'Minería, por sí sola, no es sinónimo de riqueza'

Según el experto internacional, debe haber el consentimiento previo, libre y explicito de las poblaciones que se van a ver afectadas por las actividades extractivas.

Patrick Alley, codirector de Global Witness, organización nominada al Nobel de paz.   / Óscar Pérez
Patrick Alley, codirector de Global Witness, organización nominada al Nobel de paz. / Óscar Pérez

Desde hace 19 años, Global Witness, organización no gubernamental con sede en Londres, trabaja para romper los vínculos entre la explotación de los recursos naturales, los conflictos, la pobreza, la corrupción y los abusos contra los derechos humanos en el mundo. Con su trabajo, se ha puesto de manifiesto como en muchos países la abundancia de madera, diamantes, minerales, petróleo y otros recursos naturales, en lugar de beneficiar a sus ciudadanos, incentivan la corrupción, la desestabilización de los gobiernos y las guerras.

Patrick Alley es cofundador y codirector de Global Witness y es uno de los invitados al seminario ‘Escenarios para la paz: transparencia y anticorrupción’, que se llevará a cabo hoy a partir de las 2:00 de la tarde en el Metropolitan Club de Bogotá, como parte de la conmemoración de los 15 años de Transparencia por Colombia. Y aunque dice que su organización no ha trabajado directamente en Colombia, reconoce que existen semejanzas con experiencias de otros países.

¿Qué percepción tiene de lo que hoy en Colombia se conoce como “locomotora minera”?

Es evidente que la riqueza minera por sí misma puede producir riqueza y desarrollo, pero si es mal manejada, los efectos pueden ser muy negativos, trayendo descontento en la población, que los recursos se pueden perder y que sea generadora de conflicto y problemas sociales. Eso en lo que tiene que ver con la minería legal. Por supuesto todos estos temas se agravan cuando se habla de lo ilegal, que en el caso colombiano ha sido nutriente para los actores del conflicto, bien sea guerrilla, paramilitares o bandas criminales. La experiencia en El Congo, uno de los conflictos mas largos en la historia contemporánea, demuestra que la minería ha sido un detonante de la guerra y es a partir de las investigaciones que ha hecho Global Witness que se han generado una serie de mecanismos internacionales, que tienen como propósito un comercio mas justo y controlar esos efectos perversos que tiene la minería extractiva.

¿Y como conciliar o lograr un equilibrio entre desarrollo social y económico en torno a actividades como la minería?

Sin duda la actividad extractiva y minera tiene un gran potencial económico, pero un error que cometen con frecuencia los gobiernos es creer que ella, automáticamente, genera desarrollo y bienestar social. Eso no es así, las políticas y las acciones tendientes a la explotación de los recursos naturales deben direccionarse, a través de estrategias y políticas diseñadas previamente, para el beneficio de la población. Sin una buena gobernanza y sin garantías del cumplimiento de las leyes, son mayores los perjuicios que los beneficios. Eso genera que el dinero no llega donde debe llegar. Y el problema es que muchas veces los gobiernos privilegian los beneficios económicos o las gabelas tributarias a las compañías, antes que tener unas políticas para que la explotación produzca resultados positivos. Y algo fundamental: debe haber el consentimiento previo, libre y explicito de las poblaciones que se van a ver afectadas.

Y lógicamente, además de recursos económicos, pensar también en lo ambiental...

Sin duda. Son muy pocos los políticos y estadistas que real y honestamente toman en consideración los efectos y los impactos ambientales de la actividad minera y extrativa en general. El daño que puede causar esta actividad es inconmensurable en temas como los alimentos. En la medida en que se afectan el agua, el aire y la calidad de la tierra, las consecuencias pueden ser graves y son muy pocas las personas que están tomando en consideración ese efecto devastador.

¿Global Witness ha pensado en hacer alguno de sus estudios en Colombia?

Colombia reune muchas de las condiciones que hemos trabajado. Aquí confluyen muchos de los problemas que solemos analizar y habría que iniciar un proceso de consecución de recursos. También vemos que ya hay organizaciones de la sociedad civil fuertes que están haciendo un buen trabajo y, de todas maneras, nuestro filosofía apunta a producir y obtener políticas públicas internacionales para prevenir daños y cerrar brechas de corrupción en torno a actividades como la minería.

hgarcia@elespectador.com

@hgarciasegura