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Aura Lucía Mera 17 Jun 2013 - 10:53 pm

'Aggiornamento'

Aura Lucía Mera

Curioso como ha pasado desapercibido el acto revolucionario más atrevido que ha realizado el papa Francisco, y que me imagino la Iglesia ha tratado de ignorarlo mientras no se le salga de control.

Por: Aura Lucía Mera

Llevamos dos mil años en que la imagen oficial del catolicismo ha sido la muerte de Jesús. Su cuerpo traspasado por clavos, su cabeza sangrante llena de espinas que se le hunden en el cerebro, su costado abierto exánime. El dolor, el sufrimiento es lo que nos ha “vendido” la Iglesia, mediante el imaginario popular. Pues bien, Francisco se cuelga solamente en su pecho la imagen de un Jesús sano. Un profeta sonriente. Nunca más un cadáver clavado en una cruz. Francisco opta por la vida y deja atrás la muerte. No existe casa, hospital, oficina burocrática, mesera, narco que no lleve una cruz.

Yo personalmente tengo varias. Las quiero. Jesús es mi personaje favorito. El verdadero revolucionario del amor. Mucho antes que los Marx y combos parecidos. Sin embargo, siempre me he preguntado por qué la Iglesia no tiene como imagen principal la resurrección, que es la base de sus principios religiosos...

A propósito y dándoles cuerda a mis pensadurías, como las llamaría Eduardo Caballero Calderón, creo que ya va siendo hora de que nos cuenten la verdad de María, quién le cortó el cordón umbilical, dónde hacía mercado, cuál era su comida favorita, qué la sacaba de casillas, cuánto ganaba José en su carpintería, por qué no conocemos ni una silla hecha por él, por dónde buscaba al niño que se le perdía a cada rato, cómo envejeció, cómo y dónde murió realmente.

Como mujer con la cual nos podamos identificar todas las mujeres que en el mundo hemos sido, no tenemos ni un punto de encuentro con ella. Sencillamente no podemos identificarnos. Como mujeres que hemos parido con dolor, que hemos tenido que lidiar con enfermedades de los hijos y propias, que vamos sintiendo el paso de los años, que envejecemos, que perdemos la cintura de avispa, que sufrimos muchas cáncer de seno. Simplemente, la figura “virginal” de esta mujer dista mucho de todas. La Pietà de Miguel Ángel la muestra como una adolescente cargando en su regazo un cadáver de treinta y tres años. Jamás en dos mil años de estatuas hemos visto una María entrada en años y carnes. Una María con pata de gallo. Una María enterrando a su marido. Una María conversando con amigas, escogiendo las verduras y las frutas. Una María riéndose o renegando...

Creo que así como Francisco nos está mostrando una imagen de Jesús más amable y vital, nos podría empezar a mostrar a una mujer de verdad. No una eterna Barbie, vestida de colores claros, con los ojos bajos, muda como Letizia de España, sin una arruga, sin sudar, sin vivir ni morir lista para la foto. Esta María sí sería como el resto de nosotras. Así la Iglesia dejaría tanto cuento chimbo y se acercaría, ella también, un poco más a la realidad. Sigo preguntándome quién le cortaría el cordón umbilical a María. ¿El buey? ¿La mula? ¿Los reyes ? ¿José? ¿Tenían tijeras?

Bien por Francisco. Inició, a lo mejor sin querer queriendo, una verdadera revolución.

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