El Papa que supo dejar su poder

“Queridos hermanos y hermanas, luego del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un sencillo y humilde siervo de la viña del Señor”.

EL ESPECTADOR

“Queridos hermanos y hermanas, luego del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un sencillo y humilde siervo de la viña del Señor”.

Con estas palabras iniciaba el 19 de abril de 2005 su pontificado Joseph Aloisius Ratzinger, quien eligió llevar como nombre en su pontificado Benedicto XVI, en honor al gran monje San Benito, y al Papa Benedicto XV, gestor de paz en el contexto de la Primera Guerra Mundial y quien escribió la encíclica Pacem, Dei munus pulcherrimum (La paz, el don más precioso de Dios).

Para Catalina Hernández, coordinadora del Centro de Estudios Teológicos (CETRE) de la Universidad del Rosario, el Papa saliente es uno de los más grandes custodios de la fe, teniendo en cuenta que el cardenal Ratzinger fue el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante el pontificado de Juan Pablo II.

Considerado como uno de los grandes teólogos del siglo pasado y del presente, su episcopado en la cátedra de Roma estuvo acompañado de una profunda invitación a vivir las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad).

“Esto se reflejó en sus catequesis de los miércoles, en sus encíclicas Deus Caritas Est, Spe Salvi y Caritas in Veritate y en sus más de 400 obras escritas firmando como Benedicto XVI”, dijo la académica.

El Papa tuvo que enfrentar una de las crisis más fuertes vividas por la Iglesia en los últimos tiempos, producto de los escándalos de pedofilia, los vatileaks y los malos manejos de la banca vaticana.

En su opinión, desde su ministerio como pastor más que como político, supo fortalecer con su enseñanza una nueva forma de enfrentar los embates y los problemas de la Iglesia en la actualidad.

Apóstol del mensaje de Jesús

A nivel de su pontificado, Benedicto XVI se mostró como un hombre de bajo perfil. Se destaca por ser estudioso, gran intelectual, sobrio y ante todo un hombre de oración profunda.

“Solo atendía en audiencias privadas a gobernantes, presidentes y dignatarios políticos, dejando para su universal rebaño las catequesis de los miércoles, que fueron verdaderas clases de teología”, resaltó la teóloga.

La sala Pablo VI, que puede acoger alrededor de 10.000 personas, siempre estuvo abarrotada. Los jardines de la residencia de verano de los papas en Castel Gandolfo fueron escenario de otro tanto de enseñanzas que daba, al igual que la plaza de San Pedro, desde donde enseñaba en el verano a peregrinos, turistas y transeúntes de la capital italiana.

Menciona Hernández que sus viajes fueron siempre escenario de controversias y de espacios pastorales y académicos. Las conferencias que daba en las aulas universitarias estaban mediadas por la profundidad propia del carácter intelectual que lo reviste.

“Uno de los episodios más recordados en sus visitas fue en la universidad alemana de Ratisbona, donde tituló su mensaje Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones, carta en que los universitarios del mundo entero pueden hablar y buscar la verdad desde la ciencia y la razón”, dijo.

La renuncia, el gran legado de su pontificado

Con la seriedad de lo que comporta la responsabilidad de ser el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, deja su pontificado y sienta un precedente histórico ante una sociedad amante del poder.

Para el teólogo brasileño Leonardo Boff, la decisión de dimitir es una advertencia a la curia vaticana y se convertirá el gran legado de su pontificado.

En un discurso profundo Benedicto XVI se despide con la certeza de estar acompañado de la comprensión y de los fieles que oran por él.

Para la coordinadora del Cetre de la Universidad del Rosario, es importante resaltar estas palabras de Ratzinger: “amar a la Iglesia significa también tener el coraje de tomar decisiones difíciles, sufrientes, teniendo siempre primero el bien de la Iglesia y no el de uno mismo”.

Igualmente el mensaje que proclamó en su última catequesis: “Dios guía a su Iglesia, la levanta siempre y sobre todo en los momentos difíciles. No perdamos nunca esta visión de fe, que es la única y verdadera visión del camino de la Iglesia y del mundo”.

Por Prensa Universidad del Rosario, colaborador de Soyperiodista.com