Publicidad
Wikileaks 10 Abr 2011 - 6:16 am

Fricciones de la seguridad democrática

Las peleas de los generales

Tres momentos de confrontación en el interior de las Fuerzas Militares que quedaron retratados en tres cables liberados por Wikileaks. El general Suárez acusó a su homólogo Óscar González de bloquear investigaciones por falsos positivos.

Por: Elespectador.com
  • 169Compartido
    http://www.elespectador.com/noticias/wikileaks/peleas-de-los-generales-articulo-261904
    http://www.elespectador.com/noticias/wikileaks/peleas-de-los-generales-articulo-261904
  • 0
insertar

La seguridad democrática fue el esquema de gobierno del expresidente Álvaro Uribe que le reportó sus principales éxitos durante sus dos cuatrienios. Pero en el interior de este programa de fortalecimiento de las Fuerzas Armadas hubo fricciones y desconfianzas que muchas veces no conoció la opinión pública, pero sí supo la Embajada de Estados Unidos en Colombia. Para la muestra tres cables que en 2006 y 2009 dejaron ver cómo discrepaban en privado los jerarcas de la seguridad democrática, sobre todo por el tema de los falsos positivos.

El primer cable coincide con el comienzo del segundo período de gobierno Uribe y dejó escrito que el nuevo mando militar estaba compuesto por líderes con destinos muy prometedores, pero que sus relaciones habían empezado de manera agrietada. Con el nuevo ministro de Defensa Juan Manuel Santos a la cabeza, la cúpula quedó recompuesta por el general Freddy Padilla al frente de las Fuerzas Militares, el general Mario Montoya como comandante del Ejército y nuevos jefes en la Armada, la Fuerza Aérea y la Policía Nacional.

El reporte manifestó que el nombramiento de Juan Manuel Santos como ministro de Defensa podía mejorar las relaciones del Ejército con el Gobierno y la sociedad colombiana. Y agregó, en tono de análisis, que en su calidad de fundador del Partido de la U y primo del vicepresidente Francisco Santos, el nuevo ministro estaba bien conectado con Uribe. Además, añadió el cable, podía darle una mayor autonomía al Ministerio obviando la tendencia de Uribe de manejar a los comandantes de campo.

Asimismo, con base en sus fuentes, el cable diplomático precisó que al igual que Santos el nuevo comandante de las Fuerzas Armadas, el general Freddy Padilla de León, era un operador político cuyas operaciones se habían limitado a las brigadas de inteligencia y el campo de la ingeniería. El informe detalló que Padilla había cumplido más roles de oficial y por eso era visto como un político que podría enfocarse en estrategias de finanzas o reforma de doctrinas dejando por fuera las operaciones de campo.

Pero la Embajada manifestó que al parecer la fórmula no estaba funcionando y que, en una reunión reciente con el ministro Santos, la inexperiencia de Padilla en operaciones lo había llevado a hacer comentarios tontos, disminuyendo su credibilidad. Además, era clara la aversión que Santos sentía por el comandante del Ejército, general Mario Montoya, quien parecía estar usurpando la autoridad del general Padilla asumiendo la autoridad de los comandos conjuntos, algo que tampoco había podido hacer el general Carlos Alberto Ospina.

La descripción de la Embajada coincidía con lo que estaba pasando en las Fuerzas Militares. Padilla era reflexivo e intelectual y Montoya brusco y agresivo. Habilidades que, en criterio de la Embajada, podían ser complementarias, pues al tiempo que Padilla se enfocaba en la institucionalidad, Montoya lo hacía en el mando. Mientras Padilla quería llevar al Plan Patriota a objetivo de alto valor, Montoya deseaba ser más convencional en el combate. Los rumores eran que el compañerismo entre Padilla y Montoya podía durar poco.

Tres años después ya no estaba como ministro Santos, el general Padilla había logrado el éxito de la ‘Operación Jaque’ con su énfasis en la inteligencia, pero el escándalo de los falsos positivos minaba a las Fuerzas Militares. Por eso, en noviembre de 2009, la Embajada envió un cable para cuestionar el intento de traslado del inspector de las Fuerzas Militares a Chile. Y ese cambio significaba sacar del camino al general Carlos Suárez Bustamante, quien había liderado como inspector militar las investigaciones de los falsos positivos.

La Embajada calificó este intento como una forma de frustrar las reformas en derechos humanos en las Fuerzas Militares y por eso insistió ante el nuevo ministro Gabriel Silva para que no se diera. Finalmente, Silva dio la contraorden y ratificó a Suárez, pero quedó claro que quien quería hacer la vuelta era el nuevo comandante del Ejército, el general Óscar González, quien había reemplazado al general Mario Montoya. En posterior reunión, el propio general Suárez explicó al embajador cuál era el origen de su intento de traslado.

Lo detalló como la decisión del general Óscar González de paralizar 150 investigaciones por presuntas ejecuciones extrajudiciales y bloquear 30 retiros de las Fuerzas Militares de oficiales cuestionados. De hecho, Suárez mencionó a los generales Jorge Octavio Ardila y Javier Fernández Leal. Además, cuestionó los lentos avances de la justicia penal militar y la urgencia de descongelar varios casos de derechos humanos y de remover a algunos generales, si verdaderamente se quería promover un cambio institucional importante.

Un mes más tarde la crisis interna en las Fuerzas Militares crecía, las relaciones personales entre el ministro Silva y el general Padilla iban de mal en peor y la fuerza estaba partida por el escándalo de los falsos positivos, entre el mando del general Óscar González y las investigaciones del general Carlos Suárez. Pero completando el difícil ambiente, en diciembre de 2009 renunció el viceministro de Defensa, Sergio Jaramillo, argumentando su desacuerdo con el presidente Uribe y su idea de lanzarse a un tercer período presidencial.

Un cable diplomático, fechado en diciembre, recogió este momento con los comentarios del propio Jaramillo, a través de los cuales manifestó que, a pesar de sus pobres relaciones con el ministro Gabriel Silva, la verdadera razón de su dimisión eran las intenciones de Uribe de quedarse en el poder afectando las ganancias de la seguridad democrática. Según Jaramillo, esa decisión debilitaba las instituciones y había alejado al primer mandatario de enfrentar problemas serios, como la corrupción, dándole solidez a su política de mando.

Jaramillo ratificó en la Embajada que los rumores del estilo brusco de Silva en el Ministerio eran ciertos y que incluso en una oportunidad lo había insultado porque no le había dado una información oportunamente. El dimitente viceministro de Defensa agregó que Silva ignoraba muchos memorandos de información, no tenía relaciones con el general Padilla, no se había leído el Plan Nacional de Consolidación y era un ignorante de las operaciones militares. Era inteligente para derechos humanos, pero arrogante y mal informado.

Al margen del Ministerio, además de sus críticas a Silva, de quien dijo sólo el general Óscar Naranjo podía manejar, Jaramillo admitió el escaso progreso del Gobierno por el escándalo de los falsos positivos. Formuló comentarios sobre su seguridad, se mostró preocupado de que el procurador reviviera una investigación en su contra por la denuncia de un coronel que fue despedido por abusos en derechos humanos, pero se mostró confiado en que Juan Manuel Santos llegara a la Presidencia y demostrara que el país era más que un hombre.

La Embajada comentó que la renuncia de Jaramillo le quitaba al Gobierno a uno de sus mejores estrategas. Hoy Jaramillo es consejero de Seguridad del gobierno Santos. Su antagonista Silva, embajador en Washington. El general Padilla, en Viena. El general Montoya, en República Dominicana, y los generales González y Suárez en espera de un buen destino. El síndrome de los falsos positivos taladra la imagen del gobierno Uribe y el gobierno de Washington dice que mejora el panorama de los derechos humanos en Colombia.

El lastre de los falsos positivos

El cable diplomático de noviembre de 2009 refleja en toda su dimensión la crisis que se vivió en el interior de las Fuerzas Militares a raíz del escándalo de los falsos positivos. La solución del gobierno Uribe, en el clímax de la crisis, fue el relevo en la comandancia del Ejército, con la llegada al mando del general Óscar González.

Pero las investigaciones que en calidad de inspector de las Fuerzas Militares hizo el general Carlos Suárez, dejaron una honda división en el interior de las Fuerzas Militares. Eso explica por qué se intentó enviarlo como agregado militar a Chile y por qué el general Suárez reaccionó señalando al general González de frenar las investigaciones.

Hoy los falsos positivos siguen siendo un lastre de las Fuerzas Militares en su pasado reciente y terminaron por afectar las exitosas políticas de seguridad democrática. La justicia investiga muchos casos de presuntas ejecuciones extrajudiciales de campesinos o habitantes de zonas marginales que fueron presentados como muertos en combate.

inserte esta nota en su página
  • 0
  • 56
  • Enviar
  • Imprimir
Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Publicidad
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio