Paz 14 Sep 2013 - 9:00 pm

La postura del presidente del Grupo Sura, David Bojanini

"Se necesita voluntad del empresariado"

Confianza. Esa es la principal herramienta que debe tener lista el país para construir un nuevo escenario en paz bajo un trabajo en conjunto con los generadores de empleo, las autoridades y la sociedad civil en general.

Por: Edwin Bohórquez Aya
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David Bojanini, presidente del Grupo Sura. / Cortesía

“Si quieres hacer la paz con tu enemigo, tienes que trabajar con él. Entonces se convierte en tu compañero”. La frase, acuñada por Nelson Mandela, Nobel de Paz en 1993, fue una de esas con las que logró unir a toda una nación bañada por sangre tras la lucha racial en Sudáfrica. Y con ella hizo entender que la libertad de un pueblo no sólo se conseguía rompiendo unas oxidadas cadenas de los pies. Se lograba cuando toda la sociedad entendía, por fin, que el punto por alcanzar era cuando todos pudiéramos vivir en armonía y con igualdad de posibilidades.

Pues de eso se trata, de remar todos para el mismo lado. De la Colombia libre de guerra, donde el Gobierno, las autoridades y la sociedad civil logren establecer un escenario adecuado para entrar en una fase de reconciliación. Así lo ve David Bojanini, presidente del Grupo Sura, uno de los conglomerados económicos más fuertes del país, quien habló con El Espectador desde la tribuna de los generadores de empleo y los forjadores de empresa sobre el futuro de Colombia en paz. “Se trata de recuperar la confianza con quienes se retiran del conflicto y trabajar por un propósito común con ellos”. Ese, advierte, “será el mayor reto”.

¿Cuál será el impacto que tendrá la economía tras un eventual acuerdo de paz? Por ejemplo, ¿cómo impactará al PIB?

No hay duda de que nuestro país, sin el conflicto interno que vive actualmente, se convierte en un territorio aún más atractivo para la inversión a todo nivel, en especial gracias al factor de estabilidad. Asimismo, el ambiente de confianza que florece en un escenario de paz redunda en mejores expectativas de crecimiento, mayor consumo por parte de la población e impulso a la toma de decisiones que favorezcan los negocios, en fin. Esto impacta directamente el crecimiento, pues la confianza es una de las variables fundamentales en el desarrollo económico y social de cualquier territorio.

Es claro que de una negociación exitosa se derivan beneficios directos para las finanzas de la nación, especialmente en el mediano y largo plazo. Quizás en el corto represente un esfuerzo mayor, por todo lo que significaría la etapa del posconflicto, en términos de inversión social, sin descuidar la seguridad.

En la actualidad, las inversiones en seguridad representan un porcentaje importante del PIB (se habla de alrededor del 3,5%). Estos recursos podrán ser destinados, en el mediano plazo, a otras necesidades del país y a fortalecer a Colombia en frentes que impulsen definitivamente su competitividad y potencien el crecimiento a todo nivel.

¿Qué impacto se tendría en indicadores como el desempleo? ¿Y la inversión extranjera directa, que hoy es récord?

Un inversionista de largo plazo siempre tiene en cuenta la estabilidad política, social y económica como criterio determinante. Un país sin conflicto interno ofrece condiciones más propicias para la inversión. Asimismo, al tener un panorama estable de seguridad en Colombia, las empresas ya instaladas tendrían un incentivo adicional para fortalecer sus inversiones y darles permanencia en el tiempo. Todo esto, en el mediano y largo plazo, sumado a inversiones bien enfocadas en los aspectos esenciales de la competitividad, impulsaría fuertemente a Colombia y tendría efectos indiscutibles en los indicadores de crecimiento económico y social, incluido el empleo.

En un escenario de posconflicto, ¿qué protagonismo debe tener el sector empresarial? ¿Qué parte le corresponde? ¿Cuál debería ser su aporte?

El sector empresarial tiene que seguir haciendo su tarea, redoblando esfuerzos para tener compañías que compitan en el ámbito global, que se fortalezcan en productividad, que innoven y, sobre todo, que actúen en forma responsable, comprometidas con la sostenibilidad del territorio que habitan y que actúen con criterios éticos, fortaleciendo la institucionalidad.

¿De dónde cree usted que el Gobierno debería captar los recursos necesarios para atender el posconflicto?

Estas son decisiones que involucran una estrategia de planeación fiscal que le corresponde analizar al Gobierno. Históricamente ha existido una partida importante para gasto en seguridad. Probablemente en el escenario de posconflicto la fuente podría ser la misma, pero con fines y objetivos distintos, encaminados a la construcción de sociedad en el marco de la reconciliación.

 La guerra es muy costosa. ¿Qué tantos recursos se necesitan para invertir en la paz?

Seguramente se necesitarán muchos recursos para apoyar los procesos de reinserción, para generar proyectos productivos, incluso para recuperar tierras desgastadas o desperdiciadas en medio del conflicto. Muchos de estos recursos están destinados hoy a otros propósitos y deberá reenfocarse su destinación, pero más allá de los recursos, lo que se necesita es la voluntad del empresariado, de las autoridades y de la sociedad civil para entrar en una fase de reconciliación. Recuperar la confianza con quienes se retiran del conflicto y trabajar por un propósito común con ellos serán los mayores retos.

Hoy se destina una importante proporción del presupuesto a la defensa del Estado. Ese dinero que ya no se necesitaría para ese fin, ¿en qué se debería invertir? ¿Educación, inversión social, por ejemplo?

En el corto plazo se debe mantener una inversión importante en temas de seguridad y defensa, sobre todo para combatir y evitar que crezcan fenómenos de violencia que pueden surgir en el posconflicto, como las denominadas bacrim u otros problemas de delincuencia. Adicionalmente, se requerirán inversiones importantes en ayuda psicosocial, para la reinserción y rehabilitación de quienes han sido parte del conflicto.

En el mediano y largo plazo el reto es cómo pasar de ser un país que invierte en la defensa del Estado, a ser un país que enfoca sus mayores esfuerzos en invertir en la agenda social y de competitividad, que es la que verdaderamente impulsará el desarrollo en el posconflicto. Esta agenda pasa por temas como la infraestructura, la innovación, las TIC, el sector financiero, entre otros, pero destacaría, sobre todo, en la denominada agenda horizontal, la necesidad de invertir en la educación, como el gran factor de inclusión social, y en el fortalecimiento institucional del país, que se traduce en estabilidad a largo plazo.

El campo vive una situación muy grave. Insumos caros, transporte por las nubes, intermediarios que se quedan con las ganancias. ¿Cuál es el reto del Gobierno, si se logra la paz, que permita que el campo sea un escenario productivo y sostenible?

El tema agrario tiene múltiples aristas. En el aspecto económico el mayor reto, sin duda, es la productividad del campo. Hay que invertir en factores que impulsen la productividad del pequeño agricultor y también de la gran empresa. Por ejemplo, mejorar la infraestructura, entregar mayor soporte técnico y fomentar la agroindustria a través de la investigación y la innovación, todo ello para producir con mayor eficacia, evitando así una agricultura subsidiada, ya que sólo de esta manera el proceso de desarrollo del campo será sostenible. Para que esto suceda, como en todo, debe haber una institucionalidad agrícola moderna y muy sólida.

La minería ilegal ha sido un detonante de la guerra en otros países, como en El Congo. ¿Cree que si no se combate con los dientes necesarios podría ser un detonante de guerra después de lograr la paz?

Lograr la completa formalidad del sector minero es uno de los grandes retos del país, sobre todo por ser uno de los sectores que más aporta al PIB. Si Colombia logra fortalecer este sector de la economía, con políticas sostenibles a largo plazo, habrá grandes beneficios para el país y para los miles de trabajadores que se dedican a la minería. Ha habido esfuerzos importantes para avanzar en la formalidad, pero aún hay un largo camino por recorrer.

También en este sector se requieren instituciones sólidas que permitan apuntalar el marco normativo tanto para las grandes empresas como para la minería artesanal. Esto es fundamental para el desarrollo y fortalecimiento de buenas prácticas en materia ambiental y social.

Las Farc han hablado de cambiar el modelo económico del país, de impactar el campo con más fuerza. O de ponerles mayores controles a los capitales extranjeros. ¿Cuál es su opinión?

La atracción de inversión de largo plazo es una de las características de los países desarrollados. Esto demuestra que hay credibilidad y confianza en el entorno inversionista, en la estabilidad de los gobiernos, en el capital humano... Por consiguiente, el trabajo desde el sector privado, tanto para el campo como para cualquier otro sector, es invertir en el país en el largo plazo y generar dinámicas de encadenamiento y productividad que traen beneficios en múltiples indicadores sociales y económicos.

¿Cree que lo más adecuado es una constituyente para refrendar los eventuales acuerdos de paz o, como dice el Gobierno, un referendo?

El objetivo es poner fin a un conflicto que impide que Colombia desarrolle todo su potencial como país. El Gobierno, que tiene el panorama completo del proceso de paz, sabrá cuál es el mecanismo más adecuado para refrendarlo.

¿Una organización como el Grupo Sura emplearía a reinsertados?

En el pasado lo hemos hecho. Nuestra compañía tiene políticas claras de inclusión laboral. Obviamente esto requiere no sólo a nivel de las empresas, sino de toda la sociedad, que recorramos un camino de recuperación de la confianza. Sabemos que es complejo, pero es parte de nuestro compromiso.

Grupo Sura, un conglomerado de peso

El 2011 será recordado como un año de inflexión en la historia de Sura: tras comprar las operaciones de la aseguradora holandesa ING en la región, a cambio de $6,7 billones, se convirtió en una auténtica multilatina con negocios en Chile, México, Perú, Uruguay y Colombia, sumando además 25 millones de clientes.

La multinacional, cuya historia inició en 1944 en Medellín, es hoy una pieza clave del Grupo Empresarial Antioqueño, el conglomerado que abarca cerca del 8% del PIB colombiano.

Sura es hoy el principal actor en el negocio de pensiones de América Latina y uno de los principales en seguros.

 

Su acción es una de las más importantes del índice Colcap de la Bolsa de Valores de Colombia, con una capitalización bursátil que, a cierre de 2012, ascendió a $21,9 billones (también cotiza en la Bolsa de Nueva York). En su portafolio se encuentran inversiones estratégicas en alimentos, cemento y energía.

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omkfhytrhxz

Mar, 10/29/2013 - 12:37
Este canoso tonto se va quedar esperando que los asesinos de la far se conviertan en “tu compañero”, si te descuidas te darán por “tu culo”.
Opinión por:

Hijo de Antioquia

Dom, 09/15/2013 - 15:53
Este es otro traidor que trabaja de la mano con Santos, cuando la verdadera realidad para los empresarios en Colombia es que el gobierno se convirtió en su principal enemigo, ya no se crean empresas que no sean monopolios del gobierno, porque nacen muertas, se las come la DIAN, pasan de ser fuentes de empleo y desarrollo, a ser tratados como delincuentes, por no pagar la extorsión que ellos llaman impuesto, cuando en países como China los empresarios son protegidos para que lleven divisas al país y así generan un circulo de ingresos que favorece también al gobierno
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