Noticias 18 Jul 2012 - 6:04 pm

La realidad detrás de la ficción: Escobar el Patrón del mal

Un magistrado valiente y abnegado

El jueves 30 de octubre de 1986, cuando viajaba a su casa en compañía de su esposa, fue acribillado a tiros el magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín, Gustavo Zuluaga Serna.

Por: Elespectador.com
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El actor Jorge Herrera interpretó al magistrado Gustavo Zuluaga Serna.

Desde tres años atrás, este funcionario judicial estaba en la mira de la organización criminal de Pablo Escobar Gaviria. La razón: como un ejemplo de consagración a la justicia, tal como lo reseñó la Presidencia de la República, nunca cesó en su deber por hacerle sentir al capo de capos todo el peso de la ley.

La historia del abogado Gustavo Zuluaga Serna está directamente relacionada con el primer registro judicial contra Pablo Escobar por el delito de narcotráfico. El 9 de junio de 1976, dos agentes del DAS retuvieron en Pasto un camión que llevaba oculto entre sus llantas un cargamento de 39 libras de cocaína. A pesar de los intentos de soborno de los detenidos, los detectives los obligaron a movilizarse hasta Itaguí (Antioquia) para capturar también a los dueños de la droga. Así cayó Pablo Escobar Gaviria.

Junto al naciente capo del narcotráfico fueron detenidos su primo y principal socio Gustavo Gaviria Rivero y su cuñado Mario Henao. Los tres fueron a dar a la cárcel. De inmediato, a través de sus abogados, empezaron las presiones contra la jueza que tomó el caso. Como la funcionaria nunca quiso ceder a sus demandas, los apoderados de Escobar y sus cómplices optaron por una nueva estrategia: entablaron un conflicto de competencia sobre la base de que si el delito había sido cometido en Nariño, allí debían ser procesados.

La estratagema dio resultados, el expediente fue remitido a Pasto y, antes de dos meses, Escobar, su primo, su cuñado y demás procesados en este caso quedaron libres. Los dos detectives que habían realizado la investigación fueron asesinados. Los rastros del expediente desaparecieron meses después y el caso quedó en el olvido. Pero en 1983, a raíz de los debates y señalamientos del ministro Lara Bonilla contra Pablo Escobar y su organización, el episodio volvió al escenario nacional.

Alertado por un detective, el entonces editor judicial de El Espectador Luis de Castro informó al director Guillermo Cano sobre esa noticia olvidada de 1976 y la certeza de que el diario la había publicado. Fue entonces cuando Cano se dio a la tarea de encontrar esa evidencia. Este hallazgo cambió la suerte de Pablo Escobar, pues hasta el momento, en su calidad de representante a la Cámara por Antioquia, posaba de intocable sin antecedentes judiciales. La reproducción facsimilar de la noticia de 1976 en agosto de 1983, también exacerbó la inquina del capo contra El Espectador.

Y fue en este momento cuando surgió el entonces juez décimo Superior de Medellín, Gustavo Zuluaga Serna. El ministro Lara Bonilla necesitaba tener un argumento para reclamar al Congreso que levantara la inmunidad parlamentaria de Escobar Gaviria. El juez Zuluaga se lo dio cuando decidió que si bien ya no era viable investigar a Escobar por el tráfico de cocaína de 1976, sí se podía hacer por el asesinato de los dos agentes del DAS que habían participado en el operativo. El Congreso le quitó la inmunidad a Escobar y éste entró en la clandestinidad.

El capo empezó su ciclo de violencia selectiva, pero siempre dejó una cuenta pendiente: el juez Zuluaga Serna. Entre tanto, el abogado fue creciendo en reconocimiento por sus investigaciones, al punto de que en abril de 1985, luego del asesinato del magistrado Álvaro Medina, fue escogido para reemplazarlo en la Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín. Desde este estrado judicial, Zuluaga Serna reanudó su ofensiva jurídica, no sólo contra Pablo Escobar Gaviria sino contra toda la organización del Cartel de Medellín que ya ensangrentaba a Colombia.

Entonces empezaron las presiones contra el magistrado Zuluaga Serna. Primero a través de amenazas y después con una acción directa contra su esposa. Un grupo de sicarios la retuvo por el sector de La Macarena en Medellín, la llevó hasta el sector de Las Palmas, la obligó a descender de su automotor, y frente a sus ojos los sicarios arrojaron el vehículo a un abismo, mientras uno de sus captores le advirtió con vehemencia: “la próxima vez no la dejaremos bajar del carro”. Una clara conminación a que su esposo cesara en sus investigaciones y acciones contra Escobar.

Pero Gustavo Zuluaga no se dejó intimidar. Persistió en su deber judicial y fue asesinado. El jueves 30 de octubre, como era su costumbre, su esposa Carmelita Valencia lo recogió al medio día en su oficina para almorzar en casa. Él tenía problemas de discapacidad y ella estaba embarazada. Partieron en la ruta acostumbrada y cuando el carro se desplazaba por la Avenida Bolivariana con calle 34, varios sujetos que se transportaban en un vehículo de color blanco, emparejaron al automotor en que viajaba el jurista y su esposa, y comenzaron a dispararles.

A sus 54 años de edad, después de una brillante carrera judicial desde que egresó de la facultad de derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana, el magistrado Gustavo Zuluaga Serna murió asesinado. Su esposa resultó herida pero sobrevivió al atentado. La Presidencia expidió un decreto de honores, el sepelio del jurista se convirtió en una jornada de protesta en el Tribunal de Medellín y en el cementerio Campos de Paz, pero la investigación judicial por su asesinato pronto cayó al olvido. El magistrado Gustavo Zuluaga Serna, natural de El Santuario, fue una víctima más de Escobar y sus sicarios.
 

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