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Columnista invitado 22 Ene 2013 - 11:00 pm

Opinión

23 de enero, nada que celebrar

Columnista invitado

Cuando la oposición democrática anunció que celebraría los 55 años del 23 de enero de 1958 y el derrocamiento de la dictadura del general Pérez Jiménez, el oficialismo venezolano (del Gobierno y del partido) reaccionaron como si se tratara de un coto cerrado y de algo que les pertenecía.

Por: Columnista invitado
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No les pertenece el 23 de enero, pero alegan que “las calles sólo son del PSUV”. El 23 de enero no les pertenece porque fue una jornada de unidad de todos los partidos e ideologías y el chavismo lo utiliza como otro día de guerra. Así fue la respuesta, amenazante. La calle no se comparte.

Esta visión del 23 de enero convertida en otro elemento de enfrentamiento ha ido desdibujando lo que originalmente supuso como signo de unidad. La oposición democrática, sin gran espíritu de confrontación, buscó otras fórmulas. No habrá manifestación que corra el riesgo de ser atacada por los comandos entrenados y bien armados, sino asambleas pequeñas de ciudadanos para debatir la crisis profunda que, en materia institucional, atraviesa Venezuela.

Como de costumbre, y tal como lo hizo el 10 de enero, el oficialismo volverá a llenar las calles de Caracas con miles de gentes traídas de todo el país. Tienen en su poder todos los mecanismos gubernamentales, recursos financieros del Estado, empleados públicos que están obligados a vestirse de rojo, de modo que tomar las calles de Caracas es una operación automática. El Gobierno presiona un botón y las calles se llenan. Esto ha llevado a quitarle significación a las concentraciones masivas del chavismo. Y con Chávez ausente, terminan siendo sumamente aburridas. De modo que el 23 de enero probablemente pase sin gran significación y sin enfrentamientos.

En todo caso, el 23 no será irrelevante de ningún modo porque los problemas acechan al Gobierno, inmovilizado e incapacitado de tomar decisiones de fondo, en momentos en que la economía envía signos urgentes: la inflación, la escasez, la devaluación de la moneda, las importaciones desordenadas, la delincuencia desenfrenada, la desconfianza general. Frente a estas urgencias, la indecisión y la paralización del Gobierno, mientras el vicepresidente Nicolás Maduro le ofrece a Fedecámaras “dolores en vez de los dólares” que reclaman los sectores de la producción para poder mover sus industrias.

Tras este panorama de inmovilidad, no cesa la polémica sobre la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que inventó la tesis de la “continuidad administrativa” y decidió prorrogar el régimen que constitucionalmente caducaba el 10 de enero. Sin que se aventuren a confesarlo, el propio liderazgo chavista está consciente de que amigos internacionales no han dejado de observarlos. De ahí que todo lo resignen al retorno del presidente, algo que se comenta como una posibilidad, pero sin fecha a la vista. En suma, un 23 de enero que no tiene nada que celebrar, y un país más dividido que nunca.

 

*Simón AlbertoConsalvi

  • Simón AlbertoConsalvi | Elespectador.com

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