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Tema del dia 27 Jun 2013 - 10:14 pm

Estados Unidos advirtió a Ecuador sobre “serias consecuencias” si asila a Snowden

Las relaciones tormentosas entre EE.UU. y Ecuador

Estuvieron en buenos términos, hasta que Ecuador se opuso al TLC, cerró la base aérea de Manta, promovió el regreso de su país a la OPEP y se negó a calificar a las Farc como terroristas.

Por: Mauricio Jaramillo Jassir*
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El presidente de Ecuador, Rafael Correa, señala al presidente de EE.UU., Barack Obama, durante la Cumbre de las Américas de abril de 2008. / AFP

La tradición ecuatoriana sugiere un Estado vulnerable al entorno internacional. Por ello, desde el restablecimiento de su democracia en 1979, Ecuador había procurado buenas relaciones con Estados Unidos, aun cuando en el pasado había tomado distancia frente a temas puntuales. Uno de los más representativos de esta dinámica tuvo que ver con la membresía en la OPEP, a la que Quito renunció en 1992 durante el gobierno de Sixto Durán Ballén, cuando el alineamiento con Estados Unidos era evidente. Esto le permitió la entrada al sistema generalizado de preferencias arancelarias, del que ahora Quito ha decidido salir.

“Ecuador renuncia de manera unilateral e irrevocable a dichas preferencias arancelarias o Atpdea” que expiran el próximo 31 de julio, señaló una declaración leída por el secretario de Comunicación, Fernando Alvarado. “Ecuador no acepta presiones ni amenazas de nadie, y no comercia con los principios ni los somete a intereses mercantiles, por importantes que éstos sean”, agregó la nota, según la cual Washington solicitó a Quito, mediante una comunicación, entregarle a Edward Snowden, excontratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), en caso de que ingresara a territorio ecuatoriano.

El gobierno de Rafael Correa estudia desde el domingo pasado una solicitud de asilo de Snowden, reclamado por la justicia de Estados Unidos por haber filtrado a la prensa un programa de espionaje masivo de comunicaciones telefónicas e internet por parte de los servicios de inteligencia de ese país. El gobierno ecuatoriano recordó que las preferencias del Atpdea “fueron originalmente otorgadas (en 1991) como una compensación a los países andinos por su lucha contra las drogas, pero pronto se convirtieron en un nuevo instrumento de chantaje”.

Correa, que hace un mes asumió para un segundo cuatrienio, había restado importancia a la posibilidad de que el Congreso estadounidense no renovara el Atpdea, indicando que se ha sobreestimado su impacto y que el Gobierno puede cubrir la ayuda en favor de los exportadores. Junto con el Atpdea vencerá el Sistema Generalizado de Preferencias (GSP), del cual se beneficia Ecuador, que tiene en Estados Unidos su principal socio comercial como destino del 40% de las exportaciones, lo que equivale a unos US$9.000 millones anuales. El Atpdea cubre únicamente a Ecuador, pues sus beneficiarios originales, Colombia y Perú, tienen tratados de libre comercio con Estados Unidos, mientras que Bolivia fue separado del programa al considerar Washington que sus esfuerzos antidrogas eran insuficientes.

Nada parecido a lo que sucedía a finales de los noventa, cuando el acercamiento entre Quito y Washington se profundizó con el establecimiento por parte de Estados Unidos de una base militar para la interdicción aérea en territorio ecuatoriano, inscrita en la lucha contra el narcotráfico y con el objeto de neutralizar los flujos que aprovechaban al Pacífico para la salida de la droga. Dicha unidad militar estaba ubicada en el puerto de Manta. Por esa época, se esperaba la ubicación de la base en Colombia o en Perú, donde los problemas de narcotráfico afloraban. Además, el Plan Colombia acordado entre Bogotá y Washington confirmaba una alianza que debía facilitar la ubicación de la base en territorio colombiano.

Entonces, ¿por qué terminó en territorio ecuatoriano? El país atravesaba uno de los peores momentos de su historia, no sólo en términos políticos sino económicos, y dicha debilidad fue capitalizada por Estados Unidos. La crisis financiera había desplomado la economía, cuyo momento más crítico se dio con la congelación de activos de los ecuatorianos en la banca. La decisión de dolarizar mostraba hasta qué punto la confianza en el sucre casi había desaparecido. Y para rematar, a finales de 1999, el fenómeno de El Niño había golpeado la costa ecuatoriana provocando una tragedia humanitaria. Todo ello hablaba de la fragilidad de Jamil Mahuad, que terminó por aceptar la instalación de la base en Manta (luego el gobierno sería derrocado por un golpe).

Y a esto es necesario agregar la importancia geográfica del Ecuador por su salida hacia el Pacífico. Ambas circunstancias se conjugaron para que Washington, con la comunión de Jamil Mahuad, dejara una base por un período inicial de 10 años, eventualmente renovable.

Luego de un período de convulsiones internas Lucio Gutiérrez llegó a la Presidencia con un discurso que en su momento lo acercaba a la figura polémica de Hugo Chávez. Es más: cuando resultó elegido, Estados Unidos manifestó preocupación por el carácter populista del excoronel y su postura crítica frente al Plan Colombia.

No obstante, y como ha sucedido con otros mandatarios, el tono de Gutiérrez varió drásticamente una vez en Carondelet. Las reformas neoliberales lo distanciaron de aliados como Pachakutik (partido indigenista), pero lo acercaron a Estados Unidos. Por obvias razones, el gobierno de George W. Bush veía con entusiasmo los compromisos entre el FMI y Ecuador, que proyectaban la imagen de una región andina amiga del neoliberalismo, con la excepción de Venezuela. Se debe recordar que los gobiernos de la época tenían a Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia, Alejandro Toledo en el Perú y Álvaro Uribe Vélez en Colombia, defensores a ultranza de la apertura y enemigos del populismo de izquierda.

No obstante, el panorama cambió súbitamente con la caída de Gutiérrez en 2005 y el ascenso de Alfredo Palacio, junto con la designación de Rafael Correa como titular de la cartera de Economía. Una crisis en la región amazónica dejó ver a un ministro enemigo de destinar la renta del denominado oro negro al pago de la deuda externa y que preconizaba la necesidad de invertirla en desarrollo rural. Esta posición le valió el reconocimiento de Chávez, con quien desde entonces sostuvo una declarada amistad.

Con la candidatura de Correa, los problemas entre Ecuador y Estados Unidos fueron inocultables. La oposición del exministro de Economía a la firma del TLC, en cambio de un acuerdo de complementación económica, el cierre de la base aérea de Manta, el retorno a la OPEP y el rechazo a calificar a las Farc como terroristas, en pleno auge de la guerra global contra el fenómeno, mostraban con timidez lo que hoy es una realidad: un gobierno ecuatoriano dispuesto a desafiar abiertamente a Washington y una convicción ideológica a prueba de todo.

El anuncio ecuatoriano de renunciar a las ventajas arancelarias de las que goza en el mercado estadounidense corrobora el talante político de Correa, y demuestra que puede ser incluso más inflexible y radical (sin que estos adjetivos sean peyorativos) que el propio Hugo Chávez. Se debe recordar que este último jamás estuvo en disposición de arriesgar a Estados Unidos como cliente de su petróleo, por más enemistad declarada que hubiese. En cambio, Correa pretende llegar a las últimas consecuencias con tal de ganar el pulso por Snowden y comprobar que su dignidad no es retórica.

Con la excepción de Cuba, existen contados casos de naciones latinoamericanas que hayan hecho prueba de semejante espíritu de confrontación a Estados Unidos. Lo de Ecuador sorprende porque, hasta ahora, la Revolución Ciudadana se había concentrado en el plano interno, pero en política exterior no había mostrado agresividad. Con este gesto Correa rompe con una tradición implantada desde el restablecimiento de la democracia ecuatoriana y pone a Estados Unidos en graves aprietos.

El Ciudadano, periódico digital de la Presidencia, indicó que “entre los temas con los cuales se ha ejercido presión, explícita e implícita, a Ecuador se encuentran el asilo a Julian Assange, fundador de Wikileaks (en agosto de 2012); el análisis de la solicitud de asilo a Edward Snowden; y las relaciones bilaterales y soberanas con naciones que han sido consideradas como ‘enemigas’ de los Estados Unidos”. “Nos hubiera encantado que con la misma urgencia que se exige entregar al señor Snowden (...) se hubiese entregado a muchos prófugos de la justicia ecuatoriana refugiados en Estados Unidos, particularmente los banqueros corruptos que dolosamente quebraron al país en 1999, cuya extradición ha sido reiteradamente negada” por Washington, subrayó la más reciente declaración.

Durante décadas se ha pensado que el Atpdea es una concesión generosa de Washington frente a los “empobrecidos andinos”, pero Ecuador pone de relieve que se trata del resultado de la interdependencia en materia de la lucha contra las drogas. Basta notar que, de abstraerse del esquema, no sólo Ecuador pierde ventajas, sino que Estados Unidos tendrá menor control en un tema que no deja de causarle problemas, como lo es el de las drogas de uso ilícito. Entre tanto, Ecuador sigue su curso a convertirse en el próximo contradictor latinoamericano de Estados Unidos. Hace 10 años nadie lo habría vaticinado.

* Profesor Universidad del Rosario.

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