La suerte siempre le sonríe a Jorge Posada

Qué curioso es el destino. Jorge Posada, un exitoso pintor colombiano residente en Nueva York desde 27 años, da fe de ello.

Goza de reconocimiento internacional, ha ganado varios premios y está viviendo el sueño de muchos artistas que todos los días llegan a la llamada ‘Capital del Mundo’ con la esperanza de dedicarse al arte. Pero ese no era su plan original.

Posada salió de Colombia en 1984 rumbo a Nueva York, pensando que sería sólo una escala en su camino hacia París, la Ciudad Luz, guiado por ese deseo romántico de encontrar toda la inspiración necesaria en la capital francesa.

Sin embargo, la vida, que es tan caprichosa, le tenía su destino en la Gran Manzana. Nueva York se convirtió en su destino. El encanto de Manhattan lo conquistó, lo inspiró, y lo envolvió hasta el punto de no dejarlo ir. Fijó raíces entonces, con su esposa y su hijo de un año, y los ahorros suficientes para mantenerse durante un año. No tuvo que trabajar en algo diferente a su arte y al año de haber llegado ya estaba haciendo su primera exposición en solitario. En ese momento se unió a 45 artistas colombianos que vivían en Nueva York para hacer varias exposiciones itinerantes. Se presentaron en Bogotá y en Caracas. “De esos 45, sigo siendo amigo de 10. Los otros se devolvieron para Colombia o se fueron para Europa”, explica.

Desde entonces la creatividad no ha dejado de fluir y las exposiciones por todo el mundo no han cesado. Y aunque ha tenido épocas de vacas flacas en las que ha tenido que recurrir al diseño gráfico y a los murales por encargo para aumentar sus ingresos, nunca se vio obligado a dejar el arte para dedicarse a otros oficios. “He contado con suerte”, cuenta. “No tuve que recurrir a ninguno de esos trabajos, aunque a mis amigos sí les tocó. Tengo un amigo que es al mismo tiempo fotógrafo y taxista”.

También ha sido afortunado en el amor. Aunque su primer matrimonio fracasó cuando ya vivían en Nueva York, conoció a una belga que le devolvió la fe en el amor (un amor transatlántico) y las puertas para exponer en Europa. En su amplia carrera ha expuesto en Fukuoka (Japón), en Venezuela, República Dominicana, Estonia, y a lo largo y ancho de la geografía estadounidense.

Su prolífica carrera lo ha llevado a recibir varios premios y menciones honoríficas, como la mención honorífica en ‘Expresiones Hispanas’ en el Tour de arte hispánico de Denver en 1988, y la beca del Lower East Side Printshop, en 1993, entre otros.

Su relación con Colombia sigue siendo íntima, pues su familia vive en Medellín. “Paso un mes al año en Colombia, y todavía tengo galeristas que mueven allá mi obra”, afirma.

Su fama como pintor colombiano en Nueva York lo ha convertido también en una especie de guía para quienes llegan a la ‘capital del mundo’ con intenciones artísticas. “Hay pintores jóvenes, recién llegados, que me buscan para que les ayude un poco a abrirse camino. El mundo del arte es muy cerrado, entonces yo les digo con quién hablar, les doy información y contactos”.

Su obra

La suerte siempre le sonrió. Durante su juventud, en la Medellín de los años sesenta, siempre recibió el apoyo de su familia, quien vio en el joven Jorge el potencial de ser un gran pintor. Posada recibió una educación clásica en la Universidad de Antioquia, y por eso su fuerte está en el dibujo, en óleo y acrílico. Es el centro de su trabajo, y el lugar donde siempre regresa luego de hacer experimentos creativos. Sus pinturas y dibujos están dominados por la figura humana, especialmente por el torso, que para él simboliza la pérdida total de libertad. “Hago referencias a la situación colombiana, a las desapariciones y al éxodo que se vive de colombianos, pero no quiero ser panfletario”.

Actualmente su obra está en exposición en Rotterdam (Holanda), y prepara una serie en honor a las obras ‘La Ascensión de la Virgen’ y ‘El descenso de la Cruz’, de Reubens, que espera presentar en Bélgica, donde están las obras originales.

Posada demostró su talento cuando recibió el primer premio en el Salón Nacional de Jóvenes Artistas, en 1976. El premio le abrió la puerta una serie de exposiciones en su ciudad natal y en Bogotá. Las muestras fueron exitosas y Posada fue haciéndose a un nombre en la escena artística colombiana. El disfrute del éxito le duró poco. Rápidamente se aburrió de sus propias pinturas, de su entorno, de su taller, y empezó a pensar en la idea de comenzar el viaje migratorio que lo llevó a Nueva York. Y así nació un gran artista.

Por Gabriel Sáenz, de Conexión Colombia, para Soyperiodista.com

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