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María Elvira Bonilla 6 Ene 2013 - 11:00 pm

Adiós al maestro, al amigo

María Elvira Bonilla

Por: María Elvira Bonilla
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GUILLERMO HOYOS RECIBIÓ EL año encarando la muerte, dando la batalla final. Cara a cara con el cáncer, esa enfermedad traicionera e inexorable que lo venció a pesar de su extraordinaria entereza y capacidad de combate. Se fue en la madrugada del pasado sábado. Pienso en él y me atropellan los recuerdos marcados indeleblemente por su conciencia ética y social que nunca lo abandonó. Con su inteligencia intacta, ya con su fin próximo, nunca perdió su interés por la suerte del país, crítico de sus gobernantes, que consideraba que no estaban a la altura de sus responsabilidades.

Porque Guillermo Hoyos fue un filósofo a fondo, pero no del pensamiento abstracto sino ubicado, comprometido con el aquí y el ahora. Una actitud asumida desde cuando en su juventud, mientras completaba su formación como jesuita en Alemania, se encontró sumido en el vértigo de mayo de 1968, con la corriente de pensamiento de la “Teoría crítica de la sociedad” de Marcuse, Adorno, Horkheimer y luego su gran maestro inspirador Jurgen Habermas —de quien se volvería su máximo divulgador en Latinoamérica—, que sacudía las aulas universitarias y movilizó a muchos de los líderes estudiantiles que luego se tomarían las calles de París.

Guillo Hoyos, con su curiosidad y su lucidez, no podía ser inmune a ese pensamiento y regresó lleno de fuerza personal y, conmovido con la realidad del país, inició sus interminables batallas por la decencia, el respeto al otro, la inclusión, la civilidad. Pronto dejó la sotana y asumió su primera confrontación con el poder, el eclesiástico, en defensa de sus principios y de sus convicciones. Sus 50 años de consistencia lo convertirían en el gran pensador en el que se convirtió, el filósofo de la ética y del compromiso social, y ciudadano; la conciencia moral.

Ser filósofo comprometido con la realidad de su tiempo y su sociedad, sin la indiferencia disfrazada de “neutralidad”, común a tantos académicos, es un oficio excepcional que Guillo asumió a plenitud. El suyo fue el compromiso con el pensamiento libre y crítico para reflexionar sobre la existencia individual y su relación con la sociedad donde se vive. Combatía con obsesión las falencias de la educación en Colombia, que han impedido, entre otras, que se siembre la semilla de la tolerancia y los principios de justicia y equidad indispensables para construir ese país en el que, como soñaba Guillo, quepamos todos.

Quedan sus profundas reflexiones sobre la democracia, la cultura política y la necesidad de la paz y del perdón para alcanzarla. Fue este precisamente el tema del último texto que publicó hace apenas dos meses, titulado “El perdón es de lo imperdonable”, donde insiste en que el almendrón de la reconciliación para lograr la paz es la comunicación con el adversario, con el contrario, con el enemigo, y que la transformación depende de la posibilidad de perdonar aquello que en principio parecería imposible de perdonar.

Se nos fue Guillermo Hoyos con su lucidez, con su disposición para la crítica, para el libre examen y su capacidad para la renovación permanente de las ideas. Un gran ser humano que vivió convencido de que pensar, que fue siempre lo suyo, es un acto de responsabilidad pública y ciudadana frente a un país que poco piensa, poco escruta y poco critica.

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manamuisca

Sab, 01/12/2013 - 14:40
Gloria eterna al maestro , tu luz riegue la voluntad de poder de saber en la comunicación dialógica de la sociedad civil y de la libertad y autonomía ciudadana.
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Andinista

Lun, 01/07/2013 - 20:34
Que sonrisa socarrona la de esta señora Bonilla.
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Andinista

Lun, 01/07/2013 - 20:31
Poco aprendió del Maestro Hoyos y sus lecciones de tolerancia esta periodista que sacó a Daniel Pardo de Kyenyke por denunciar la alianza perversa y antidemocrática entre medios y multinacionales. Qué poco pudor tiene esta mujer cínica. Cómo puede mantener El Espectador en su nómina a esta oscurantista.
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Bun

Lun, 01/07/2013 - 17:50
María Elvira, Gracias por ocuparte con sensibilidad de la memoria de un hombre que enriqueció mi vida humana, ciudadana y profesional. Guillo acogió el proyecto Nuevas Voces Ciudadanas que gerencié con Angela María Robledo (DABS 2001-2003) bajo la lúdica pedagógica de María Victoria Estrada. Más de 500 mujeres de todas las Localidades (población vulnerable) de Bogotá asistían, por primera vez a una universidad para hacer un diplomado en ciudadanía (Alcaldía de Antanas Mockus). Un Hito en la formación política cuyo eje eran los niños y niñas, su identidad, mismicidad, diversidad, pluralidad, valores... Comparto mi inmenso pesar por la pérdida de este gran ciudadano, constructor de los acuerdos, de las normas, del hacer. Abierto, generoso, un hombre de paz, un Sentipensante. @Bunkerglo
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anaviky

Lun, 01/07/2013 - 08:11
Este sentido obituario que publica hoy la columnista es la prueba fehaciente de que se pueden escribir seis párrafos repitiendo dos ideas.
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Xembrador

Lun, 01/07/2013 - 17:17
Una despedida con menos de 6 párrafos no luce bien. No sea necia, Anaviky, riegue sus margaritas y los gladiolos.
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Alfredo O

Lun, 01/07/2013 - 07:47
Hay docentes comprometidos con la realidad, que la transforman, y otros que, al degradarla, realmente causan verguenza ajena. El "docente" que plagia en sus publicaciones, ¿educa o engaña?, ¿está comprometido con la educación o la estafa y asalta? ¿Existe el cartel de las publicaciones universitarias fraudulentas? En el portal www.plagiosos.org se denuncia el plagio múltiple en las obras "Agroecología" (Práger y otros, 2002) y "Agricultura y ambiente" (Práger y Escobar, 2003), financiados y publicados por la Univesidad Nacional de Colombia, Sede Palmira. ¿Son estos los únicos casos? ¿Son "casos aislados"? En toda profesión hay ejemplos honrosos, y otros que son su antítesis. La calidad docente, su honestidad intelectual, bien que merece un análisis a profundidad. Visite www.plagiosos.org
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maquiaverlo

Lun, 01/07/2013 - 07:19
Los verdaderos pensadores prefieren el anonimato aparente que dejarse seducir por la rimbombancia del poder y el supuesto "amor" por el servicio público. Seres ejemplares como Guillermo Hoyos no conocen el egoísmo.
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doloresthomas

Lun, 01/07/2013 - 02:18
Elegimos a los que no piensan, y entretanto los que lo hacen pasan desapercibidos.
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aloncor

Lun, 01/07/2013 - 00:33
Un ejemplo de compromiso patriótico como asunto de Humanidad. Bien por Guillermo Hoyos y bien por quienes ponderan y reconocen su obra. Ahora bien, el mejor homenaje que se le puede hacer es retomar su bandera y proseguir su obra trunca
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