Colombianos respaldan el impuesto a las bebidas azucaradas

Así lo ratifica la encuesta de Infométrika, con respecto a este tipo de políticas públicas relacionadas con la prevención de la obesidad y otras enfermedades no transmisibles. Medidas que han sido propuestas de acuerdo con recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

El impuesto a las bebidas azucaradas es una propuesta de los ministerios de Salud y Hacienda que hace parte de la Reforma Tributaria que está en trámite en el Congreso de la República y que según una encuesta realizada por Infométrika, siete de cada 10 colombianos apoya.

Los resultados también muestran que 8 de cada 10 colombianos saben que existe una relación entre las enfermedades y el consumo de bebidas chatarra. Esto desmiente lo que dicen algunos parlamentarios que privilegian intereses comerciales por encima de los intereses de salud pública. Las personas saben más del tema que los congresistas que toman decisiones, quienes deberían informarse para contribuir a salvar vidas, manifestó Esperanza Cerón Villaquirán, médica y directora de Educar Consumidores, una organización de la sociedad civil.

Creí que habría menos disposición de las personas a aceptar un impuesto por un producto de consumo diario, pero la encuesta demostró que los colombianos son conscientes de sus efectos en la salud. Y es que según la encuesta, 9 de cada 10 entrevistados reconocieron que el consumo de las bebidas azucaradas incrementa el riesgo de padecer alguna enfermedad, explicó Denis López, gerente general de Infometrika, quien también aclaró que la encuesta es representativa a escala nacional.

Mucha gente en el consultorio me ha dicho que consume estas bebidas porque son más baratas. No es justo que en el segundo país más biodiverso del planeta, las personas más pobres tengan que consumir los productos de peor calidad. Como médica, considero que es un argumento antiético que personas que no tienen ninguna carencia nutricional pretendan que los más pobres sigan almorzando solo una bebida endulzada y una empanada, concluye Cerón.