El plan de paz de Pearl

Una exposición ante la Embajada de EE.UU. sobre eventuales diálogos con las Farc y el Eln.

A principios de 2010, cuando aún no se había resuelto el dilema del referendo reeleccionista para un eventual tercer mandato presidencial de Álvaro Uribe, el entonces comisionado de Paz, Frank Pearl, desayunó con el embajador de Estados Unidos en Colombia, William Brownfield, y el resultado de ese encuentro quedó resumido en un cable diplomático en el que el alto funcionario dejó un bosquejo de lo que calificó como las rutas de trabajo para buscar caminos de paz con las guerrillas de las Farc y el Eln.

Aunque de entrada el entonces comisionado Pearl reconoció que ya no había tiempo para consolidar un tratado de paz con alguno de los dos grupos guerrilleros en el gobierno Uribe, desde su llegada a la oficina de paz había enfocado sus esfuerzos en desarrollar confianza y comunicación con estas dos organizaciones, y que la idea era dejar unos borradores para el presidente que saliera elegido meses después. No obstante, Pearl aclaró que, en principio, las Farc se habían mostrado muy poco interesadas en el tema.

En su criterio, la apatía de las Farc era producto de que su máximo comandante, alias Alfonso Cano, apenas estaba consolidando su autoridad y probándose como comandante. Aun así, Pearl consideró que el relevo de tres jefes del secretariado de las Farc había permitido el ingreso de líderes conocedores del contexto internacional del conflicto, lo cual podría suscitar un ambiente más abierto a una solución. Claro está, recalcó Pearl que aún faltaban varios años para acceder a un diálogo de paz con perspectivas optimistas.

A corto plazo, el principal propósito era lograr la liberación de varios militares en poder de las Farc, para lo cual, en opinión de Pearl, era importante saber que esas acciones podían ser inminentes como se lo había comentado la entonces senadora Piedad Córdoba. Sin embargo, el embajador le recomendó insistir mejor en sus relaciones con la Iglesia católica y la Cruz Roja, antes que depender de los contactos de la senadora Córdoba o de la intervención del presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías.

En cuanto al Eln, calificó la situación como más comprensiva y reveló que sabía del interés del comando central por revivir algunos acercamientos. De paso recordó que en el pasado reciente, con la facilitación de Cuba, se habían logrado algunos avances. En tal sentido el alto funcionario manifestó que le habían ofrecido una o dos reuniones privadas al Eln para recobrar la confianza, pero que el tema estaba atado a una disyuntiva. Si los diálogos eran en Colombia, no era bueno para el Eln, y si eran en Venezuela, no era bueno para el Gobierno. La alternativa era Noruega.

De cualquier manera, Frank Pearl insistió al embajador que un eventual diálogo de paz con las Farc o el Eln pasaba por evaluar las cuatro exigencias mínimas de estas organizaciones: voluntad unánime hacia un eventual tratado de paz, inclusión de los militares en el proceso para que no torpedearan las negociaciones —como había sucedido en el pasado—, participación del sector privado, al que calificaban como el verdadero poder, y acompañamiento de la comunidad internacional.

El embajador Brownfield calificó como estructurada, lógica y argumentada la postura de Frank Pearl y de realista su plan de paz. Por eso consideró adecuado apoyar a Colombia en esta materia. Sin embargo, compartió con el entonces alto comisionado de Paz —hoy ministro de Medio Ambiente— que lo más importante era impedir que las Farc adquirieran misiles aire-tierra, porque definitivamente esa circunstancia podía cambiar el balance estratégico del conflicto armado.

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