Publicidad

La vida cambia, la memoria no

Luis Fernando Montoya recuerda su hazaña con el Once Caldas cuando el 1° de julio de 2004 derrotó a Boca Juniors.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Olga Lucía Barona Torres
01 de julio de 2009 - 02:38 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Su memoria se mantiene intacta. Recuerda como si fuera ayer cada detalle de su máxima proeza como técnico, cuando el 1° de julio de 2004 se coronó con el Once Caldas campeón de la Copa Libertadores, derrotando en la final nada más ni nada menos que al encopetado Boca Juniors.

El ‘profe’ Luis Fernando Montoya se emociona como un niño cuando rememora aquellas épocas de éxito. Tras el trágico accidente que lo tiene inmovilizado desde diciembre de ese mismo año, el estratega antioqueño compartió con El Espectador la que él llama el fruto de un trabajo serio y con responsabilidad. Su voz se cansa por el esfuerzo que tiene que hacer para hablar, pero su alma sigue irradiando la misma sensatez de un hombre que sabe a la perfección de lo que está hablando.

¿Está feliz por el tercer título del Once?

Sí, claro. El domingo disfruté su triunfo y hasta me puso nervioso. La verdad, se lo merecía después de ese planteamiento tan efectivo que expuso en la cancha jugando de visitante.

Hace seis años usted también logró el título local y justamente le ganó la final al Júnior, ¿qué recuerda de esa estrella?

Fue una alegría grande, porque fue mi primer título y además, eso me dio el boleto del éxito para la Copa Libertadores.

En la Copa Libertadores, en la primera fase le correspondió jugar con Maracaibo, Vélez y Fénix y pasó de primero. ¿Qué fue lo mejor de esa serie?

Lo mejor, sin duda, fue que tácticamente el equipo se comportó excelente, manejó bien la pelota y sorprendió a todos clasificando a la siguiente ronda de primero del Grupo 2 con 13 puntos.

En octavos se enfrentó a Barcelona de Ecuador. Igualó 0-0 como visitante y empató 1-1, en casa. La suerte se jugó en los penaltis. ¿qué recuerda?

Esa ronda la vi complicada. Pensé que hasta ahí íbamos a llegar, porque el Barcelona nos estaba ganando 1-0 en Manizales. Pero gracias a Dios, a pocos minutos del final, llegó un bonito gol de Jorge Agudelo para ir al desempate y allí los jugadores se comportaron como los verdaderos profesionales que son.

En cuartos su rival fue Santos. Empató de visita y ganó en el Palogrande apenas 1-0, con tanto de Arnulfo Valentierra. ¿Una serie de infarto?

Sí, claro. Fue una definición inolvidable. Nuestra propuesta era que de visitante siempre pudiéramos empatar para luego viajar a Manizales, aprovechar la altura y poner el marcador a nuestro favor. De visita todo el tiempo estuvimos perdiendo 1-0 hasta que Valentierra aprovechó un mal rechazo del arquero y anotó desde 25 metros. En casa, también fue Valentierra nuestro héroe, al marcar de tiro libre.

En la semifinal otro brasileño, Sao Paulo. Nuevamente empate por fuera. El partido en casa estaba 1-1 y cuando parecía que se definiría otra vez por penaltis, un gol de Jorge Agudelo al último minuto, le dio el boleto a la final. ¿Funcionó la estrategia?

Esa fue una actuación extraordinaria. En Manizales yo vi la clasificación muy comprometida, enredada. Pero me la jugué con Jorge Agudelo y Javier Araújo, porque los brasileños ya tenían referenciado a Valentierra. Mandé a Araújo por el costado opuesto a Valentierra y en una jugada de ensueño le puso el pase gol a Agudelo, quien nos mandó a la final.


Sí, la final ante Boca...

Yo estaba tranquilo, porque de todas manera ya habíamos hecho mucho llegando hasta la final. No es que yo no quisiera ganármela. Yo no soy conformista, pero sabía que no la iba a tener fácil con un equipo de tanta historia como el Boca. Después de empatar en Buenos Aires y en Manizales, la suerte estaba echada en los penaltis. Cuando Valentierra cobró el primer penalti y lo botó, me preocupé, porque pensé que la confianza se iba a perder y que los que seguían en turno para patear iban a llegar mal mentalmente. Pero luego del cobro de Elkin Soto, que lo hizo con mucha propiedad, ahí me di cuenta de que el título ya era nuestro.

¿Qué les dijo a los futbolistas antes de definir el título?

Que tuvieran responsabilidad, concentración, personalidad y mucha madurez.

¿Había hecho alguna promesa?

No, simplemente estaba demasiado tranquilo. Siempre pensaba que lo que viniera era ganancia.

Desde un comienzo creyó que podía ser campeón o le llegó por sorpresa?

Pensamos que se podía ganar el título en el último partido contra Boca. Antes no, sinceramente.

¿Por qué después del título local y del de la Libertadores decide abandonar el Once Caldas?

Porque estaba en conversaciones para ir a dirigir al exterior. Además, ya se había cumplido un labor.  Ahora yo iba a buscar mi realidad.

¿Le cambió su vida ese título?

No, porque después vino mi accidente y se frenaron todos mis proyectos.

Hoy, cinco años después, ¿se lamenta no poder repetir esos días de gloria?

Sólo sé que sería bueno volver a sentir esa alegría tan grande.

Por Olga Lucía Barona Torres

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.