Hacia la segunda fase del Plan Colombia

Carlos Medina, viceministro de Justicia, da luces sobre el enfoque que debe tener la cooperación internacional en la lucha antidrogas, eje de la primera etapa del Plan Colombia, que ahora iría encaminado al posconflicto.

La expectativa está en si se ratifica el acuerdo bilateral con Estados Unidos, que pasó a una segunda etapa del Plan Colombia, esta vez enfocado en la paz y el posconflicto y no en la lucha antidrogas. Es lo que se espera de la visita del presidente Juan Manuel Santos a Washington, donde hoy se entrevistará en la mañana con el vicepresidente Joe Biden y luego, en la tarde, con el presidente Barack Obama, en el Salón Oval de la Casa Blanca, antes del acto de conmemoración de los 15 años del Plan.

Encuentros claves cuando en La Habana se avanza en la etapa final de la negociación del fin del conflicto con las Farc y el fin de la guerra plantea grandes retos. “Necesitamos seguir trabajando juntos en contra del crimen organizado, ya que ellos tienen presencia en todo el mundo: en África, en Colombia, en Latinoamérica, en cualquier parte del mundo. Ahí tenemos que continuar, desde el punto de vista de la seguridad, tenemos que seguir trabajando juntos”, dijo ayer el jefe de Estado al intervenir en el conversatorio “Think Tanks”, realizado en el Reagan Building de la capital estadounidense.

Ya se habla de un Plan Colombia II, que implicaría un nuevo enfoque en la lucha contra las drogas, algo en lo que el presidente Santos viene insistiendo desde hace rato. Y en diálogo con El Espectador, Carlos Medina, viceministro de Política Criminal y Justicia Restaurativa del Ministerio de Justicia, da puntadas de esos retos que se le vienen al país.

¿Cuál debe ser el camino en la reorientación de la financiación internacional de la lucha antidrogas?

Yo creo que el camino está bastante bien definido en este momento. Si hay una nueva fase del Plan Colombia, hay muchas cosas del Estado colombiano que todavía hace falta fortalecer y ojalá, cuando se vuelva a negociar, ahora sí se establezca eso como objetivo fundamental.

El debate se da en el marco de la conmemoración de los 15 años del Plan Colombia. ¿Cuáles fueron las grandes fallas de esta estrategia?

Creo que una de las primeras fallas fue haber generado esperanzas frente al problema de las drogas que, aún con esos esfuerzos o quizás con superiores, eran absolutamente irrealizables. Caímos en el juego de usar la terminología equivocada. Haberles declarado la guerra a las drogas fue una torpeza, porque formó la expectativa de que se ganaba o se perdía. Otro elemento en el que se podría pensar que el Plan Colombia falló fue en haber puesto el ojo exclusivamente en el tema del cultivo, con la lógica de desaparecer la materia prima. Con esa estrategia se entró en choque con la parte más vulnerable de la cadena del narcotráfico: la población.

Y a eso es lo que se refiere cuando habla del fortalecimiento del Estado...

La cuestión fue que esas comunidades, en muchos casos, nunca habían conocido el Estado y cuando lo hicieron fue recibiendo garrote. El Plan Colombia nunca fundó la estrategia de la erradicación del cultivo como punto final. Lamentablemente, la lectura de resultado del Plan tenía mucho que ver con si había o no matas de coca, por eso también entiendo que hay una interpretación en el sentido de que fracasó. Pero si uno mira, se terminó fortaleciendo el tema antisubversivo y la institucionalidad colombiana. El gran resultado fue haber logrado que el Estado controle su territorio y que ya no seamos un Estado amenazado y fallido.

Hay quienes señalan que los escasos resultados de la política antidrogas en el país se deben en parte a la falta de coordinación entre las entidades del Estado, ¿cuál es su opinión?

Eso es absolutamente cierto y es un fenómeno que no lo padece solamente el Estado colombiano. Poco a poco hemos venido avanzando en cómo se pueden estructurar los escenarios de cooperación interinstitucional y en eso, a pesar de que tenemos falencias, somos también modelo en la región. Pero sí diría que hay muchos elementos de descoordinación que han hecho más lento el éxito o el logro de ciertos objetivos.

En ese sentido, ¿cree que el Estado está preparado para esa coordinación, sobre todo pensando en un escenario de posconflicto para llegar a los territorios de los que va a salir la guerrilla?

En términos de coordinación del Estado, sí. El tiempo que se ha recorrido durante las negociaciones de paz ha servido para que las instituciones entendamos qué tenemos que hacer una vez se firme la paz. Hemos repensando nuestro nivel de intervención, modelando los nuevos esquemas de coordinación.

¿Y más allá de esa coordinación cuál es el máximo reto?

Va a ser la real capacidad para llegar al terreno, porque no todas las instituciones que nos estamos coordinando vamos a tener la misma capacidad como lo va a exigir la realidad. Eso dependerá de que el Estado priorice, como lo está haciendo, para saber cuáles serán las zonas y las áreas en donde va a hacer su intervención primero. No se va a tener la capacidad de cubrir el territorio nacional con el mismo nivel de intensidad, pero sí con el mismo nivel de coordinación.

El ministro de Defensa señaló que por primera vez Colombia está enfrentando el problema de las drogas como país productor y como consumidor, ¿cómo es esa lucha por los dos bandos?

Como país productor, se está definiendo la estrategia en términos de hacer la intervención y la persecución en los eslabones más duros de la cadena del narcotráfico, es decir, darles a los que toca darles de verdad, a los que tienen la mayor rentabilidad, a los que se constituyen como una mayor amenaza, a los que tienen hombres, fusil y pistola custodiando el negocio. Y desde la perspectiva del consumo hay dos niveles de intervención que Colombia va a tener que robustecer mucho. Uno que tiene que ver con la prevención y el tratamiento del consumo, en el que falta algo, se ha hecho pero falta muchísimo por hacer, y otro que tiene que ver con el tema de lucha contra el microtráfico, que hoy está en manos de la Dijín y ellos lo delegaron en la Sijín. Los países que saben enfrentar el tema tienen fuerzas especializadas. Hacia allá va Colombia.