Por: Beatriz Miranda

América Latina, una zona de paz

Contra viento y marea, pocos días antes de recibir el premio Nobel, el presidente Juan Manuel Santos logró refrendar en el Congreso el nuevo acuerdo con las Farc, después de la sorprendente victoria del No en el plebiscito realizado el 2 de octubre.

Durante la ceremonia en Oslo, Santos reiteró que “de Alaska a la Patagonia, América es una zona de paz”, y subrayó el compromiso de todos los países de la región con el proceso que puso fin al conflicto armado en Colombia. El mandatario, al agradecer al Comité Noruego del Nobel, afirmó que “en esta ocasión no sólo premiaron un esfuerzo por la paz, ustedes ayudaron a hacerla posible. El sol de la paz brilla por fin en el cielo de Colombia y que su luz ilumine al mundo entero”.

El Acuerdo de Paz dejará atrás una de las últimas guerras de guerrillas, la más antigua del continente y una de las que no fueron vencidas militarmente. Este hecho inusitado cierra el ciclo de la lucha armada en la región, abriendo la esperanza de una real zona de cooperación y de paz en América Latina y el Caribe.

Es importante recordar que en la Cumbre de la Celac realizada en Cuba en 2014, los países de América Latina y el Caribe proclamaron la región una zona de paz y ratificaron el compromiso de sus países con los principios de la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional, reafirmando que la “prosperidad y estabilidad de la región contribuyen a la paz y a la seguridad internacionales”.

En aquella ocasión también se destacó la importancia del Tratado de Tlatelolco para la proscripción de las armas nucleares en América Latina y el Caribe, “que estableció la primera zona libre de armas nucleares, en un área densamente poblada”.

En la lucha contra la insurgencia, el terrorismo y el crimen organizado, América Latina, desde el sur del río Bravo hasta la Patagonia, se convirtió en un verdadero campo de batalla y las bases militares de Estados Unidos se diseminaron por puntos estratégicos de la región. Con el acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las Farc se va uno de los últimos vestigios de la Guerra Fría.

Puede parecer utópico, pero qué bueno sería que todo este aparato militar instalado en la región fuera a partir de ahora utilizado para garantizar la paz y seguridad regional, lo que requeriría una nueva doctrina militar. Ojalá estas bases no sean instrumentos de intervención en una nueva lucha por los recursos estratégicos regionales.

La tarea más dura la tiene Colombia, que deberá emerger de sus propios escombros y disminuir la brecha entre los defensores del Sí, del No y la gran mayoría abstencionista en el difícil camino hacia la construcción de la paz.

* Profesora Universidad Externado de Colombia.

Buscar columnista