No todo lo que llamamos cáncer es cáncer

Preocupados por el sobrediagnóstico y sobretramiento, un grupo de especialistas le pidió al Instituto Nacional de Cáncer de EE.UU. redefinir la lucha contra esta enfermedad.

El diagnóstico de cáncer de piel aumentó un 195% en Estados Unidos en los últimos 30 años. Sin embargo, la tasa de mortalidad se mantiene en el mismo nivel.  / 123rf
El diagnóstico de cáncer de piel aumentó un 195% en Estados Unidos en los últimos 30 años. Sin embargo, la tasa de mortalidad se mantiene en el mismo nivel. / 123rf

Hace cuatro años, al ingeniero Luis Enrique Maldonado le dijeron que tenía cáncer de próstata. La palabra cáncer, como a cualquier persona, lo atemorizó. Las opciones de tratamiento que le ofreció su médico fueron las mismas que escuchan cada año los 7.957 colombianos que son diagnosticados con la misma enfermedad: cirugía, radioterapia y quimioterapia.

Luis Enrique leyó compulsivamente toda la información que encontró sobre este cáncer. Se resistía a aceptar la solución de los médicos, que ante el primer asomo de un tumor, prescriben procedimientos agresivos para el cuerpo. Poco a poco fue descubriendo que las cosas no eran en blanco y negro. Entendió que con un cambio en su estilo de vida podía reducir el riesgo de que el tumor evolucionara hacia un cáncer terminal. Decidió volverse vegano (renunció a las carnes, los huevos y los lácteos), hacer ejercicio y no someterse a ninguna cirugía invasiva. Hoy vive una vida normal y luce más sano que antes.

Esta semana, un grupo de médicos norteamericanos publicó un interesante artículo en la revista de la Asociación Médica Americana (JAMA, por sus siglas en inglés) en el que dan la razón a pacientes como Luis Enrique y piden al Instituto Nacional de Cáncer de Estados Unidos replantear la lucha contra esta enfermedad y sentarse a redefinir la palabra “cáncer”.

Con la investigadora Laura J. Esserman, de la Universidad de California a la cabeza, los expertos dicen que la información recopilada en los últimos 30 años, cuando comenzaron los grandes programas de tamizaje para detectar diversos tipos de cáncer (mama, colon, piel, próstata, pulmón), permiten concluir que la paranoia con que médicos y pacientes han librado esta lucha ha generado dos problemas delicados: el sobrediagnóstico y el sobretratamiento. En otras palabras, muchas personas han recibido un diagnóstico equivocado de cáncer y otro tanto ha sido sometido a tratamientos que eran innecesarios.

“Los datos nacionales demuestran un incremento en el número de tumores en etapas tempranas sin una disminución proporcional de cáncer en etapas tardías”, escribieron los médicos. En el cáncer de piel, por ejemplo, el diagnóstico de casos aumentó en 195% sin embargo, la tasa de mortalidad se mantuvo en el mismo nivel.

Para los médicos, es hora de reconocer que los cánceres son heterogéneos y pueden seguir múltiples caminos. “No todos progresan a metástasis y muerte. Muchos son enfermedades indolentes”, anotaron.

Llaman la atención sobre el cáncer de seno y el de próstata. Según datos de Estados Unidos, muchos de estos tumores son insignificantes y no exigirían un tratamiento inmediato sino un monitoreo. Algo similar estaría ocurriendo con el cáncer de tiroides y el cáncer de piel. Muchos de los pacientes sometidos a tratamiento en realidad tenían “tumores indolentes” que difícilmente se iban convertir en casos de cáncer terminal.

En cuanto al cáncer de colon y de cuello uterino, plantean que los programas de detección temprana sí han resultado benéficos y han permitido tratamientos tempranos y efectivos.

Raúl Murillo, director del Instituto Nacional de Cancerología de Colombia, cree que “es un debate importante. Hay cosas que no son claras sobre los logros en los programas de tamización”. Dice que el cáncer de próstata es uno de los más controversiales. Muchos hombres se siguen sometiendo anualmente a mediciones del PSA (antígeno prostático específico) cuando la recomendación es sólo hacer la prueba en poblaciones de riesgo y cuando aparece algún síntoma para evitar diagnosticar casos que no son peligrosos.

“Los ensayos clínicos de alta calidad no han mostrado que hacer pruebas de PSA reduzca la mortalidad por esta causa”, dice Murillo, “son tumores que en su inmensa mayoría no tendrían impacto en pacientes. Pero es una situación bien compleja porque los pacientes quieren recibir un tratamiento”.

Carlos Rada, exdirector del mismo instituto, coincide en que se trata de un debate necesario. Además del sobrediagnóstico y el sobretratamiento, un problema por añadir es lo que él llama “encarnización terapéutica”. Rada se refiere a someter a dolorosos y costosos tratamientos a pacientes que tienen una mínima esperanza de éxito.

Por su parte, Carlos Castro, oncólogo de la Liga Colombiana contra el Cáncer, dice no estar muy interesado en un debate que para él es más un problema de los norteamericanos que de los colombianos: “en nuestro país es otro el debate. No creo que estemos sobrediagnosticando sino que diagnosticamos tardíamente y nos demoramos en dar tratamientos”.

 

 

pcorrea@elespectador.com