Soy periodista |9 Ago 2012 - 3:25 pm

Maratón olímpico: épica y tragedia

Sin duda el deporte rey de las olimpíadas es el atletismo, con gestas que bordean lo sublime. El estadio olímpico que lo alberga es el corazón de los juegos. La carrera de maratón ha sido el símbolo, el acto central.

Por: Por FABIO AREVALO ROSERO MD, colaborador de Soyperiodista.com
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Foto: Wikipedia.org

Sin duda el deporte rey de las olimpíadas es el atletismo, con gestas que bordean lo sublime. El estadio olímpico que lo alberga es el corazón de los juegos. La carrera de maratón ha sido el símbolo, el acto central.

Los JJOO por tradición se clausuran con broche de oro con la llegada del heroíco maratón en el estadio olímpico, que rememora la leyenda de Filípides, quien muere después de entregar parte de victoria. Cuando se reinician en versión moderna en 1896 en Atenas fue el evento cuidadosamente organizado y de expectativas mayores, reviviendo la leyenda en el escenario original.

El ganador de este primer maratón, (39,8 Km), fue el pastor griego Spiridion Louis, quien no había clasificado y fue inscrito por un coronel. El mecenas Georgios Averoff ofreció la mano de su hija a quien resultara vencedor. Louis ganó ante la histeria de 60 mil espectadores repitiendo la hazaña de Filípides 2386 años después. Recibió como premio un vestuario completo, 900 kilos de chocolate, además el barbero y el lustrabotas le ofrecieron el servicio gratis el resto de su vida. La oferta de Averoff no se cumplió porque Spiridion era casado.

La epopeya de Pietri

La odisea del maratoniano Dorando Pietri es famosa ya que en 1908 ganó al estilo Maturana (perder es ganar). Entró al estadio primero, dando tumbos cayendo varias veces siendo ayudado por los jueces a levantarse y a pasar la meta. La tensión emotiva vivida comulgaba con el gesto atlético de Pietri, que sintetizaba el espíritu olímpico. Nada más llegar se desploma, siendo asistido por médicos y organizadores. Se dijo incluso que estuvo en riesgo de morir.

La decisión implacable (descalificación), como protesta de sus rivales, lo magnificó. El italiano lograría más fama que el vencedor, al protagonizar el acontecimiento más conmovedor de aquellos Juegos. Era el vivo reflejo del esfuerzo máximo sin premio; un héroe sin corona. Aquella gesta inacabada de Dorando Pietri trascendió el ámbito de lo deportivo para convertirse en leyenda; su desgracia había llegado al corazón del público británico. Al otro día la reina Alexandra compadecida lo hizo subir al podio y le entregó una copa de oro similar a la del triunfador. Hoy todo el mundo recuerda a Pietri más no al vencedor.

Muerte y “eternidad” maratónica

En 1912 en el maratón de Estocolmo (42,2 Km) ocurrieron dos anécdotas, una trágica y otra pintoresca. La trágica fue protagonizada por el portugués Francisco Lázaro, el cual quiso protegerse del previsible calor cubriéndose el cuerpo con grasa. Esa capa “protectora” le impidió a su piel transpirar por lo que Lázaro sufrió un terrible recalentamiento que le provocó un colapso y la muerte.

La historieta pintoresca corrió por cuenta del japonés Shiso Kanaguri que a la altura de los 30 Km de carrera desapareció misteriosamente al entrar a una casa a descansar quedándose allí dos días. Avergonzado volvió furtivamente a su patria y nunca se supo de él hasta que años después periodistas suecos lo localizaron.

Se vio obligado a volver a Estocolomo 54 años más tarde para terminar su carrera ya con 76 años iniciando en el punto donde había abandonado y cubrió el recorrido restante hasta la línea de meta en el estadio olímpico. Es el maratón más largo corrido en toda la historia ya que fue cumplido en 54 años, 8 meses, 32 minutos y 20 segundos. “Ha sido una carrera larga pero, entre tanto, he tenido una esposa, seis hijos y diez nietos. Y eso lleva su tiempo”, aseguró. Falleció a los 93 años en 1984.

Muere de tristeza

En 1960 en Roma dos hermanos etíopes campesinos untados de miseria representan a su país en el maratón. Uno de ellos, Abebe, descalzo gana sorpresivamente imponiendo marca mundial, lo cual volvió a repetir en Tokio 64. Una hazaña memorable. Abebe Bikila se convirtió en el símbolo de su país, un héroe.

Hizo parte del ejército real y ya como oficial a los 37 años sufre un aparatoso accidente de tráfico, que lo deja parapléjico y en silla de ruedas. La historia dice que murió de tristeza a los 41 años y por las secuelas de su accidente. Hoy es uno de los campeones olímpicos más recordados y queridos por el mundo.

Pero si se trata de evocar y emular a grandes campeones, este si que lo es, una historia de vida:

http://www.youtube.com/watch?v=FIcoV5IzchU&feature=youtu.be

Por FABIO AREVALO ROSERO MD, colaborador de Soyperiodista.com

Por: Por FABIO AREVALO ROSERO MD, colaborador de Soyperiodista.com
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