'Podemos ayudar en la verificación de los acuerdos de paz'

El coordinador residente de Naciones Unidas en Colombia, Fabrizio Hochschild, declaró su esperanza en el proceso de paz y habló de los remanentes para su misión en el país.

Fabrizio Hochschild, coordinador residente de la ONU en Colombia. / Gustavo Torrijos

Fabrizio Hochschild, se posesionó como coordinador residente y humanitario de Naciones Unidas en Colombia desde abril de 2013. Tiene una larga trayectoria en el servicio humanitario en Tanzania, Belgrado, Bosnia-Herzegovina, Croacia, Palestina y Sudán. Entre 1997 y el año 2000 fue asistente especial del Subsecretario General de la ONU, Sergio Vieira de Mello, asesinado en 2003 en Bagdad (Iraq) en el atentado contra esta organización de derechos humanos. En memoria de Vieira, hoy se celebra el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria. En esta entrevista, Hochschild explica cuál es el panorama humanitario que ha encontrado y analiza las funciones y el futuro de Naciones Unidas en Colombia.

Hoy se conmemora el día de la ayuda humanitaria, ¿qué significado tiene esta fecha?

El objetivo es que el mundo haga una pausa para recordar a miles de trabajadores del servicio humanitario que en distintos países arriesgan su vida. Lo que pasó en Bagdad, hace diez años, fue el primer gran ataque contra las oficinas de Naciones Unidas, una entidad que estaba allí para solidarizarse con el sufrimiento en Iraq. Pero ese no es el único ataque que ha habido a servidores humanitarios en todo el mundo. Hoy los recordamos y nos preguntamos qué podemos aportar para ayudar a la gente.

Usted tiene una larga experiencia en conflictos internacionales y llega a Colombia en momentos en que se adelanta un proceso de paz.

Cada situación es diferente y las comparaciones a veces no ayudan. Una de las particularidades del conflicto colombiano es que ha durado mucho —sólo comparable con el del medio oriente— y lo que me da esperanza de que va a terminar es que hay un reconocimiento de las víctimas. Eso, de alguna manera, significa que se entiende el alto costo de la guerra y que hay una intención por parte del Estado de atender las necesidades de esas personas. También es evidente que la violencia después de tantos años tiene raíces muy profundas; intereses económicos, incluso, que la hacen muy difícil de superar. Pero el proceso de paz nos llena de esperanza.

¿Y cómo lo ve en materia de Derechos Humanos?

Desde que llegué he viajado mucho por el país y he hecho un esfuerzo por conocer realidades apartadas, en donde el conflicto se vive con mucha intensidad. También pude asistir a las mesas regionales de paz y eso me ha dado una idea de cuál es el gran reto. El desafío es implementar en las regiones las buenas políticas que se han creado en materia de derechos humanos. Se ha avanzado mucho en políticas y leyes, comparable a los mejores países del mundo, pero no se implementan en los lugares más apartados del país. Hay que acercar a esas dos Colombias: la de las ciudades y la rural.

¿Qué es lo que más le preocupa?

Siguen impunes innumerables homicidios contra defensores de derechos humanos y reclamantes de tierras, y además siguen incrementándose. También me preocupa el reclutamiento de menores de edad por parte de los grupos armados. Eso es quitarle el futuro a un niño. Hay restricciones al libre movimiento, especialmente, a través del uso de minas antipersonales. Ha aumentado el desplazamiento forzado dentro de las ciudades. Las amenazas a activistas de derechos humanos son muy preocupantes. Pero también me preocupa el acceso a servicios de salud y educación.

En los últimos meses el Gobierno ha polemizado con Naciones Unidas por ciertas posiciones, ¿En qué va eso?

Hay pocos gobiernos en conflicto que sean tan democráticos como este. Hay una gran libertad para opinar sobre temas y obvio que a veces tocamos temas muy sensibles, en los que el Gobierno tiene interés y hay mucho posicionamiento político. Entonces el punto de vista internacional choca con sus posiciones. A corto plazo eso causa inconvenientes pero a largo plazo esa crítica se vuelve constructiva.

¿Insisten en la preocupación por el fuero militar?

El propio presidente Santos ha reconocido las violaciones de algunos agentes de Estado. No hay conflicto limpio. Todas las guerras producen violaciones, pero lo que diferencia a unos actores de otros es el punto en que reconocen sus errores y de parte de este Gobierno hay esfuerzos serios por mejorar sus comportamientos

¿Qué papel juega el reconocimiento de los errores en un proceso de transición hacia la paz?

Para un proceso de reconciliación es indispensable, y eso lo digo después de oír a cientos de víctimas, que haya un reconocimiento de los crímenes cometidos por las partes. Lo piden las víctimas de agentes de Estado, de la guerrilla, de los paramilitares, lo exigen quienes han sido víctimas de varios grupos armados simultáneamente y muchas que ni siquiera saben quién fue su victimario. Aquí a la gente le gusta dividir las víctimas. Pero todas tienen la misma demanda: quieren ver que la gente armada muestre nobleza y oírla pedir perdón. Al mismo tiempo quieren verdad; saber por qué, qué pasó, dónde está su ser querido o sus restos. Eso es dignificar a las víctimas y es fundamental para tener reconciliación y reconstruir el tejido humano. Pensando en que se llegue a un acuerdo de paz, vendrá una etapa de transición y Naciones Unidas jugará un papel muy importante. Prefiero hablar de transición más que de posconflicto porque los conflictos no se acaban con las firma de un acuerdo en La Habana. La firma de un acuerdo es sólo la puerta para empezar a construir la paz. Y hay muchas cosas que son importantes: crear posibilidades de empleo legal para los excombatientes. Asegurarse de la seguridad en las áreas donde antes estuvo la guerrilla. Se requiere desmotivar la acción violenta. Debe haber proyectos para que la gente se sienta en paz: construcción de vías terciarias, mejoramiento de educación y salud, atención a víctimas, pedagogía para la paz, promover la idea de reconciliación, porque después de tantos muertos, tantos secuestros, tantas matanzas, va a ser difícil reconstruir la confianza entre víctimas y victimarios.

Hoy se inicia un paro nacional agrario, ¿cómo ve estas manifestaciones?

Nuestro punto de vista es que la protesta social es un mecanismo que se practica en la democracia. Y ese auge de las protestas está ocurriendo en varios países de la región y más allá. Pero el derecho a la protesta no puede prevalecer sobre otros derechos como el de la libre circulación, el del derecho a la salud, al de acceso al trabajo, entonces cuando la protesta afecta a los otros el Estado está en la obligación de intervenir. Bueno, es importante cómo interviene. Me gustó lo que dijo el papa en Brasil: “la metodología que hay que mantener es: diálogo, diálogo, diálogo”. Y cuando se recurre al uso de la violencia, ojalá esta sea mínima y de forma proporcional y no letal. Hay protocolos para manejar propuestas: armas no letales, pero no puede haber muertos. Y también creo que es importante tratar de entender las raíces de la protesta, e identificar las causas, porque si uno simplemente evita las protestas, van a seguir ocurriendo.