Las predicciones de Pardo

En 2010, a través de un cable diplomático, la Embajada de EE.UU. reportó lo que entonces pensaban los candidatos. El cable admitió la franqueza del candidato liberal. Sabía que iba a perder. El embajador lo consideró un buen ministro.

En enero de 2010 la lucha por la Presidencia estaba al rojo vivo. La Corte Constitucional no resolvía si el entonces presidente Uribe podía postularse para un tercer mandato y los demás candidatos trataban de captar electores. En este contexto, la Embajada de Estados Unidos en Colombia remitió un cable diplomático a Washington, en el que relató cómo los candidatos aportaron sus puntos de vista sobre la contienda electoral y aprovecharon para hacer campaña con el entonces embajador William Brownfield. El último fue el director del Partido liberal, Rafael Pardo.

El 15 de enero el embajador Brownfield ofreció un desayuno privado al candidato presidencial y director del Partido Liberal, Rafael Pardo. El aspirante fue a la invitación acompañado por el senador Juan Fernando Cristo. Este fue el último desayuno de una serie que hizo el embajador con los siete principales candidatos para reemplazar al presidente Uribe, en su orden: Juan Manuel Santos, Sergio Fajardo, Noemí Sanín, Gustavo Petro, Andrés Felipe Arias, Germán Vargas Lleras y Rafael Pardo.

Según el cable, estas reuniones estaban orientadas a sentar las bases de una colaboración continua con el próximo gobierno de Colombia. El encuentro con Pardo estuvo lleno de predicciones electorales. Primero, que la coalición del presidente Uribe mantendría sus mayorías en el Congreso. Después, que iban a fracasar los intentos de negociar un solo candidato para enfrentar a Uribe. Y, finalmente, que Juan Manuel Santos iba a obtener la mayoría de votos, pero no iba a ganar en primera vuelta.

El entonces candidato del Partido Liberal se quejó una y otra vez sobre la falta de garantías para los distintos candidatos diferentes a Uribe y, al tiempo que resaltó que las instituciones colombianas se habían debilitado con la reelección en 2006, advirtió que en caso de que pasara el referendo reeleccionista, esta situación iba a incrementarse. En tal sentido, agregó que en el caso de que Uribe pudiera ser candidato, no cabía duda de que iba a ganar en primera vuelta, pero en el caso de que no fuese así, iba a ganar su bendecido.

Pardo aprovechó el desayuno con el embajador para precisar que en el caso de que él fuese elegido, lo suyo sería mejorar las políticas agrícolas y nombrar a un enviado especial en cada región con el Gobierno central. Además de elogiar el Plan Colombia, se mostró partidario de mejorar la titulación de tierras y trabajar en favor de los cuatro millones de desplazados. En cuanto a la cooperación entre Colombia y Estados Unidos, se mostró partidario de que el Congreso aprobara un tratado sobre el tema.

El embajador, en su comentario sobre el encuentro con Rafael Pardo, lo calificó como muy franco, no sólo porque se mostraba resignado de que no iba a llegar a la Presidencia y que estaba más enfocado en ayudar a su partido para las elecciones al Congreso, sino también porque admitió su falta de confianza en la posibilidad de que el Partido Liberal le fuera mejor en las elecciones. En el cable quedó definido como un hombre experimentado que sería un gran ministro o asesor de campaña, con pasado de élite, pero con falta de carisma, que lo hacía un candidato débil a la Presidencia.

Con el correr de los días, los vaticinios de Pardo se cumplieron. El referendo reeleccionista no pasó, Santos, el bendecido, ganó la Presidencia, pero en segunda vuelta, y la unión se produjo a su alrededor. Además, sus políticas sobre tierras han cobrado forma en los programas que hoy adelanta el primer mandatario. En cuanto al comentario del entonces embajador Brownfield, sobre sus condiciones para ser ministro, ahora crecen los rumores de que no está muy lejos de que esta circunstancia se dé. Ya lo fue en el gobierno de César Gaviria al frente de la cartera de Defensa.