuerte influencia en el Catatumbo. Allí sobresale la figura de Rubén Zamora, comandante del frente 33 de las Farc y hoy uno de los miembros de la delegación de paz en La Habana. En la región  también hace presencia el frente 45. A su vez, el Eln también tiene un fuerte arraigo en la zona y aún conserva un evidente control territorial y una fuerte presencia militar, principalmente a través de los frentes Carlos Cacua Guerrero, Juan Fernando Porras y Efraín Pabón Pabón.

Petróleo y agroindustria

El Catatumbo tiene una tradición petrolera que se remonta a la primera década del siglo XX. Allí se establecieron las primeras concesiones de explotación del oro negro. Esa circunstancia cambió el destino de la región, que hoy es atravesada por el oleoducto Caño Limón-Coveñas, lo cual ha atraído a diversos grupos armados. Su condición de frontera con Venezuela también ha contribuido a hacer de esta un codiciado botín de los ilegales. A pesar de esto existen millonarias inversiones en agroindustria, especialmente en palma africana, así como grandes proyectos de explotación de carbón que, alternados como la economía campesina, han hecho del Catatumbo una zona de fuertes conflictos sociales.

El efecto paramilitar

En el Catatumbo han tenido cabida todos los actores del conflicto y los paramilitares no son la excepción. A finales de la década de los años 90, Fidel y Carlos Castaño tomaron la decisión de ingresar a la zona para combatir a las Farc y al Eln. A sangre y fuego ganaron espacio, sembrando de terror la región.

Los Castaño le dieropn paso después a Salvatore Mancuso, quien ha confesado masacres como la de La Gabarra y El Aro. Incluso aceptó la instalación de hornos crematorios para desaparecer a sus víctimas. Consciente de que el negocio de las drogas ilícitas mandaba la parada en la zona, los ‘paras’ se adueñaron de algunas rutas y se encargaban de enviar droga hacia Centroamérica.