Salud |14 Mar 2012 - 10:35 pm
Esperanza para prevenir la tuberculosis
El fármaco que apoya Bill Gates fue diseñado por un grupo de la Universidad de Zaragoza.
Por: Jaime Prats, especial de 'El País'
El magnate de la tecnología Bill Gates, financiador de parte del desarrollo de la que podría ser la nueva vacuna contra la tuberculosis. / Flickr: World Economic Forum
Unas 10.000 dosis de una innovadora vacuna de la tuberculosis diseñada por el equipo de Carlos Martín, de la Universidad de Zaragoza y fabricada por la biofarmacéutica gallega Biofabri se encuentran a la espera de que las autoridades sanitarias concedan los permisos necesarios para dar comienzo a los ensayos clínicos que demuestren su seguridad y eficacia.
'Espero que este año empiecen las pruebas en humanos', apunta Martín, catedrático de Microbiología. Hasta el momento, la única vacuna preventiva existente frente a esta enfermedad en auge (un tercio de la población mundial está infectada, dos millones de personas mueren cada año) es de 1920 y se ha mostrado incapaz de hacer frente a la bacteria causante de la enfermedad, el Mycobacterum tuberculosis.
Los intentos de mejorar esta vieja vacuna, el bacilo de Calmette-Gérin (BCG), siempre han partido del mismo punto: el propio BCG mejorado. Martín, sin embargo, ha empezado de cero, como explica. Y después de casi 20 años tiene a punto un medicamento cuyo diseño parte de una nueva cepa a la que ha introducido dos alteraciones genéticas para atenuar su virulencia y que ha bautizado como MTBVAC.
'Responde a un enfoque muy novedoso y eso es lo que le gustó a Bill Gates', comenta Martín, quien se reunió en marzo de 2012 con el fundador de Microsoft, ahora volcado en su labor filantrópica al frente de la Fundación Bill y Melinda Gates.
La MTBVAC es una vacuna viva clásica, es decir, una bacteria de la tuberculosis atenuada que pretende activar el sistema inmune humano para que sea capaz de reconocer al agente infeccioso y proteja a largo plazo frente a la forma más común de la enfermedad: la respiratoria. El objetivo es que mejore los resultados de la BCG, activa frente a formas peligrosas de la enfermedad, como la meningitis tuberculosa infantil, pero con eficacia variable (del 0 al 80%) ante la forma común.
El origen del diseño de la MTBVAC está en un brote de tuberculosis resistente que se produjo en España en 1993. 'Esto le atrajo bastante a Gates, que partiéramos de la experiencia de la cepa de un enfermo', apunta Martín, miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciber) de Enfermedades respiratorias. Observaron que los pacientes afectados tenían unas cepas en las que estaba especialmente activo un factor de transcripción (proteínas que condicionan la expresión de un gen) que regula el 4% del genoma de la tuberculosis, en gran parte, vinculado a factores de virulencia.
En un primer diseño, en el que participó Brigitte Gicquel, del Instituto Pasteur de París, se modificó el genoma para bloquear el gen que expresaba esta proteína -denominado PhoP- con el fin de domesticar la cepa al tiempo que despertaba inmunidad. Los resultados fueron satisfactorios en ratón (2001), cobaya (2006) y macacos (2009). En cobayas, el 100% de los animales vacunados sobrevivieron a una infección de la bacteria frente al 67% que murieron con BCG.
En 2005, se introdujo un cambio en los protocolos internacionales y se alcanzó un consenso para nuevas vacunas atenuadas contra la tuberculosis que obligó a alterar la vacuna. En lugar de introducir un interruptor para bloquear el gen, se eliminó parte del gen PhoP. Además, se retiró otro gen (el fadD26) que regula la síntesis de un lípido (PDIM) que también tiene un importante peso en la agresividad de la bacteria. Estas grasas envuelven la cobertura de la bacteria, engañan al sistema inmune y hacen que el agente infeccioso pase inadvertido a las defensas humanas. Ensayos posteriores en animales con la nueva vacuna demuestran que protege igual o más (a altas dosis) que el BCG.
Martín pretende comenzar este año el ensayo clínico en fase 1 que partirá con una prueba de seguridad en 36 personas sanas. Si todo va bien, se pasará a las siguientes etapas en las que se analiza la eficacia. 'En este tipo de vacunas, como con la malaria, es necesario el ensayo en humanos para medir su validez', explica. De cada 20 ensayos en fase 1 que comienzan, solo 10 pasan a fase dos, en los que se prueba en varios cientos de enfermos no solo la toxicidad sino también la eficacia. De ellos, entre dos o tres llegarán a la tercera fase, cuando se administra a miles de pacientes.
De la primera fase, con un coste de algo menos de un millón de euros, se ocupará la empresa Biofabri. Si todo va bien y se alcanzan las siguientes etapas, los precios se disparan. Es entonces cuando quizás entre en juego la Fundación Bill y Melinda Gates.
Por: Jaime Prats, especial de 'El País'
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