Publicidad
José Fernando Isaza 10 Jul 2013 - 11:00 pm

Ahorradores y Kahneman

José Fernando Isaza

El psicólogo D. Kahneman, premio Nobel de Economía, demuestra cómo el comportamiento de los consumidores, ahorradores e inversionistas no se ajusta a la lógica económica y muchas decisiones se toman con el corazón.

Por: José Fernando Isaza
  • 10Compartido
    http://www.elespectador.com/opinion/ahorradores-y-kahneman-columna-432943
    http://tinyurl.com/kcythq7
  • 0
insertar

Con la caída del precio de las acciones y de los títulos de renta fija muchos ahorradores van a “sufrir” más de lo necesario.

Kahneman muestra que si a un ahorrador se le valoriza su inversión en un 20%, pero luego se reduce en un 10%, le causa más “dolor” la reducción del 10% que la valorización del 20%.

Los accionistas originales de las acciones de Ecopetrol compraron a $1.350 y llegaron a $5.400; hoy rondan los $4.000. Algunos se lamentan de la reciente pérdida de valor, olvidando que han tenido una gran valorización, además de unos generosos dividendos; la desvalorización no debería afectarlos anímicamente, pero lo hace. Quienes sí tienen razón para darse golpes fueron los que compraron a $5.400, a pesar de toda la información que mostraba que estaba sobrevaluada y que la capitalización bursátil de Ecopetrol a ese precio era similar a la de Petrobrás. Adicionalmente, no se han producido hallazgos grandes de yacimientos.

Un consejo, más emotivo que financiero, a quienes compran emisiones primarias de acciones que tienen una posibilidad de valorizarse en el corto plazo y fluctuar luego, es que vendan una cantidad tal que el valor sea igual a la inversión inicial. En esta forma la parte restante es utilidad nominal y el nivel de “sufrimiento” se reduce. Se enfatiza en el valor nominal. Sólo los inversionistas con algún grado de sofisticación analizan la diferencia entre nominal y real.

En las épocas de altas tasas de interés y elevados niveles inflacionarios, no pocas viudas manejaban la herencia financiera con el siguiente criterio: “Me gasto los intereses, pero conservo el capital”; erosionaban el capital y en poco tiempo la renta era insuficiente.

Antes de la sofisticación financiera, los ahorradores particulares lo hacían en cuentas de ahorro o en certificados de depósito; unos pocos en bonos de duración superior a cinco años. Si invertían $100 y el interés del CDT era 15% anual, sabían que al finalizar el año tenían $115. Si compraban un bono a cinco años, al 15%, recibían $15 pesos anualmente y el valor del bono lo consideraba igual a $100, independientemente de que subiera o bajara la tasa de interés.

Hoy se ofrecen portafolios de renta variable, acciones, moneda extranjera, etc. El problema para buena parte de los ahorradores es que los títulos de renta fija no lo son. Si la tasa de interés baja, el valor del título se aumenta, ganando “satisfacción”; pero si la tasa de interés sube, como ha ocurrido recientemente, el valor del título de renta fija disminuye, causando molestia cuando recibe el reporte de su ahorro. En realidad, no debería “sufrir” en exceso pues la caída del precio se ve compensada con un mayor interés: el título se vende “a pérdida” y se compra otro que ofrece una mayor tasa de interés.

La reglamentación obliga a valorar los títulos de renta fija en forma tal que refleje el precio del mercado. Esto tiene sentido para las entidades del sector financiero. Es menos significativo para un ahorrador particular, que preferiría que su título que compró por $100 rinda el 7%, a que se desvalorice $5, así el interés suba.

  • José Fernando Isaza | Elespectador.com

inserte esta nota en su página
  • 0
  • 5
  • Enviar
  • Imprimir

Última hora

Lo más compartido

Publicidad
Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio