La labor del buen, buen ciudadano

Seamos buenos ciudadanos, no aquellos que pagan impuestos, sino aquellos que toman parte activa en la política de su nación y llegado el caso se oponen, marchan, gritan y repudian, pues el país no lo representa una selección de futbol.

Como científico social (para no usar el término “humanista que tanto repudio pues por generaciones pasadas hacerse pasar por humanista fue que paso a un segundo plano la biodiversidad y vida que no fuese humana para terminar en un foso donde la contaminación y la erradicación de especies así como el respeto por la misma nos tiene a segundos de un colapso ambiental así digan que no es así, que todo es un complot de cierto político para llenarse de dinero con un nobel, pero igual la calidad de vida se ha reducido notablemente y llámese mito o realidad nos estamos muriendo)analizo el mundo y su interacción en la sociedad tomando en cuenta la gran mayoría de factores como son los directamente humanos llámese: economía, política, religión y los indirectamente humanos pero que también influyen en ellos como contaminación, geografía, etc. Para hacer lo que yo llamo un “consomé social” donde como toda sopa es nutritiva y puede establecerse con claridad como cada ingrediente enriquece dicha delicia culinario-social.


Entre los ingredientes primarios o básicos esta lo que se llama la conciencia social, la cual ha sido razón de estudios entre los eruditos humanistas y filósofos dedicados al pensamiento en sociedad llámese Hegel o Kant pasando por Foucault y llegando a cualquier parroquiano en una tarde de domingo que se siente con sus amistades a “arreglar el país”.


Con esto quiero aclarar que la conciencia social no es tópico de estudio de las grandes mentes cultivadas por la ilustración francesa o el boom de la belle epoque ni siquiera por los iconoclastas del siglo 20. Sino más bien como cualquier gripe o vecino fastidioso ha estado presente en todas las eras, psiquis y geografías donde ha estado el hombre como ser en sociedad.


Después de hacer un barrido por la vieja Europa, cuna de esa idea que el hombre se puede estudiar y que las sociedades pueden ser mejores de la mano de la razón, tal vez influenciadas por una revolución francesa que prometía una era de luces y libertad para la humanidad. Para los más clásicos tema de conversación por horas, años y hasta razón para trabajar de ello, comer de ello y soñar con ello y para los más pragmáticos como una clase aburrida de filosofía histórica e historiografía deseando puntualizar en esto.


¡Donde estamos! En el país llamado Colombia donde nos tocó nacer, producto de cómo quieran llamarlo, la divina providencia, multi-variabilidad cuántica o simplemente el destino troll que quiere jodernos, llegamos a la riqueza de la antropología y la sociología, el paraíso de dichas ramas: COLOMBIA, un país lleno de problemas y con una conciencia social tan curtida por siglos de hacer las cosas erróneamente o como dirían los que saben “con las patas” con una riqueza incomparable y no pretendo hacer un comercial de Colombia es pasión, porque la pasión es la que nos tiene mal, ese simple impulso algunas veces animalesco es lo que nos mete en problemas, si estamos mamados de la guerrilla elegimos un presidente que promete dar bala y en efecto la da y como vemos que dicha política nos mantuvo en una burbuja de optimismo por más o menos cuatro años (en dos periodos)pues pretendemos seguir con ella cuando de repente como toda burbuja esta explota y quedamos en medio de un régimen con fascista con una desigualdad económica agobiante con esquirlas paramilitares, guerrilleras y de bandas criminales urbanas azotando la supuesta prosperidad encerrada en la burbuja.


Es entonces, cuando explota la conciencia social y como un maremoto de nuevas ideas, de deseo de cambio se empieza a luchar en contra de la formalidad y la democracia oficialista que no es más que una mentira de maneras inteligentes, repudiando la violencia y encarando la corrupción que tanto mal nos ha hecho robando los recursos de la nación y tirándole migajas de recursos creyendo que aun somos una oleada de mestizos que marchaban hacia un cambio y militaban en el inconformismo hasta que se les acababa el guarapo. De ahí para allá volvían a ser miedosos y la conciencia social mágicamente era espantosamente goda.


¡Pues no! Una nueva conciencia social ha renacido de la mano de la generación del 91. En lo que yo he bautizado como la era dorada para Colombia. ¿Son/somos muy jóvenes? Por supuesto que lo somos, pero eso no es razón para seguirle dando el poder a las maquinarias antiguas que solo pensaban y veían en dos colores, o se estaba con el gobierno como un borrego aceptando sus miserias o se era un guerrillero y su camino era dar bala en el monte.


Esa fue la conciencia social que maltrato el futuro colombiano, eso y todo un siglo XX de desigualdad y violencia empezando por los levantamientos rurales a comienzo del siglo pasado pasando por bogotazos y llegando a narco-gobiernos y la nueva Generación sabe todo eso, y los viejos repudian que sean muy optimistas o seguros de sí mismos, les parece una locura que se pueda vencer a un gobierno y una bancada de seguidores con marchas, arte y mucha ciencia. ¡Pero así será! No pasara el próximo año, ni siquiera en los próximos cinco años pero una cosa si es cierta, estamos en camino a un nuevo orden y Colombia no repetirá la historia de ser re-descubierta por el nuevo orden sino que ira paso a paso con los grandes.


¿Tengo fe en que las cosas pueden ser mejor? Ahora sí, por la nueva conciencia social de esta generación y lógico el apoyo de las generaciones anteriores con recursos y sostenimiento. Debemos sacar de la cabeza que somos un país del tercer mundo que somos pobres y todo lo imitamos, somos capaces y si renovamos la conciencia social las cosas será mejor, mi llamado es a renovarla ese paso no se da de la noche a la mañana, lógico aun habrán trogloditas que se impongan y aconsejen usar armas de electricidad o gasear a la población indignada, pero no importa porque cuando la marea de la renovación se levanta es por algo.


No creamos a estos muchachos (algunos mechudos y raros) como guerrilleros y revoltosos que están en contra de las políticas del estado, pues el estado no es bueno y los que se oponen son malos, en la política como en todo lo humano la subjetividad es reinante y la cosmovisión del mundo no puede ser blanco-negro. y si en un su paso por la re-novación de la sociedad rayan paredes y taponan calles, no nos ofusquemos pues es imposible pretender una ciudad hermosa cuando la sociedad está podrida por corrupción y represión. No es vandalismo, es un manifestación de cómo estamos y que si no hacemos algo JUNTOS el caos puede ser peor.


Aceptemos el cambio, seamos buenos ciudadanos, no aquellos que pagan impuesto y viven del sálvese quien pueda, el buen ciudadano es aquel que toma parte activa en la política de su nación y llegado el paso se opone, marcha, grita y repudia pues el país no lo representa una selección de futbol, una bandera o la soberanía de un mapa, el país es todo lo que interactúa con nosotros y que por DEBER tiene que ser optimo en función del bien común de todos. No temamos a estar des-acuerdo con la política oficial apoyemos las protestas y repudiemos la violencia, el cambio está en la puerta de TODOS depende acelerarlo o retrasarlo.


Por Andy Belt, colaborador de Soyperiodista.com