220.000 colombianos han muerto en 55 años de violencia

Así lo revela el informe de Grupo de Memoria Histórica luego de 5 años de investigación.

Es como si hoy una bomba borrara Popayán: 220.000 colombianos han perdido la vida entre 1958 y 2013 por cuenta del conflicto. Más aberrante resulta saber que 176.000 de ellos eran civiles. O que 27.023 secuestros estuvieron íntimamente ligados a la barbarie de esta guerra prolongada. O que hay 10.189 colombianos amputados o muertos por minas antipersonas. O que el número de desplazados por los fusiles y las balas en estos 55 años representa la población de países como Irlanda, Costa Rica o Congo: 4,7 millones. Una radiografía de salvajismo dosificado —qué paradoja— en tiempos de democracia. (Vea la fotogalería)

El informe ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y de dignidad, del Grupo de Memoria Histórica, contiene estos y otros datos tan escalofriantes como el que sigue: en las últimas tres décadas se perpetraron 1.982 masacres. En el 59% de los casos los responsables de semejante brutalidad fueron los paramilitares, un 17% correspondió a las guerrillas y en el 8% los perpetradores fueron agentes del Estado. El equipo coordinado por Gonzalo Sánchez y 21 reputados investigadores tardó cinco años para reconstruir lo que hoy sin duda constituye la biblia del conflicto colombiano, condensado en 431 páginas. Un esfuerzo por desandar un pasado turbulento y ladino que terminó bajo la alfombra de la historia durante décadas.

Pero esta verdad histórica, que no judicial, no salió del clóset sola. El Grupo de Memoria Histórica tuvo que sumergirse en los archivos incompletos de la violencia, armar el rompecabezas de los contextos y contrastar las cifras dispersas en un Estado caótico cuyas cuentas casi siempre terminaban perdidas entre la burocracia y el miedo. El resultado de su trabajo será entregado hoy, en ceremonia oficial, al presidente Juan Manuel Santos. Una investigación que rememora desde los hornos crematorios y los cementerios clandestinos de los paramilitares hasta la tortura y los asesinatos selectivos que agentes del Estado patrocinaron, pasando por la horripilante práctica del secuestro de las guerrillas.

En esencia, es un reporte que por fin les da a las víctimas la dimensión que se merecen. Más de medio siglo desoídas fue suficiente. Las memorias de sus tragedias, de la humillación, el despojo, la rabia, la impotencia, la culpa y el sufrimiento causados por una guerra cíclica con líderes cuyos mandatos se heredan, aparecen en los relatos de aquellos que se atrevieron a dejar constancia en el reporte del Grupo de Memoria Histórica. Son tantas las víctimas y tan violentada la sociedad misma que, sin embargo, resulta increíble que para muchos colombianos la guerra sea de otros, como afirma el documento.

Al revisar el informe, cada dato parece peor que el anterior. Ocho de cada diez muertos han sido civiles. Por cada combatiente han muerto cuatro personas ajenas al conflicto. Más de 6.400 niños terminaron reclutados por grupos armados ilegales. Entre 1985 y 2012 fueron desplazadas 26 personas cada hora. Después de Afganistán, Colombia es el país que porta el vergonzoso título de tener la mayor cantidad de víctimas por las llamadas minas antipersonas. Entre 1981 y 2012 se documentaron 23.154 asesinatos selectivos. Cuatro de cada 10 de ellos los perpetraron ejércitos privados. En el 27% de los casos nadie supo quién ordenó la ejecución. En el 16,8%, las guerrillas fueron responsables.

Y, no obstante, una de las conclusiones más graves en ese mismo ítem es que más del 10% de estos crímenes selectivos fueron realizados por la Fuerza Pública, algo así como 2.300 asesinatos. Una de las partes más difíciles de reconstruir fue la correspondiente a la desaparición forzada. En el informe de Memoria Histórica se lee que, de unos 5.000 casos reportados, en apenas 689 se logró identificar al autor material o intelectual; la responsabilidad por la suerte de 290 de estas personas le es atribuida a agentes del Estado. De los más de 27.000 secuestros perpetrados entre 1970 y 2010, la mayoría fueron realizados por las Farc.

En su análisis sobre cómo han venido cruzándose violencias en distintas regiones de Colombia, el Grupo de Memoria Histórica destaca que, de acuerdo con el discurso de los actores armados, arremeter contra la población civil siempre ha sido un escenario justificado, entre otras cosas porque en buena parte de los casos se señala a la población como una prolongación del enemigo. En esta lógica perversa, Estado, guerrillas, paramilitares y delincuencia común han buscado obviar sus responsabilidades y utilizar el paraguas de siempre: son los daños colaterales del conflicto. Más de 1.227 líderes comunitarios resultaron asesinados a mansalva. Unos 1.495 militantes políticos corrieron el mismo destino. Capítulo aparte merece el caso de la Unión Patriótica.

El grado de barbarie puede resumirse en que en el lapso estudiado (1958-2013) más de 400 niños perdieron la vida en masacres, en donde en el 88% de los casos las víctimas fueron hombres. El Grupo de Memoria pudo reconstruir los oficios de 7.147 víctimas que murieron también en masacres: el 60% de ellos eran campesinos; el 10%, obreros o empleados, y el 30% restante, comerciantes. Entre 1980 y 2011 se registraron masacres en 526 municipios de Colombia. En los cuerpos de 1.530 víctimas de estos asesinatos colectivos se encontraron huellas de sevicia: degollamiento, descuartizamiento, decapitación, incineración, castración, empalamiento y quemaduras con ácido o soplete.

Un paramilitar reconoció: “Mataban gente. La enterraban en fosas y a los seis meses la desenterraban. Y de una iba para la candela. Otras veces abrían los cadáveres, sacaban lo que tenían adentro y cuando estaban secos los picaban y bien picados iban al horno”. Otro integrante de las autodefensas reconoció: “Una vez uno de los alumnos se negó (a descuartizar). Se paró Doble Cero y le dijo: ‘Venga que yo sí soy capaz’. Luego lo mandó a descuartizar a él. A mí me hicieron quitarle el brazo a una muchacha. Ya le habían quitado la cabeza y una pierna. Ella decía que tenía dos hijos. A las personas se las abría desde el pecho hasta la barriga para sacar la tripa”.

El capítulo del secuestro volvió a ser tocado en el informe de Memoria Histórica. Se concluye que entre 1996 y 2002 se cometieron 16.040 plagios, de los cuales 8.578 fueron realizados por las Farc y los demás por el Eln. En total, hubo 5.300 plagiados en las llamadas pescas milagrosas. “Hubo secuestros en 919 municipios”, reza el informe. Son tantas las estadísticas que llenarían periódicos enteros tan sólo acomodándolas, sin revisar sus contextos. Por ejemplo, 1.762 acciones contra peajes, 703 ataques a bancos, un sinnúmero de quemas de vehículos, más de 6,6 millones de hectáreas despojadas, el 1,1% de los propietarios figura como dueño del 52% de la tierra en Colombia.

Dice el informe que la historia del conflicto en Colombia muestra un recetario de soluciones aplazadas de manera permanente. La incidencia del narcotráfico, el temor que quedó anidado en el campo, el patrocinio de los fusiles en las elecciones, la parapolítica, el DAS espiando, los falsos positivos, la privatización de la muerte, los daños socioculturales y morales de la guerra, hasta la incapacidad en determinado momento de velar los muertos. Son tantas las aristas en 55 años de estudio que las 431 páginas seguramente se quedarán cortas y mucho más cortas estas dos páginas de un diario. Por lo pronto, es un avance para que esa memoria tan turbia dé paso a la esperanza de un porvenir distinto. Aunque, como dice el poeta, “te llaman porvenir porque no vienes nunca”.

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@jdlaverde9