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Política 26 Mar 2013 - 4:50 pm

César Augusto Ayala Diago

Una biografía política es un camino para conocer la historia del país

César Ayala Diago pudo meterse en el laberinto de uno de los líderes conservadores más citados, como lo es Gilberto Alzate Avendaño.

Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras)/Colaboración
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Investigar, proponer, escribir y publicar una biografía sobre Gilberto Alzate Avendaño no es nada fácil y menos cuando el país vive continuamente una preocupante polarización. Y más aún cuando los medios, desconociendo ciertos personajes, hacen señalamientos, muchas veces irresponsables, sobre determinados hechos, situaciones o protagonistas de la historia.

Pero solo una persona como César Ayala Diago pudo meterse en el laberinto de husmear y sumergirse en la vida de un personaje muchas veces señalado y criticado, con justicia o sin ella y que hoy vuelve a ser noticia al publicarse una voluminosa biografía de uno de los líderes conservadores más citados, además de Laureano Gómez, como lo es Gilberto Alzate Avendaño.

Y Ayala Diago tiene toda la autoridad para hacerlo. Basta con ver su hoja de vida y encontrar pregrados, posgrados, especializaciones, centenares de ensayos publicados en diarios nacionales y extranjeros como El origen del MRL(1957-1960) y su conversión en disidencia radical del liberalismo colombiano; Política y dinamita.

La presencia de Cali en la historia colombiana del siglo XX; Bolívar en la fabricación ideológica del fascismo colombiano; Trazos y trozos sobre el uso y abuso de la Guerra civil española en Colombia; El discurso parlamentario de la representación Anapista en las Corporaciones Públicas durante la legislatura 1964-1966; Aspectos de la ideología de la Alianza Nacional Popular (ANAPO) durante los años 60. El caso de Hernando Olano Cruz; El movimiento de Acción Nacional: movilización y confluencia de idearios políticos durante el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla; La perversión del populismo en Colombia o el ocaso del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) entre otros.

Además de la trilogía sobre Alzate Avendaño, Ayala Diago es autor de los libros: La Explosión del Populismo en Colombia durante el Frente Nacional; Exclusión, discriminación y abuso de poder en El Tiempo del Frente Nacional.

Una aproximación desde el análisis crítico del discurso (ACD); El populismo atrapado, la memoria y el miedo. El caso de las elecciones de 1970; Resistencia y Oposición al Establecimiento del Frente Nacional. Los Orígenes de la Alianza Nacional Popular (ANAPO); Nacionalismo y Populismo. ANAPO y el discurso político de la oposición en Colombia: 1960-1966".

Ayala Diago es historiador y máster of arts de la Universidad rusa de la Amistad de los pueblos, y doctorado en historia por la Universidad Estatal de Lomonozov, en Moscú. Es también Mágister en Lingüística por la Universidad Nacional de Colombia. Se trata de un reconocido profesor de historia contemporánea en el Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia. Ha participado activamente en diferentes proyectos y programas no sólo dentro de la Universidad Nacional, sino fuera de ella en otros centros de educación superior.

Da gusto compartir con él una taza de café recién hecho, pues mientras uno huele y saborea el delicioso tinto, él habla casi sin parar, pareciéndose a un encantador de serpientes, pues cada página de la historia es relatada con tanta precisión y tan llena de datos, referencias y anécdotas, que uno se maravilla ante este hombre que también ha encantado a decenas de auditorios a lo largo y ancho del país.

Investigar sobre Gilberto Alzate Avendaño no fue nada fácil, pero tampoco imposible. Desde 2004 empezó su tarea y no dejó a un lado su trabajo hasta 2012 cuando por fin puso el punto final y entregó el último de los tomos de esta trilogía que dará mucho de qué hablar en los próximos meses.

- ¿Por qué decidió hacer una biografía sobre GAA?
- Me había encontrado con Alzate y con los alzatistas en una investigación anterior. Del alzatismo provino el liderazgo que tuvo en sus inicios la Alianza Nacional Popular, Anapo. Los alzatistas nutrieron la ideología del recientemente creado anapismo y con el tiempo terminaron coincidiendo con comunistas, socialistas y liberales de avanzada en las propuestas democráticas de las décadas de 1960 y 1970. Un comunista radical como José Cardona Hoyos fue formado en el alzatismo de los años de 1930. Llegué a GAA a través de su propia gente. Además estaba cansado de Laureanismo. Quería ver el otro conservatismo y me encontré con este interesante personaje. Hacer una biografía política es un camino que uno abre para conocer por esa brecha la historia del país. Cansado estaba también del peso de la historiografía liberal en la interpretación de la historia política de Colombia.

- ¿Desde un comienzo pensó que podría resultar una trilogía tan extensa?
- Se trataba de hacer una lectura de la historia política de Colombia desde un personaje representativo del Partido Conservador. O mejor de leer la historia política colombiana del siglo 20 a partir de la experiencia de un hombre. Eso significaba periodizar la historia de Alzate teniendo presente la periodización convencional de la historia del país: de los años de 1910 a los de 1930; la década de 1940 y finalmente la de 1950 incluyendo el proceloso año de 1960, el de su muerte. No se podía pensar en una biografía en un solo tono si no de rescatar personalidades intermedias devoradas por el sistema del bipartidismo colombiano. Por eso la presencia de tantas voces, porque se reivindican idearios olvidados concientemente por las historiografías existentes. Además, no existía una historia del conservatismo colombiano que me ahorrara explicaciones.

La crónica conservadora durante el siglo 20 sigue siendo pobre. No hay historia de sus intelectuales ni de sus dispositivos de expresión: la prensa de ese partido, las historias de vida. Me tocaba dar mucha información que la gente de ahora no sabe. Se trataba también de hacer una historia de los medios de comunicación, de los municipios y las regiones; de los mitos y los rituales. En últimas se trataba de hacer una historia de vidas, y de culturas. Por eso la investigación no podía pensarse de otra manera sino en clave de trilogía. Cada volumen tiene vida propia, tiene su propia autonomía. Se pueden leer los tres libros de manera independiente, cada uno está estructurado para ser comprendido independientemente de los demás. La trilogía se escribió en un lapso que cubre una década 2003 a 2013. Además de las historicidades implicadas en la comprensión de los problemas que se plantean los protagonistas, no es menos importante la historicidad del autor que coincide con la historia de Colombia entre 2003 y 2013.

- ¿Cuál fue la mayor dificultad en el proceso investigativo?
- La mayor dificultad fue el establecimiento de un marco moral que me permitiera tratar al personaje sin el prejuicio que implica haber sido formado en una cultura y una sensibilidad diametralmente opuestas. Lo primero que hice fue desarmarme ideológicamente y empezar a leer lo que leyó Alzate con los criterios que él lo hizo. Entender y comprender, el consejo de Lucién Febvre, lo tuve muy en cuenta. Pero cada tomo presentó un tipo particular de dificultades. En El Porvenir del Pasado el principal problema fue el heurístico. Las fuentes estaban dispersas por todo el país, sentía la presencia del personaje pero él no aparecía, era esquivo, resbaladizo. Y como desde joven escogió la calle para la política, su tendencia de guerrero lo colocaba detrás de bambalinas. Poco a poco va apareciendo.

En Inventando al Mariscal la dificultad mayor fue la comprobación de su implicancia en la violencia de Caldas. Me trasladé a buscar en los archivos judiciales de ese departamento documentos que testimoniaran tales culpabilidades. Más bien advertí montaje y prejuicios configurados. Ya en Democracia bendita seas conocía muy bien al personaje. El haberse convertido en un político en pleno florecimiento, con voz propia, con periódico propio, no tuve mayores problemas con fuentes. El tiempo me presionaba, las páginas escritas me abrumaban, la síntesis me exigía, he ahí la gran dificultad.

- ¿Cuál es la mayor satisfacción al concluir esta labor?
- Haber comprendido a un hombre controvertido. Haberlo liberado de tantas prisiones, sobre todo de la historia y de la historiografía. Haberme acercado a alguien que me ayudó a entender mejor a Colombia. Haber superado prejuicios gracias al estudio del detalle, a la descripción densa; al esfuerzo para comprender a alguien que supuestamente estuvo ubicado en la otra orilla. Considero que la trilogía puede abrir el camino para otras investigaciones. Hay allí métodos de trabajo, inspiraciones teóricas, apuestas arrojadas y una propuesta metodológica para abordar a un personaje y desde él leer la historia de un país. Creo que Alzate me dio la oportunidad para realizarme como historiador y le tributo mi profundo respeto. Ante situaciones complejas del diario vivir, suelo preguntarme cómo hubiera actuado Alzate.

- ¿Insiste en afirmar que los pensamientos de Gaitán y GAA fueron dos grandes proyectos políticos del siglo 20?
- Sí, sin duda alguna. Quizá su fracaso contribuya a ratificar esa tesis. Ambos personajes tenían no solo a flor de piel sino que con profundidad sentían el problema social como el principal de su época. En ese sentido ambos eran epocalistas, a ambos los marca y caracteriza. La sociedad marginada que vieron crecer como la espuma les preocupaba. Ambos fueron guerreros de esa causa, el uno desde una radicalizada democracia social y el otro desde la democracia cristiana. Eran dos apóstoles laicos, vilipendiados afuera y adentro de sus propias colectividades políticas. Gaitán está por dentro de Alzate, éste a lo mejor no lo supo, pero el país por el que luchaban en el fondo era el mismo, el de un país más igual, menos inequitativo, más incluyente. La cultura del bipartidismo los separó, la causa de uno muerto y otro vivo los unió, y la desaparición de ambos en plena cumbre los sacraliza como dos proyectos frustrados que a la vez les da vigencia. El país tremendamente desigual, injusto y fragmentado en el que vivimos hace que Gaitán y Alzate estén presentes.

- ¿Cree que Gaitán era un liberal muy conservador?
- Gaitán fue una síntesis de la cultura política colombiana. Estuvo en el partido que le tocó. En su época se nacía en Colombia en el seno de uno de los dos partidos tradicionales sin posibilidad de tránsito. Las masas estaban adscriptas a una parcialidad y si se quería hacer política había que permanecer allí. Fue un hombre equilibrado, sabía que en las corrientes ideológicas había elementos dignos de imitar y de rechazar. Por eso prefirió hablar de oligarquía para denominar así a los adversarios que se encontraban en su propio partido y en el ajeno. Más bien fue un positivista comtiano tardío, con una capacidad de llegar a liberales y a conservadores de abajo.

No hubiera sido posible Gaitán si su convocatoria no hubiera llegado al conservatismo democrático y popular. Incluso su apelación a Cristo, al campesino, a la tierra, a la justicia social, a la restauración moral, etc; elementos que no eran ajenos a la sensibilidad conservadora que promovían los ideólogos del joven conservatismo que le admiraba y que en él se emulaba. Gaitán es síntesis, en él está casi todo: liberalismo, socialismo, positivismo, conservatismo. Era influenciable, aprendía con suficiencia, bebía contenidos y formas. Del fascismo mucho le disgustó, pero admiró sus maneras seductoras y espectaculares de hacer política para seducir y convencer. No estaba lejano del ideario socialista, ni del populismo. Fue lo que fue porque a miles representaba y los representados en alguna parte de su ideario cabían.

- ¿Considera que las ideas liberales de GAA no eran propias de un conservador?
- En Alzate se percibe un proceso parecido pero vivido con mayor drama, pues la permeabilidad que distingue al liberalismo no le caracteriza al conservatismo. Aquí hay que ser más estratega. El orden interno y la doctrina en el partido conservador son más estrictos, el poder es más sagrado. Era un conservador a carta cabal, solo que moderno, con la tarea autoimpuesta de modernizar su partido. En el fondo de las cosas los dos partidos colombianos se van influyendo mutuamente, se van pareciendo. El uno no puede vivir sin la historia del otro, sin rechazar al otro, pero también sin dejar de copiarle al otro. Se nutren mutuamente. La tradición también fluye, decía Alzate para legitimar la necesidad de adecuar el conservatismo a los tiempos que corrían y ponerlo en las condiciones de poder competir con un liberalismo que movía sus mojones a la izquierda cada vez que quería fortalecerse abajo. Era la época, imposible quedarse atrás, era su educación, su ideario.

- ¿Cree que las banderas del MRL se erigieron sobre las ideas de GAA?
- El Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) nació en 1957, en las puertas del Frente Nacional. Sus ideólogos fueron agentes de ese pacto político. Incluso querían que el nuevo engendro bipartidista consiguiera realizar la revolución burguesa aplazada en Colombia. Era un proyecto de liberales de bien, bien definidos, de tiempo completo, decían. No hablaban en un principio de Gaitán y ni siquiera de la ideología de López Pumarejo quien era realmente el personaje que estaba detrás de la ingeniosa maniobra liberal. Simultáneamente se encontraron con un Alzate Avendaño que se oponía al establecimiento del Frente Nacional con banderas que a ellos les hubiera correspondido flamear: contra los monopolios, contra la concentración del capital y de la riqueza, contra la eliminación de la democracia burguesa, contra la estatización de los partidos políticos, contra la posibilidad del surgimiento de terceras fuerzas, etc. Es un mito el que la radicalización del MRL haya sido por el triunfo de la revolución cubana en 1959. En realidad se debió a la radicalización del pensamiento de Alzate Avendaño que amenazaba con dejar sin banderas al liberalismo, socio mayor del pacto frentenacionalista.

- ¿Cuál es el principal compromiso de un líder político?
- La trilogía tiene como uno de sus objetivos mostrar cómo era el político de no hace mucho: letrado, con una cultura vasta, sólida, buen lector, sofisticadamente culto. Atento a la manera como los otros países habían resuelto sus grandes males, con una sensibilidad social profunda, profundamente interesado en su región y en los problemas de la gente sencilla. Conocedor de las reglas del arte. Con una ética de responsabilidad admirable. Es decir, el líder político de otrora era todo lo contrario al de los tiempos que corren. La trilogía es un manual de comportamiento, un manual incluso para aprender no solo historia de Colombia sino también a construirse como líder político. Hay un cántico de nostalgia por el político que hubo.

- ¿Quiénes cree que van a recibir mejor esta trilogía de GAA?
- Uno no sabe de los destinos de los libros, de sus destinatarios. Ojalá que los alzatistas que quedan reciban bien este Alzate que para ellos he redescubierto y liberado. Ojalá que los jóvenes que aspiran a la política aprendan de este personaje tantas enseñanzas que se desprenden de esta investigación, y ojalá que los conservadores que hoy representan ese partido recuerden leyendo esta obra que el conservatismo tuvo en Alzate una propuesta profunda y sagrada de la democracia, y que no dejó que su partido se hundiera en la reacción y la caverna. Como profesional del campo de la historia deseo que la trilogía contribuya a abrir la brecha para avanzar en la necesaria historiografía de la historia política colombiana.
 

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Contradictor

Mie, 03/27/2013 - 18:15
No creo ni de fundas que Alzate luchara por justicia social.- Su formación política se lo impedía.-
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