Publicidad
Eduardo Barajas Sandoval 25 Feb 2013 - 11:00 pm

La amenaza de la ciber-inseguridad

Eduardo Barajas Sandoval

La tecnología contemporánea puede estar gestando formas de agresión hacia y entre los estados y las empresas, que alterarían severamente las relaciones internacionales y podrían amenazar la paz.

Por: Eduardo Barajas Sandoval
  • 9Compartido
    http://www.elespectador.com/opinion/amenaza-de-ciber-inseguridad-columna-406826
    http://tinyurl.com/apjfcmk
  • 0

Así como el desarrollo de la tecnología nuclear alimentó a lo largo de la Guerra Fría los temores de una confrontación capaz de destruir el mundo, la interferencia silenciosa en los sistemas ajenos, para obtener información, para destruir programas sensibles, o ejecutar actos de terrorismo, se cierne ahora como una fuente de conflictos para los cuales no se sabe si estemos preparados.

Los wikileaks de Julian Asagne, que pusieron al descubierto, entre otras cosas, infinidad de intimidades de lo que pensaban de verdad los funcionarios del servicio exterior de los Estados Unidos sobre los asuntos más delicados y las personas más importantes de muchos países del mundo, han sido apenas una de las muestras espectaculares de un fenómeno que tiene otras expresiones, todavía más preocupantes.

Las wiki - fugas de información al menos jugaban a favor de la transparencia, para que se conocieran verdades que de otra manera jamás habrían visto la luz, aunque estrictamente se trataba de una violación extendida de secretos, que a su vez en muchos casos eran violatorios de otros principios. Pero lo que se abre paso ahora es la expresión de un problema mucho más complejo, que afecta a gobiernos y empresas, con consecuencias impredecibles.

Hace pocos días la empresa Madiant, que se ocupa de problemas relacionados con el nuevo concepto de la “ciber-seguridad” comunicó que había descubierto que un grupo de hackers, nueva modalidad de una especie de delincuencia sin antecedentes, había atacado 141 empresas estadounidenses y de otros 15 países, desde sus cuarteles en el Pudong, en la ciudad de Shanghái. El complemento de la información resultaba aún más preocupante, porque atribuía las acciones de interferencia a un grupo llamado APT1, que sería la Unidad 61398 del Ejército Chino.

Como es natural, sea cual fuere la realidad, los chinos no han vacilado en negar los hechos, al tiempo que han subrayado cómo, en cualquier caso, ellos también han sido víctimas de las mismas prácticas, esta vez originadas en los Estados Unidos. Y ahí está justamente el detalle, porque la aparente evidencia de que los dos Estados más poderosos del mundo actual puedan ser a la vez víctimas y actores de prácticas de intromisión indebida, por los canales invisibles de las redes electrónicas, en los asuntos vitales de uno y otro, plantea un problema mayor, con ramificaciones en todas las direcciones imaginables.

Si bien el dominio de la tecnología nuclear implicaba en su momento, y aún ahora, el acopio de recursos de proporciones extraordinarias, la puesta en marcha de equipos capaces de depredar la privacidad de informaciones y transacciones que ahora se manejan por internet es relativamente fácil de realizar. El aparente anonimato que rodea la entrada y salida de las redes, la condición pública o privada de los hackers, y las dificultades, o al menos los dispendiosos procedimientos para encontrar los nidos de las acciones depredadoras, que pueden ser un sótano o un balcón, plantea un problema difícil de resolver.

La comunidad de naciones, ahora en competencia abierta con la comunidad de empresas que son en muchos casos más poderosas que aquellas, contó siempre con reglas, más o menos bien hechas y bien que mal en alguna forma observadas, para lidiar con los conflictos previsibles que las pudieran involucrar. Pero esa tradición no encuentra todavía equivalentes ante la nueva amenaza de la ciber-inseguridad. De manera que seguimos expuestos a la acción de agentes públicos o privados capaces no solo de quebrar una empresa sino de arruinar un país.

El efecto acumulativo de esta nueva forma de depredación del orden internacional se suma a factores anteriores que no han desaparecido. Esto obliga a pensar en la urgencia de tratar escuetamente el problema para que, en lugar de seguir jugando al ritmo de la Ley del Talión, se propicie la búsqueda de pactos que eviten una escalada mayor de estas actividades, que puede traer consecuencias gravísimas para todos.

Los países que dicen ser víctimas del problema tienen una responsabilidad particular en el manejo del problema, porque tal vez son al mismo tiempo los que mejores medios tienen para controlarlo. Por lo tanto son ellos mismos quienes deben hacer gala de buena voluntad y sentido histórico, para acertar en el diseño de regulaciones que tendrán éxito solamente si dicha voluntad existe, en favor de la humanidad. A ellos corresponde no solo desarrollar nuevas formas de espionaje sino más bien nuevas formas de diplomacia; mientras llega el derecho a hacer lo propio un poco más tarde, como es costumbre, para regular las cosas por un tiempo, mientras la creatividad del hombre, aplicada al bien o al mal, lo vuelve a desbordar.

  • 2
  • Enviar
  • Imprimir

Última hora

  • Todos quieren tener el 'look' de James Rodríguez
  • El reportero que no pudo contener el llanto mientras cubría ofensiva en Gaza
  • Francia dará residencia de cuatro años para atraer "talentos"

Lo más compartido

2
Opiniones

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Regístrese o ingrese aquí

Opciones de visualización de opiniones

Seleccione la forma que prefiera para mostrar las opiniones y haga clic en «Guardar» para activar los cambios.
Opinión por:

Ewar Gordillo

Mar, 02/26/2013 - 09:58
De todas maneras los hackers no pueden poner en orbita un satelite, solo lo haran los paises o una "empresa". En los satelites esta el poder.
Opinión por:

chococruz

Mar, 02/26/2013 - 07:12
No solo afecta a la seguridad, este nuevo estilo de vida esta afectando la salud fisica y mental del hombre, para bien?, para mal?, solo el tiempo lo dira.
Publicidad
Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio