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Tema del dia 19 Dic 2011 - 10:56 pm

La furia de un río

El Magdalena se traga las casas en La Dorada (Caldas)

Unas 1.430 familias están en riesgo inminente y necesitan ser reubicadas. El agua alcanza los 5 metros por estos días.

Por: Laura Ardila Arrieta / Enviada Especial
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Ángela Laguna en medio de las ruinas de lo que antes era una cómoda casa junto al río, con patio grande y mecedoras. /Foto: Gabriel Aponte

No debe ser fácil ser Ángela Laguna por estos días. Aseadora de 29 años, con dos hijos de 8 y 9, de vivir frente al río, respirando aire fresco desde un patio grande con mecedoras, pasó a tener una casa en ruinas, endeble, que parece partirse como una galleta con cada nuevo embate del agua.

No debe ser fácil ser don Manuel Acosta, el viejo de 74 años que vive de vender bolsas de hielo y limpiar caños en esta tierra en donde el sol suele ser verdugo y se dice que estamos en pleno corazón de Colombia. En el departamento de Caldas, pero a menos de 10 minutos de Boyacá, Cundinamarca y Antioquia.

Al viejo el río se le está llevando la casa por pedazos desde hace unos 15 días. El río Magdalena, que en 4 kilómetros bordea La Dorada, el segundo municipio ganadero del país, con unos 80 mil habitantes. Según los expertos está creciendo a niveles nunca antes vistos, reclamando su espacio natural (3 metros son su altura promedio, pero este año ha llegado a los 7 metros con sus consecuentes inundaciones).

No debe ser fácil ser ellos. No debe ser fácil ser Uriel, María Elvira, Adriana... No debe ser fácil ser ninguna de las 1.430 familias que se encuentran en riesgo en las zonas ribereñas de Delicias, Costales, Corea, Bucamba y Liborio, y que según el alcalde Gerson Bermont deben ser reubicadas con urgencia, antes de que el río se las trague.

No debe ser fácil ser el alcalde. El séptimo alcalde de La Dorada en el actual periodo, pues el elegido originalmente fue condenado por parapolítica el año pasado. Tratando de apagar los incendios de las inundaciones y buscando cómo reubicar a la gente, se queja de que no cuenta con la autonomía para manejar los dineros que el programa Colombia Humanitaria aporta sólo a través de la Gobernación, a la que califica de “negligente”, y de que simplemente estamos pagando las consecuencias de haber levantado un pueblo sobre un río.

El agua entró de manera histórica el pasado abril, dejando medio pueblo inundado. Hace 15 días afectó de nuevo 15 barrios y 10 veredas. Los niveles seguirán en aumento, advierten las autoridades, pues en los alrededores han abierto compuertas, como la de Prado, en el Tolima.

El río le da lengüetazos a las viviendas de las orillas y hace que sus residentes no puedan dormir en paz. Ayer había aquí una habitación, hoy ya no está. Ayer este bulto de tierra ayudaba a aguantar el agua, hoy se lo llevó la corriente.

El alcalde dice que a La Dorada sólo la podría salvar el dragado del río, unas plantas de bombeo, un sistema de protección de las orillas y un malecón de un kilómetro (todos proyectos en marcha), pero que igual nada de eso garantiza que no haya más inundaciones. “El riesgo es altísimo”, sentencia.

No debe ser fácil.

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