Por: Daniel García-Peña

9 de abril de verdad

Antier se cumplieron 69 años del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, fecha que fue declarada por la Ley 1448 de 2011 como el Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas. Este 9 de abril tiene un significado especial por ser el primero después del acuerdo entre el gobierno y las Farc para ponerle fin al conflicto cuyos orígenes se encuentran en esos años de La Violencia.

Por primera vez en la historia de Colombia, el acuerdo final firmado en el Teatro Colón contempla la verdad y el esclarecimiento histórico como fundamento de la reconciliación, a diferencia de los demás procesos de paz en el pasado que fueron basados en el perdón y olvido. De hecho, la semana pasada el presidente Juan Manuel Santos emitió el decreto que establece las bases jurídicas para la conformación de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, contemplada en el acuerdo.

Sin embargo, según relató La Silla Vacía, en la ceremonia correspondiente no estaba prevista en la programación inicial la participación de las víctimas del Estado, lo cual generó molestia entre muchos de los asistentes. El impase finalmente fue resuelto incluyendo a última hora a la hija de uno de los líderes asesinados de la Unión Patriótica. Ella, de manera muy lúcida, le recordó al presidente y a todos los asistentes el papel que han jugado, a lo largo del conflicto, el Estado y las élites. Este pequeño “lapsus” ilustra la narrativa predominante en el establecimiento de ver el conflicto como culpa exclusiva de las guerrillas.

Entender las raíces de un conflicto es fundamental para poderlo superar. Establecer y reconocer la responsabilidad del Estado y las élites en el origen y prolongación del conflicto armado es necesario para tomar los correctivos que garanticen la no repetición. Pese a los inmensos cambios sociales, demográficos y de toda índole que ha tenido nuestro país durante estas décadas, el sólo dato de que el actual presidente y el saliente vicepresidente sean sobrino-nieto y nieto, respectivamente, de expresidentes es una muestra bastante poderosa de cómo esa oligarquía que Gaitán denunciaba es la misma que ha gobernado todos estos años y sigue gobernando. Por ello, el presidente Santos está cumpliendo una misión verdaderamente histórica; como ningún otro, es el indicado para ponerle fin a un conflicto que iniciaron sus antepasados (y los míos y de muchos más).

Al esclarecer el pasado y establecer responsabilidades no se trata de abrir viejas heridas y revivir rencores. Siempre habrá, y tiene que haber, debate acerca de la interpretación de la historia. Pero para ello es primordial que se conozcan y reconozcan los hechos.

Es esencial darle al país herramientas para que le dé sentido a lo que parece no tener sentido. No puede ser que siga preponderando la noción de que los colombianos somos violentos por naturaleza, que unos le achacan a los españoles y otros a los indios. Por irracional y absurda que nos parezca nuestra violencia, es clave entender sus raíces y razones. Se requiere el esclarecimiento histórico de lo muchísimo que ha sucedido en estos 70 años de conflicto para incorporar estas décadas a nuestra historia común como nación.

danielgarciapena@hotmail.com

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