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Tema del dia 27 Abr 2013 - 9:00 pm

El ajedrez presidencial de 2014

Ordóñez, dueño del futuro

El procurador estaría cocinando una alianza con Uribe, con posibilidad de candidatura.

Por: María del Rosario Arrázola, Camilo Segura Álvarez y Felipe Morales Mogollón
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En enero de 2009, Alejandro Ordóñez tomó posesión ante el entonces presidente Uribe como procurador general. / Presidencia

El detonante fue la renuncia del abogado Daniel Prado a la defensa técnica del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, en el proceso que adelanta la Procuraduría por presuntas omisiones y malos manejos en la transición del cambio de modelo de recolección de basuras en la ciudad. Desde ese momento, el rumor crece en los círculos judiciales y políticos: el procurador Alejandro Ordóñez va a sacar a Petro del Palacio Liévano. Por eso, sus defensores ya anunciaron que de suceder habrá ‘primavera árabe en Bogotá’.

“Hicimos la paz, cumplimos; luchamos décadas en democracia, ganamos; si nos arrebatan, tendrán una primavera árabe”, trinó el destituido pero no notificado secretario de Gobierno, Guillermo Asprilla, minutos después de conocerse la noticia. “Que la vida no sea asesinada en primavera, ya viene la primavera colombiana”, añadió el propio alcalde un día después. También es claro que el mandatario de la capital y sus principales colaboradores quieren medirse en la política con quien también juega en ella.

El jefe del Ministerio Público no lo oculta. Sabe que tiene el poder disciplinario y lo esgrime como argumento para opinar sobre el tema que hoy tiene dividido al país y que apunta a ser el eje fundamental de la campaña presidencial de 2014: el proceso de paz que se adelanta en La Habana entre las Farc y el gobierno Santos. “No puedo admitir que se me pueda pedir que me quede callado. No lo puedo hacer, no me callo para que las víctimas queden sacrificadas en el altar de la impunidad”, arengó el pasado viernes en un acto público en Cali.

Y lo viene haciendo con frecuencia desde que se empezaron a destapar las cartas en Cuba, al tiempo que el expresidente Álvaro Uribe lo hace desde su cuenta de Twitter, o ahora en las correrías políticas que decidió emprender con los alfiles de su naciente movimiento Centro Democrático. Por coincidencia o no, el procurador y el exmandatario claman del mismo lado, desde la oposición a lo que se especula que se está negociando con la guerrilla. Ordóñez dice que es su rol constitucional. Uribe, que lo hace contra la impunidad.

Lo cierto es que en los círculos políticos ya se afirma que más que un punto de encuentro por afinidades ideológicas, se han dado acercamientos entre los dos personajes. Es más, fuentes de este diario confirmaron que, a instancias del exministro del Interior Fernando Londoño Hoyos, el procurador y el expresidente se han reunido más de una vez. Se sabe que Uribe estuvo remiso por la suerte de su exministro Andrés Felipe Arias, destituido por la Procuraduría, pero que al fin cedió y hoy el diálogo fluye como gestando una alianza.

Como están las cargas hoy en el partidor de la carrera hacia la Casa de Nariño en 2014, nada es descartable. Así como el presidente Juan Manuel Santos cada vez se acerca más al momento de reconocer que va por la reelección, los cantos de sirena siguen rondando en los oídos del procurador, quien aún tiene hasta el 24 de mayo de este año para dejar el cargo y aspirar a la magistratura mayor, la jefatura del Estado. Él ha dicho insistentemente que no, pero quienes lo alientan creen que como está hoy la imagen de Santos, tiene mucho chance.

Por ejemplo, el expresidente del Partido Conservador, senador José Darío Salazar, observó que de ser ciertas las versiones de que Alejandro Ordóñez quiere ser candidato a la Presidencia, “sería un gran candidato y tendría inmensas posibilidades de llegar a la Casa de Nariño. El pueblo conoce al procurador, sus claras posturas, y las respalda. Además, le reconoce una incansable lucha contra la corrupción”. En otras palabras, electorado cautivo tiene. Lo difícil es encontrar suficientes alianzas para derrotar a Juan Manuel Santos.

Es ahí donde los analistas políticos sugieren que la identidad de criterios entre Ordóñez y Uribe es más que eso, que estaría cocinándose una alianza, no claramente con fines electorales, pero sí como la primera piedra de una visión de Estado en contravía del modelo Santos y la supuesta impunidad que podría darse en la negociación de paz. Obviamente, en el camino están los grupos de apoyo a los diálogos de La Habana, uno de cuyos principales defensores es el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, además, férreo detractor del expresidente Uribe.

De hecho, en los pasillos del Palacio Liévano se dice, con mayor insistencia, que el proceso disciplinario contra Petro por el tema de las basuras, según su abogado con violación al debido proceso y celeridad inusitada, avanza hacia la sanción. Un fallo con carambola a tres bandas: desactivar el apoyo que la administración distrital viene dando al proceso de paz, demostrar la tesis de que la izquierda ha fracasado en su gestión en Bogotá y, finalmente, sacar a Petro de su carrera política con claras pretensiones presidenciales para 2018.

Es más, se afirma tras bambalinas, en la propia Alcaldía, que los contactos entre Ordóñez y Uribe continúan y que incluso el exmandatario y algunos de sus más cercanos amigos se mantienen enterados de lo que está pasando en las entrañas del proceso contra Gustavo Petro. De alguna manera eso explica el trino del alcalde, emitido el pasado jueves, en el que afirmó sin nombrarlos: “Grupos de personas que creen ser iluminados por razones extraterrenales se aprestan a violar el voto popular, procurador no debe escucharlos”.

Por ejemplo, según reveló RCN Radio citando fuentes de la Alcaldía de Bogotá, la procuradora delegada para Asuntos de la Función Pública, Tatiana Londoño, hija del exministro Londoño, habría sido una de los funcionarios que presentaron informes preventivos en la investigación contra el alcalde Petro. Según habrían dicho varios funcionarios de la administración capitalina, la funcionaria es una de los responsables de la persecución que se ha dado contra el burgomaestre desde el Ministerio Público.

Consultado el exsecretario distrital y actual vocero del Movimiento Progresistas, Antonio Navarro, señaló que realmente la situación del alcalde hoy es muy difícil y que cada vez se escuchan con mayor fuerza los rumores de que la Procuraduría lo va a sancionar. “Yo no puedo decir que haya otros intereses detrás, pero creo que si la idea es sacar a Petro, sería más legítimo que los electores tomaran esa decisión en caso de que proceda la revocatoria de su mandato. Participé en la creación del Código Único Disciplinario y ahora lo veo excesivo”.

Antonio Navarro sostiene que cada vez son más claros los escenarios electorales de 2014. La derecha con Uribe, aunque no cree que con el procurador a bordo, porque no le ve ganas de renunciar, en franca oposición a Santos pero con un solo personaje fuerte: el propio Uribe. El presidente Santos en el camino de la reelección, pero sin el mismo caudal electoral de 2010. Y los independientes en una tercería para no sumarse a la polarización entre Uribe y Santos, pero buscando espacio jurídico para participar sin riesgos.

Más allá de las especulaciones sobre los contactos entre Uribe y Ordóñez, o de la ‘primavera árabe’ criolla que prometen Petro, Asprilla y demás, al juego político hay que sumarle un cuarto actor: el ministro de Vivienda, Germán Vargas Lleras, quien ha dicho públicamente que respalda a Santos si éste busca la reelección, pero que por estos días también deshoja la margarita pensando si se va o no del gabinete. En círculos políticos se da por descontado que renunciará antes del 25 de mayo y, de ser así, se abren otros escenarios con su protagonismo.

No cabe duda de que Vargas Lleras, además de los puntos que ha ganado en los últimos tiempos entregando casas y mostrando obras, es un peso pesado de la política. Tiene partido propio, bancada en el Congreso, dinastía política y buenas relaciones con la clase empresarial, los militares y Estados Unidos. Hasta el momento, ha sido el ministro estrella de Santos, pero eso sí, mira con mucho recelo el proceso de paz. Al menos en la marcha del 9 de abril brilló por su ausencia y no se le ha escuchado palabra alguna sobre los diálogos en Cuba.

Por esta última razón su panorama es incierto. Podría salir del Gobierno para defender como ningún otro la obra de Santos, e incluso ser su fórmula vicepresidencial en 2014. Pero el tema de la paz en La Habana está de por medio y una cosa es ser ministro y otra político. En cualquier momento, sobre todo si las encuestas empiezan a favorecerlo, Vargas Lleras podría optar por su propio camino. Y probadamente el suyo gira más hacia la derecha, es decir: duro con las Farc, tanto en el combate como a la hora de negociar un tratado de paz.

En el fondo, Santos sabe que hoy por hoy su carta política es la paz, y que lográndola tiene los votos necesarios para seguir de largo. De no ser así, con Uribe por fuera del escenario, aunque detrás de algún candidato, el dueño de los sufragios podría ser Germán Vargas Lleras. Una circunstancia que necesariamente agita las desconfianzas naturales entre todos, pero que va definiendo el ajedrez en que se ha convertido la incógnita electoral de 2014. Hace cuatro años el ungido de Uribe iba a ser presidente. Hoy nadie puede asegurar un ganador.

Si Santos y Vargas Lleras siguen juntos, pueden ser una fórmula victoriosa. Si se distancian, el uribismo podría pescar en el río revuelto. Al candidato de Uribe aún no se le ve la cara. Francisco Santos puntea en las encuestas del Centro Democrático, pero como afirma Antonio Navarro, “sería hasta penoso ver a dos primos hermanos peleando por la Presidencia”. Por eso, la carta del procurador no es descartable. En cuanto a Petro, más cercano que nunca a Santos, por ahora los une el árbol de la paz que sembraron juntos el 9 de abril.

Todo lo anterior son gajes de la política y es claro que en un país como Colombia cualquier cosa puede pasar. Por ejemplo, que se atraviese una asamblea nacional constituyente, que pide la guerrilla desde La Habana, que aboga el uribismo desde que la Corte Constitucional le cerró la puerta del tercer mandato, que clama la Marcha Patriótica, y que ahora desde la clandestinidad —él lo llama exilio—, salió a demandar el excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, con el argumento de que las mezquindades políticas impiden ver su necesidad.

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