¿Qué tan frágil es la idea de un cese al fuego?

La voz de los expertos sobre las verdaderas implicaciones del cese unilateral que comenzará mañana para la consolidación de la paz.

Más allá de las diferencias entre quienes ven en el “cese unilateral al fuego” anunciado por las Farc un gesto de la voluntad de la guerrilla de llevar a buen puerto el proceso de La Habana (Cuba) y quienes lo creen un “engaño” que pretende forzar un cese bilateral, existe la certeza de que las negociaciones han llegado al punto en el que el silencio de los fusiles dejó de ser una ilusión para el largo plazo.

Aunque el Gobierno se rehusó a aceptar públicamente la condición de la guerrilla de darles fin a las acciones ofensivas del Ejército para mantener el cese al fuego, está claro que la etapa de desescalamiento del conflicto está llegando. Las voces e investigaciones de académicos y expertos en conflictos armados sobre las implicaciones que ha tenido este mecanismo en la consolidación de escenarios de paz aportan luces para imaginar lo que sería un cese al fuego como el planteado por las Farc.

“Hay experiencias internacionales en las que, en el marco de una negociación, o fuera de ella, uno de los actores da un paso como el anunciado por las Farc. Es el caso de España: Eta ha hecho manifestaciones progresivas de ir abandonando la violencia sin que eso haya sido reconocido por el gobierno y la sociedad española. Han hablado incluso de desarme, pero sigue el mote de terroristas. En los casos de Irlanda, Sri Lanka o Nepal, acciones de reducción de la violencia y de desescalamiento han sido anunciadas por una de las partes y la otra ha correspondido tácitamente”, advierte Jorge Restrepo, de la Universidad Javeriana.

Desde la perspectiva de Restrepo, ante “el arrinconamiento” que marca para el Gobierno la condición de las Farc de romper el cese en caso de ataques del Ejército, hay una salida: “Que las dos partes diferencien entre las acciones de carácter ofensivo, que son las que las Farc van a desescalar o a dejar de hacer, y otras de carácter defensivo, que se presentarán, pues no habrá un acuartelamiento o concentración de las fuerzas legales. Creo que la Fuerza Pública puede disminuir las acciones ofensivas de manera muy callada o limitarlas. Recordemos que el propio presidente Santos dijo que pensaría dos veces en bombardear el campamento de Timochenko (máximo jefe de las Farc)”.

Carlo Nasi, profesor de la Universidad de los Andes, planteó en 2012, en el foro “Cese al fuego: ¿qué está en juego?”, que se realizó en Bogotá, las complejidades de una eventual tregua con la guerrilla que negocia en Cuba. “Si se declara una tregua con las Farc, debe tenerse en cuenta que ellos se encuentran desperdigados en todo el territorio nacional, por lo que la única tregua que sirve es una que sea monitoreable. Para monitorearlos, hay que concentrarlos en unas zonas específicas. Si se concentran, es una desventaja militar para las Farc porque se delimitan, se controlan y, si es el caso y se rompe el proceso de paz, los van a atacar muy fuertemente”.

Nasi fue cauteloso sobre la posibilidad de una tregua que, dijo, es “muy deseable y se constituye en un elemento para afianzar la confianza en un proceso de paz”. Y explicó la importancia de la disminución o la regulación de la violencia para la consolidación de la negociación. En la práctica, afirma, “la violencia es ‘tolerable’ en una negociación de paz, siempre y cuando se dé en momentos muy específicos donde uno diga que ese tipo de violencia está mandando un mensaje político a la mesa de negociación. En el caso salvadoreño, el Fmln utilizó por primera vez sus misiles tierra aire en una fase muy adelantada de la negociación, cuando la mesa había llegado a un impasse y los militares no querían hacer ciertas concesiones claves. Entonces la violencia es una herramienta que juega en una negociación. Lo que toca hacer es que las partes se autocontengan en el ejercicio de la violencia o la usen de manera estratégica”.

También, durante ese foro, fue clave la posición del coronel (r) Carlos Alfonso Velásquez, para quien el acuerdo, que no necesariamente se daría públicamente, podría consistir en parte en que el Gobierno ofrezca “suspensión, no eliminación, de misiones beta (bombardeos, por ejemplo) sobre campamentos de la guerrilla, a cambio de que ellos se comprometan a suspender, también, no eliminar, asaltos a puestos de Policía o bases militares permanentes o temporales ubicadas no más lejos de un kilómetro de áreas pobladas. En apoyo aerotáctico (misiones alfa) solamente se mantendrían las misiones de ametrallamiento en combates entre Ejército y guerrilla o Policía y guerrilla”.

De acuerdo con Page Fortna, profesora de Ciencia Política de Columbia University y cuyas investigaciones giran en torno a la durabilidad y la consolidación de la paz, el fin de la guerra y el terrorismo existen cuatro mecanismos por los cuales un cese al fuego bilateral puede fracasar.

“El primero es la agresión, entendida como una acción deliberada por una de las partes . El segundo está conducido por el miedo, la falta de confianza y la incertidumbre sobre las intenciones de la contraparte. En tercer lugar, puede haber accidentes o incidentes que llevan a las partes otra vez a la guerra. Y, el cuarto, ‘la exclusión particular’. Es decir, las dos partes van a tener luego que convivir juntas en el mismo lugar, (...) es muy difícil que se mantenga ese estado de paz si alguna de las partes piensa que, por ejemplo, las reformas que se habían prometido no ocurren”, dice Fortna.

Ante la expectativa de que se consolide un acuerdo de paz, el anuncio de la guerrilla es un bálsamo para quienes quieren ir aterrizando en la realidad la idea del fin del conflicto. Las condiciones, que fueron negadas oficialmente por el Gobierno, se convertirán formalmente en un obstáculo, pero pueden ser asumidas tácitamente y paulatinamente por el Estado. En últimas, el silencio de los fusiles es sólo el primer paso.

 

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