Ideas incómodas sobre el cáncer

La cirujana especializada en cáncer de seno dice lo que muchos médicos hace tiempo saben pero no se atreven a mencionar en voz alta: se está sobrediagnosticando y sobretratando el cáncer.

Laura Esserman se graduó de la Universidad de Harvard y como cirujana de la Universidad de Stanford. / Cortesía
Laura Esserman se graduó de la Universidad de Harvard y como cirujana de la Universidad de Stanford. / Cortesía

Después de 25 años de atender, diagnosticar, operar y tratar mujeres con cáncer de seno, Laura Esserman decidió comenzar a desobedecer lo que sus profesores de la escuela de cirugía de la Universidad de Stanford le habían enseñado sobre el comportamiento de los tumores.

“Siempre pensamos que la clave para reducir la mortalidad por cáncer era detectarlo a tiempo. Pero creo que la biología nos está diciendo que ese no es el caso, que es más complicado”, dice la doctora Esserman en un español que no suena nada mal. La semana pasada esta investigadora de la Universidad de California, en San Francisco, publicó en la revista JAMA un artículo que va en contravía de lo que gran parte de sus colegas sigue recomendando a los pacientes alrededor del mundo.

En el artículo, titulado Sobrediagnóstico y sobretratamiento del cáncer, escrito junto a Ian M. Thompson (una autoridad mundial en cáncer de próstata) y Brian Reid, del Cancer Research Center en Washington, los tres especialistas demuestran con cifras en mano que en las últimas tres décadas aumentó considerablemente el diagnóstico de tumores de mama, de próstata, de tiroides, piel y cáncer de cuello uterino, pero las tasas de mortalidad se mantuvieron más o menos en los mismos niveles.

Lo que los tres médicos están insinuando es que durante 30 años, miles de personas han salido de los consultorios médicos con un diagnóstico de cáncer directamente a salas de quimioterapia o radioterapia o a quirófanos sin que ese tratamiento resultara útil o, peor aún, sin que fuera necesario.

“En el caso del cáncer de seno, al igual que en el cáncer de próstata, hemos ido descubriendo que muchos de ellos no necesariamente van a matar a la persona. Creo que debemos hacer algunos ajustes en la forma como los detectamos, como los buscamos, y hacer menos cuando sea apropiado y más cuando sea apropiado”, explica Esserman.

Las palabras que elige para responder las preguntas son moderadas y tranquilas. Pero ella sabe bastante bien que sus ideas y las de sus compañeros en este debate resultan incendiarias dentro de la comunidad médica. Los programas de tamizaje para detectar cáncer, así como los tratamientos oncológicos, constituyen hoy un gigantesco y multimillonario negocio. Y tanto dinero de por medio hace difícil una discusión transparente.

Cuenta que en la última semana ha recibido muchas críticas, pero también decenas de correos con comentarios positivos: “Muchos nos han dicho: menos mal está hablando de esto porque tenemos que cambiar. Muchos quieren ayudar, y yo creo que eso es muy positivo”.

En un trabajo publicado en 2010, dos especialistas del National Cancer Institute de Estados Unidos estimaron que el problema del sobrediagnóstico podía ser de un 25% para cáncer de seno, 50% en cáncer de pulmón y hasta 60% en cáncer de próstata.

Esserman insiste en que varias décadas de lucha contra el cáncer han dejado como aprendizaje que se trata de un amplio espectro de enfermedades y exige entender caso por caso. “Tenemos que pensar más en cómo estos tumores se comportan. Eso es lo más importante. Algunos pueden crecer lentamente mientras otros van a ser más agresivos”, dice.

¿Qué haría si en este momento usted fuera una paciente con un diagnóstico de papiloma? “No haría nada. Sólo esperar y hacer pruebas cada seis meses para ver qué pasa”, responde Esserman. ¿Y si saliera positiva en una mamografía? “Cuando se tienen calcificaciones en el seno el riesgo de desarrollar un cáncer es pequeño. También se puede esperar seis meses porque no hay urgencia”, dice la especialista, pero aclara: “Si hay una masa o algo sospechoso, entonces se necesita una biopsia o exámenes moleculares para saber un poco más sobre el comportamiento de ese tumor”.

Y en el caso de un paciente que acaba de resultar positivo en la prueba del antígeno prostático, ¿cuál es la recomendación? “Nuestras ideas sobre el cáncer de próstata van a cambiar. El cáncer de próstata es muy común. Una persona que tiene 70 años tiene un 70% de riesgo de desarrollar cáncer prostático. Y seguramente el 70% de esa población no va a morir de cáncer prostático”, explica, antes de volver sobre una idea que repite a lo largo de la conversación: “Tenemos que pensar distinto en vez de pensar sólo en operar o hacer radiación. Porque ahora sabemos que la mayoría de esos cánceres no van a matar a las personas que los tienen. Tenemos que lograr los mayores beneficios evitando los riesgos”.

Su propuesta para la comunidad médica va un poco más allá: “Creo que podríamos cambiar el nombre de algunos tipos de cáncer, como los de próstata de bajo riesgo. Ponerles un nombre que no les dé miedo a los pacientes”.

 

pcorrea@elespectador.com