Por: Juan Pablo Calvás

Agua nuestra de cada día

¿Es usted de los que cree que el agua estará ahí para siempre? Debo confesar con pudor y vergüenza que pertenezco a ese grupo. Tomo duchas que duran hasta 15 minutos y gasto mucha (muchísima) agua cuando lavo la loza de mi casa.

Por gente como yo, pero también por países como el nuestro, las Naciones Unidas ha declarado este año (que apenas estrenamos) como el “Año internacional de la cooperación en la esfera del agua.”

El nombre es bastante largo, tan largo que aburre, pero el mensaje es más importante y categórico de lo que uno se alcanza a imaginar. Ya no sólo es cuestión de pensar en cerrar la llave mientras nos enjabonamos o meterle unas botellas de gaseosa llenas de agua a los tanques del inodoro para ahorrar el preciado líquido, ahora es cuestión de analizar lo que los estados y el sector privado pueden hacer para proteger el agua que necesitamos día tras día.

Para conseguir ese propósito, podemos comenzar exigiendo verdaderos controles sobre explotaciones mineras como las que ya se adelantan en la parte baja del páramo de Santurbán, afectando zonas de evidente importancia hídrica y alterando el curso de los ríos que nacen más arriba. También es hora de que las autoridades locales, regionales y nacionales pongan atención a casos como el planteado por los habitantes de Castilla la Nueva (Meta) en donde las exploraciones petroleras se hacen exactamente junto al río Humadea, del cual se extrae el agua para el acueducto del municipio.

Un año como este debe servir para que el compromiso de llevar agua potable a todos los colombianos pase del papel a la realidad. ¿Cómo es posible que Yopal ya esté cumpliendo 2 años sin planta de tratamiento de agua? ¿Cómo es posible que los habitantes de Carmen de Bolívar sigan esperando que se concrete la promesa, que les hicieron hace 30 años, de construirles un acueducto?

Algo similar debe ocurrir con el manejo de las aguas residuales. El gobierno de la capital no puede seguir haciéndose el de la vista gorda ante su responsabilidad de tratar las aguas negras que lanza al río Bogotá. Lo mismo aplica para Cali con el río Cauca, Valledupar con el río Guatapurí o Cúcuta con el río Pamplonita. Los ríos no pueden seguir siendo colectores de las aguas residuales no tratadas de las ciudades por simple desdén de sus administraciones.

Sin embargo, para que estas exigencias tengan un piso jurídico, se hace necesario que el Estado revise el marco normativo sobre el agua. Aunque usted no lo crea, la ley vigente tiene más de 15 años, es por eso que en el texto se proyectan concepciones y necesidades ‘noventeras’ sobre el agua, es decir, antes de que el calentamiento global y sus consecuencias fueran de conocimiento general.

Es el momento de cambiar esa idea de que Colombia es una potencia hídrica. De tanto repetir ese cuento nos lo creímos y por eso no nos importa cuidar el agua. Ahora debemos tener presente que el agua no estará ahí para siempre. Debemos cambiar el chip y debemos aceptar el reto del 2013.

#PreguntaSuelta: ¿La revocatoria a Petro sí tendrá alcance real o es pura propaganda política para el representante Miguel Gómez?

juanpablocalvas@gmail.com

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