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hace 46 mins

Tratamientos innecesarios, enfermedad global

Cesáreas que no valían la pena, reemplazos de rodilla cuando no había indicación, cirugías para extraer la tiroides de personas sanas y tratamientos de quimioterapia en enfermos terminales forman parte de la larga lista de intervenciones médicas injustificadas.

El padre de la medicina, Hipócrates, recomendaba a sus discípulos que lo “primero era no hacer daño”. Sabía bien que muchas veces el remedio resulta peor que la enfermedad. A pesar del sabio y viejo consejo, miles y miles de pacientes alrededor del mundo siguen siendo expuestos a tratamientos y procedimientos médicos innecesarios. Muchos de ellos potencialmente peligrosos.

Si un paciente en Corea del Sur se acerca a un médico a preguntar por su tiroides es probable que le ordenen una prueba de ultrasonido y muchos terminen sometidos a una cirugía innecesaria. El uso de esta tecnología para diagnosticar cáncer de tiroides aumentó 15 veces en ese país.

Y si el problema es algún malestar gástrico, en Suiza es posible que ese paciente termine bocarriba en una camilla y entre al 49 % de los registros de endoscopias que son ordenadas de manera errónea. En el caso colombiano, como ocurrió en 2009, decenas de mujeres con cáncer de mama recibieron el medicamento bevacizumab a pesar de que los servicios médicos de Inglaterra no lo recomiendan y los de Estados Unidos le retiraron la autorización de uso. El sistema de salud colombiano pagó ese año US$20,3 millones a pesar de no servir para nada.

Nadie conoce las cifras exactas de lo que está ocurriendo en hospitales del mundo entero, pero las estimaciones más serias apuntan a que el “sobreuso” de servicios médicos es un problema descomunal tanto en países pobres como ricos. Y cualquiera que pise un consultorio médico o los pasillos de un hospital está en riesgo de sumarse a las estadísticas.

Los ejemplos y las gruesas cifras de lo que está ocurriendo, como lo acaba de revelar un extenso trabajo publicado por la revista The Lancet, dejan atónito a cualquiera.

En Estados Unidos la demanda innecesaria de servicios médicos puede ser del 6 al 8 % del gasto médico y se estima que en el mundo existen poblaciones específicas en las que se puede elevar hasta el 89 %.

Shannon Brownlee y su grupo de colaboradores de Estados Unidos, Reino Unido y Australia entienden el sobreuso como cualquier servicio que resulte innecesario por cualquier razón. En el caso de abuso de medicamentos, destacaron el creciente consumo de antibióticos. Entre 2000 y 2010 la ingesta de estos fármacos se incrementó un 36 %, principalmente por la demanda de países como Brasil, China, India y Rusia.

Un frente bastante común de abuso son los exámenes diagnósticos. En Suiza, el 14 % de las colonoscopias eran innecesarias y en España, Portugal e Italia el abuso de endoscopias varía del 13 al 33 %.

Los límites cada vez son más amplios en la definición de algunas enfermedades como la hipertensión, o los problemas de colesterol son un factor que contribuye a exacerbar este fenómeno. Cerca de un 30 % de personas de la tercera edad en Norteamérica son diagnosticadas con enfermedad renal crónica, cuando en realidad, si se revisan cuidadosamente, sólo tienen signos de envejecimiento de sus órganos.

Ni hablar de los procedimientos quirúrgicos. El trabajo de Shannon mostró que en el caso de las intervenciones coronarias percutáneas, una cirugía para desbloquear arterias del corazón, entre el 4 y 12 % eran innecesarias en Estados Unidos, del 10 al 14 % en Alemania, un 16 % en Italia y cerca del 20 % en España. En este último país, entre un 20 y 30 % de los reemplazos de rodilla se realizaron a personas que no los requerían. En Taiwán, el 20% de las histerectomías (extirpación del útero) son inapropiadas.

Otra cara del mismo problema se ve en el exceso de hospitalizaciones. En Francia, entre un 18 y 25 % de los pacientes hospitalizados no debían estar ahí, un 33 % en Alemania, 19 % en Portugal y en el caso de hospitales rurales de China la cifra llega al 27 %.

Algo similar ocurre con los pacientes terminales. Aunque diversas encuestas señalan que las personas prefieren morir en su propia casa, alrededor del mundo el 50 % de las personas fallecen dentro de un cuarto de hospital. En esta población es donde se hace más evidente la falta de racionalidad en las decisiones médicas. Los pacientes que ya no tienen mayor esperanza de vida, son sometidos constantemente a intervenciones que no van a ayudar como inserción de tubos para alimentación, sesiones de quimioterapia y cuidados intensivos. En Brasil se estima que uno de cada 5 pacientes con cáncer recibe medicación innecesaria.

“El sobreuso puede afectar al paciente de forma física, psicológica y financiera. Y puede también amenazar la viabilidad de los sistemas de salud al aumentar los costos”, anotaron los autores. En Estados Unidos, un 50 % de las bancarrotas personales se atribuyen a excesos de cuentas médicas.

Las razones del fenómeno son múltiples. Se combina la falta de información sobre la utilidad de los tratamientos, con culturas médicas que no toman en cuenta la evidencia científica, la presión que ejercen los proveedores de insumos y medicamentos pero también la demanda de ciertos servicios por parte de los pacientes.

¿Y en Colombia?

Claudia Vacca, profesora de farmacia en la Universidad Nacional, explica que en Colombia no existe una cultura de medición de este problema. Los datos que se tienen son escasos. Pero algunos grupos de investigación han generado alarmas valiosas. Un trabajo de sus colegas en la Universidad de Pereira demostró recientemente que el uso de insulinas de última generación se disparó en el país a pesar de ser una de las últimas elecciones en el manejo de pacientes diabéticos. Lo mismo ha ocurrido con fármacos contra la hipertensión.

Las cesáreas (ver recuadro) son otro caso de relevancia mundial y que se evidencia en Colombia. Mientras en Israel o Bélgica la tasa de cesáreas por cada 1.000 bebés nacidos vivos está alrededor de 190, Colombia de acuerdo con el Atlas de Variaciones Geográficas en Salud es 455 y en ciudades como Barranquilla llega a 749.

“Lo más importante es una política pública de observación. Hay un esfuerzo del Ministerio de Salud en este sentido para dar información a usuarios y médicos. La tendencia en Europa es hacer estudios de consumo y compartir ampliamente la información porque la vigilancia entre los mismos médicos tiene mucho efecto”.