Por: Eduardo Sarmiento

La Alianza del Pacífico

En días pasados, Colombia, Chile Perú y México firmaron una alianza para fortalecer el libre comercio. La estrategia consiste en eliminar las restricciones comerciales entre los países y suscribir TLC con la mayoría de los países del mundo. De este modo, las economías quedarían totalmente abiertas al comercio internacional.

Las economías se especializarían en los bienes de ventaja comparativa, es decir que tienen menor diferencia de productividad con el resto del mundo, como los servicios y la minería, en tanto que adquirirían los otros bienes industriales y agrícolas en el exterior. Colombia perdería porque sus productos de ventaja comparativa tienen una menor demanda mundial. Así lo confirman los déficits comerciales del país con los tres aliados en conjunto y con el mundo. El ganador sería México que en la actualidad registra un superávit de US $ 5.500 millones con Colombia. De hecho, se acentuaría el estado actual de la economía colombiana en que la mayoría de los productos industriales y agrícolas se consiguen a menores precios en el exterior y opera con un déficit en cuenta corriente de 7% del PIB en términos reales. Se afianzaría la experiencia de los últimos veinte años. En este período la participación de la industria y la agricultura del producto bajo a la mitad y se acumularon los peores índices laborales de la región, en términos de ajuste salarial, desempleo e informalidad.

 

Muchas veces los TLC se justifican diciendo que la menor capacidad industrial del país se compensa por el mayor tamaño del agro. No se advierte que los países como Corea subsanan la falencia con importaciones de países, como Nueva Zelanda y Australia, que operan con productividades en los cereales y la ganadería varias veces mayores que la de Colombia. Es comprensible la desilusión de los dirigentes del sector que a diario advierten la escasa influencia de los TLC sobre las ventas externas.

La verdad es que la apertura, los TLC, el régimen cambiario flexible y ahora la Alianza del Pacífico están basados en la teoría de la ventaja comparativa que predice que los países están en capacidad de exportar indefinidamente los bienes que tienen esa propiedad y, en consecuencia, tienden a un equilibrio de la balanza de pagos. Esta proposición, que domina el pensamiento económico, ha resultado totalmente equivocada. Los superávits en cuenta corriente quedan en los países con perfiles de mayor productividad y demanda, como sucede con China, Alemania Japón y los Tigres Asiáticos. Los países con las características de Colombia se especializan en servicios y minería, adquieren la mayor parte de los bienes industriales y agrícolas en el exterior y registran déficits en cuenta corriente. En cierta forma, hacen las veces de los países periféricos de la zona euro.

 

Como se muestra en la evidencia de los últimos veinte años, el experimento es contrario al interés nacional. Lo que se gana con el abaratamiento de las importaciones se pierde con creces por la menor productividad de los servicios con respecto a la industria y la agricultura, la baja generación de empleo de la minería y la operación con desbalance externo.

 

Es hora que se entienda que el fundamentalismo de mercado es el principal obstáculo para la industria, la agricultura y el empleo formal. Los esfuerzos que se realicen para aumentar la productividad resultarán infructuosos mientras que los productos carezcan de demanda. Lo que se requiere es una nueva visión que le ponga coto al libre comercio, el libre cambio y la libre entrada de la inversión extranjera, a tiempo que avance en políticas industriales y agrícolas selectivas y adopte programas concretos para crear empleos y erradicar la informalidad.

 

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