Chequeo mental a Colombia

Hace 10 meses concluyó la Encuesta Nacional de Salud Mental. Las conclusiones que deberían sacudir los debates políticos y hacer replantear aspectos del sistema educativo o de salud han pasado inadvertidas. Cuatro periodistas exploran los hallazgos más importantes en estos provocadores reportajes.

El 9 % de la población colombiana enfrenta algún trastorno mental cada año.Óscar Pérez

Las predicciones de algunos neurocientíficos, como Robert Epstein, es que tomará siglos enteros entender el cerebro humano. Primero, hace falta lo más básico, que es conocer el estado de los 86 mil millones de neuronas que pueblan nuestro cerebro, así como sus 100 trillones de interconexiones. En cada una de esas conexiones hace falta revelar el papel de más de 1.000 proteínas. Entender cómo la actividad de cada momento del cerebro contribuye a la integridad del sistema. Todo esto sin olvidar “el carácter único de cada cerebro, provocado debido en parte a la singularidad de la historia de vida de cada persona”.

Mientras esos presagios científicos se cumplen en algún lejano momento y mientras surgen soluciones terapéuticas más efectivas para corregir los desajustes que desembocan en una enfermedad mental, quedan tareas más sencillas por cumplir frente a las demandas de las personas afectadas por algún trastorno y de la salud mental de la sociedad en general.

Destinar, por ejemplo, los recursos necesarios para atender al 9 % de la población que enfrenta algún trastorno mental cada año; apoyar a los hospitales, clínicas y profesionales que hacen frente a ese problema; combatir la burocracia, que no permite que las mínimas provisiones de medicamentos lleguen a los pacientes. Evitar el estigma, y trabajar en la prevención de muchas de estas condiciones. También pensar y diseñar sistemas escolares y laborales que propendan por la salud mental de todos. Al final de cuentas, es un asunto colectivo.

Hace seis meses un grupo de psiquiatras de la U. Javeriana, quienes realizaron la Encuesta Nacional de Salud Mental (ENSM), se sentaron a conversar con un grupo de periodistas invitados por El Espectador. La mayoría de los hallazgos de esa investigación, en la que participaron más de 350 personas, están a la espera de un debate social y político. Con el apoyo de la U. de la Sabana y la Beca Rosalynn Carter para Periodismo en Salud Mental, los cuatro periodistas desarrollaron los reportajes que presentamos en esta serie sobre salud mental.

En Tenemos que hablar de Horacio  el periodista Santiago Wills, finalista del Premio Gabriel García Márquez y del premio de crónicas Nuevas Plumas, narra la historia de un niño enfrentado al horror de la violencia intrafamiliar y que padece el Síndrome de Estrés Postraumático. No es un caso excepcional. Según la Encuesta Nacional de Salud Mental 2015, 496.663 niños colombianos han presenciado o sido víctimas de violencia. En muchos de ellos su salud mental se alteró de forma quizás definitiva.

Juan Camilo Maldonado, editor general de Vice Colombia, explora en el reportaje Colombianos, ¿programados para ser indolentes?  las razones por las cuales a los colombianos nos cuesta trabajo reconocer emociones negativas en las otras personas. De acuerdo con la ENSM, tan sólo el 19 % de adultos reconoce rostros de miedo y el 27 % de tristeza. Psiquiatras, educadores e investigadores intentan responder si esta falta de empatía nos empujó a la guerra o es su resultado. 

Juan Carlos Rincón, editor de las páginas de opinión de El Espectador, abordó en El cementerio de las familias colombianas una dolorosa realidad que enfrentan miles de colombianos: la disolución de sus familias frente a las Comisarías y Juzgados de Familia. “Es común encontrarse con papás que prefieren renunciar a sus trabajos que cederles parte de su salario a sus hijos — le contó Francisco Niño, juez del Circuito de Cúcuta —. La mayoría de los que fallan son los hombres, pero también hay mujeres”. La información de la ENSM lo respalda: en Colombia, sólo el 58,1 % de los padres biológicos contribuyen con los gastos de los niños, mientras que el 79,7% de las madres lo hacen.

Por último, Tatiana Acevedo, historiadora y columnista de El Espectador,  intenta entender un sorprendente resultado que arrojó la ENSM: en el Caribe se reportaron menos casos de trastornos depresivos, trastornos afectivos bipolares, esquizofrenia y otras sicosis. Luego de varios meses de investigación con poblaciones caribeñas, la autora arriesga algunas hipótesis sobre esta diferencia regional en el reportaje “Soy folclor, soy alegría, soy tristeza y desengaño”.