Por: Marcos Peckel

Alemania contra Europa

Elocuentes las caricaturas en diversos diarios europeos: aparece la canciller alemana, Ángela Merkel, vestida con uniforme de las SS nazis, con un bigote a lo Hitler y un brazalete que reemplaza la esvástica con el símbolo del euro.

Desde que estalló la crisis europea hace un lustro, por excesos de deuda privada y pública, país tras país han requerido de algún tipo de rescate o ayuda financiera por parte de las autoridades monetarias europeas o del Fondo Monetario Internacional.

Rescates que por sus exigencias han dejado una senda de miseria en las calles, el desempleo por las nubes en países como España, Grecia y Portugal, profundos recortes fiscales que han reducido significativamente el estado de bienestar y un sentimiento generalizado de desesperanza ante una situación que no parece vislumbrar una pronta salida.

Y la resentida opinión pública en los países más golpeados por la crisis está encontrando en Alemania el culpable de todos los males y a Merkel como una política deshumanizada y sin escrúpulos, a la hora de imponer condiciones para salvar sistemas financieros manejados irresponsablemente por un puñado de funcionarios pero cuya carga tienen que sobrellevarla todos los ciudadanos.

Acusaciones subidas de tono de querer fundar el “Cuarto Reich”, de “intenciones hegemónicas”, de “nuevo imperio” y de “fascistas financieros”, aparecen en diarios y vallas a lo largo y ancho de la geografía europea. Quemas del tricolor alemán reciben a la Merkel en sus giras por el continente.

Los contribuyentes alemanes, por su lado, no entienden por qué tienen que rescatar a países donde la gente “no trabaja” o no son ”suficientemente productivos” o “gastan mucho más de lo que ganan” o como en el caso de Chipre, acusando a la isla de ser un paraíso de “lavadores y evasores rusos”. Es claro que la historia reciente tiene injerencia en este conflicto paneuropeo que pone a Alemania en una esquina contra casi todo el resto del continente en la otra. Después de todo, la crisis del euro no ha pasado por Alemania, el tercer exportador mundial; su tasa de desempleo se mantiene en un 7%, sus productos son sinónimos de la mejor calidad y un euro barato como consecuencia de la crisis beneficia su competitividad.

A pesar de la aparente alemanofobia, más de un millón de trabajadores del sur y el este de Europa, especialmente de España, emigraron a Alemania el año anterior por las oportunidades de empleo que ofrece su sólida economía.

¿Por qué no hubo crisis en Alemania? Una razón tiene que ver con la animadversión que los alemanes, personas e instituciones, le tienen a endeudarse, sumado a una cultura del ahorro, un gran pacto social entre trabajadores, empleadores y estado y un sentimiento de ser una gran nación, unida y capaz de todo, ante las más adversas circunstancias.

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