Por: Juan Manuel Ospina

¿Alcaldada o visión estratégica?

¿Estamos ante una típica alcaldada de Gustavo Petro o ante una decisión visionaria del futuro de Bogotá? El tema ni es semántico ni se reduce a un nuevo episodio del permanente forcejeo entre un Concejo desacreditado y cuestionado, que busca defender sus fueros e intereses políticos frente a una administración que se considera por encima de las normas, investida con una misión histórica/revolucionaria o providencial/mesiánica, que para el efecto es lo mismo.

Bogotá es el escenario donde se enfrentan  dos visiones del desarrollo urbano; la que lidera Germán Vargas, circunscrita  a  construir “casas” a ritmo electoral; los asuntos de calidad, entorno y hábitat/urbanismo los  reduce a nada. O la de Petro y su equipo, centrada  en desarrollos urbanísticos que enmarcarían  y de alguna manera le darían todo su sentido a la construcción de vivienda. Hay que decir, como sucede casi siempre con las iniciativas petristas, que esta visión urbana tiene antecedentes en lo hecho en  Bogotá a partir de la  Constitución del 91.

Enumeremos unos puntos centrales del polémico decreto del POT  con los cuales, al menos en principio, creo que es posible estar de acuerdo.

Parte de reconocer que el ordenamiento del territorio,  fundamento del proceso urbano,  es una decisión no solo técnica sino política, en la medida en que incide directamente en las relaciones sociales y en las posibilidades de reconocer  efectivamente  los derechos ciudadanos,  su materialización. Lo plantea como crucial  para superar segregaciones sociales,  facilitar la inclusión y generar equidad, que no necesariamente igualdad.

Para el POT,  la ciudad no puede mantener  un proceso de “frontera urbana abierta”, a semejanza de lo existente en el territorio rural;  debe por el contrario, aprovechar el espacio interno urbanizado gracias a  una estrategia de recuperación del centro ampliado  que priorice  inversiones para extender  y modernizar allí el acceso a servicios públicos de salud, educación, seguridad ciudadana y espacio público para los nuevos pobladores de un centro poblacionalmente densificado, convertido en espacio no solo para oficinas y comercio, sino para  viviendas en  construcciones de altura que optimicen el uso de un suelo urbanísticamente adecuado pero subutilizado a pesar de su creciente escasez,  a la par que permita recaudar nuevas contribuciones por  la proyección vertical de las nuevas construcciones, las cuales se destinarían a  cofinanciar  los proyectos de gestión urbana que requiere la recuperación del corazón de la ciudad.

Es un modelo de ciudad opuesto al imperante, que  abandona el centro y  prioriza los desarrollos suburbanos; es la vieja pretensión peñalosista de ampliar la ciudad hacia el Norte, sobre humedales y tierras con vocación agrícola. Petro propone un urbanismo que privilegia la cercanía, al permitir  la mezcla de usos del suelo y  romper el concepto homogenizante de “barrio residencial”, que tanto inquietó a algunos concejales y que le gusta a Enrique Peñalosa. Es, gran diferencia con lo anterior, una propuesta de renovación urbana con vivienda. 

Requiere  abrirle a ese nuevo  centro, espacios públicos y corredores de movilidad, especialmente pública, para adecuarlo a las exigencias de un hábitat moderno e incluyente y a  las demandas de una población significativamente ampliada. No es mejor por ser  menos costoso para la ciudad que la ampliación permanente del espacio urbanizado. Se escoge porque permite aprovechar el ya disponible, a la par que reducir la cantidad y duración de los desplazamientos diarios. La política de densificación acordada, atenúa y mitiga el impacto ambiental, en humedales y cerros, del inevitable crecimiento urbano, que no busca bloquear sino reorientar.

El POT conserva la acción adelantada por anteriores administraciones de llevar los servicios y las dotaciones a la periferia pobre, para formalizarla y generar condiciones crecientes de integración y equidad.

¿Hay alcaldada en la forma como Petro le dio vida a su visión de ciudad? La ley 810/2003 y el decreto 4002/2004 sobre los cuales sustenta jurídicamente su decisión, deben ser interpretados para establecer si la no aprobación del POT propuesto equivale o no, a negarlo. Los tribunales tienen la palabra. Pero de todos modos, Petro le abrió nuevos horizontes al desarrollo urbano en el país y eso de por sí es importante y merece una discusión, que el Concejo en su momento no le dio. 

 

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