Una pausa para airear los diálogos

Iría acompañada de tregua bilateral y el compromiso sería retomar las conversaciones Gobierno Farc después del debate electoral.

El proceso de negociación entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Farc que se adelanta en La Habana (Cuba) comienza a transitar peligrosamente por caminos pantanosos que podrían llevar a su suspensión o, incluso, su cancelación definitiva. El discurso del jefe de Estado el pasado martes ante la Asamblea General de las Naciones Unidas provocó una dura reacción de alias Timochenko, máximo líder de la organización subversiva, que en una carta publicada a través de internet califica la actitud del mandatario de “arrogante y mezquina” y anuncia que los negociadores en Cuba elaborarán un informe “con el exclusivo propósito de que el país y el mundo conozcan en verdad lo que ocurre en la mesa”.

Según el jefe guerrillero, tal es la respuesta que les queda ante la “ofensiva discursiva y mediática” por parte del presidente. En la carta, titulada “Tanta retórica hace daño, Santos”, Timochenko cuestiona que el Gobierno considere que sólo sus propuestas “merezcan atención” en la mesa de diálogo y que la responsabilidad del conflicto armado les sea atribuida a las Farc. Asimismo habla de “imposiciones unilaterales”, como el Marco Legal para la Paz y una ley de referendo, los cuales fueron, según él, diseñados “sin contar para nada con nuestra opinión” y son la “única fórmula que considera válida para los puntos sobre víctimas y participación política”. Luego enfatiza: “Santos, alucinado, confía en doblegarnos con gruñidos. Estamos muy viejos para eso. La clave está en consensuar, en cambiar para bien esa actitud arrogante y mezquina”.

Pero además, al referirse a las advertencias que el jefe de Estado les ha hecho a las Farc en el sentido de que el tiempo y la paciencia de los colombianos se agotan y que hay que firmar la paz —reiteradas en el discurso ante Naciones Unidas—, Timochenko dice que “lo que acorta en realidad es el tiempo para definir su candidatura a la reelección, y es evidente su afán de exhibir al país un acuerdo. Pero ni siquiera por ello asume una posición que facilite la concertación. Somos nosotros quienes debemos ceder a sus afanes y firmar cuanto antes lo que él quiere. Vuelve a llamarnos terroristas, se ufana de haber derramado nuestra sangre como nadie en los últimos cincuenta años y exhibe en cada mano la cabeza de un miembro del Secretariado”.

Para algunos, el comunicado podría llevar al rompimiento de las negociaciones, pero para otros se trata de una muestra más de que en este tipo de procesos cada quien trata de mostrarse lo más fuerte posible ante la contraparte. Quizás por eso han regresado los rumores sobre una propuesta que ya había sido ventilada y que apuntaría a suspender las conversaciones para evitar que se crucen con el debate electoral de 2014. De ahí la columna del pasado fin de semana del general (r) Óscar Naranjo en el diario El Tiempo, titulada “El poder de la pausa”, en la que señala que “con una agenda nacional centrada en el propósito de derrotar la violencia y alcanzar la paz, lo que se nos ocurre es que la pausa es necesaria para promover el debate político sobre argumentos más racionales que emocionales”.

Lo que se dice en los círculos cercanos al proceso de paz es que ya está claro que no es posible cumplir con la fecha de noviembre como plazo para la firma de un acuerdo final, incluyendo desmovilización y entrega de armas. También, que los avances en el segundo punto de la agenda, el de la participación política, han sido pocos. Ante esta coyuntura, la idea de parar o “hacer una pausa”, como dice Naranjo, ha vuelto a tomar fuerza.

Mejor dicho, las partes piensan que eso sería lo más conveniente para evitar el colapso de la mesa, que casi un año después de su instalación no ha logrado acuerdos sustanciales o definitivos. Y, al parecer, lo que se ha venido debatiendo es cuándo y cómo, además de definir los detalles para su reanudación una vez se supere el debate electoral en Colombia. Algo que se buscaría sería más apoyo internacional para presionar a la guerrilla en la concreción de un acuerdo. Por cierto, otra propuesta es que dicha suspensión vaya acompañada de una tregua bilateral, buscando ambientar el tema de convivir pacíficamente durante un tiempo prudencial. “Algo así como una especie de ensayo”, dijo una fuente cercana a la Casa de Nariño. Y a juzgar por la carta de Timochenko a Santos, sí que se necesita calmar los ánimos.